Desde hace muchos años nos hemos manifestado contra varias de las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU por el poder de veto de las 5 potencias que lo conservan y lo utilizan discrecionalmente, desde la creación del máximo organismo internacional (1945).
Todos recordamos lo que hicieron durante y después de la guerra contra el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, en el caso Malvinas.
Nada menos que el Reino Unido y Estados Unidos tienen poder de veto dentro del Consejo de Seguridad de la ONU y por eso ninguna de las acciones de los ingleses fueron condenadas y sí lo fueron con respecto a la actitud argentina, desde el primer instante en que se desembarcó en las islas.
Y así nos fue, una guerra injusta y un organismo que nos condenó sin considerar la actitud del ocupante de las islas desconociendo todas las resoluciones de las asambleas de la ONU, del derecho internacional y de los derechos humanos.
A cambio: pagar indemnizaciones y reparaciones de guerra, intervención inglesa del atlántico Sur e imposibilidad de obtener pertrechos para la defensa nacional, en especial aviones.
Actitud violenta de Argentina?
Actitud ya cansada de asistir a tantas convocatorias para tratar la “disputa de soberanía”, mientras no lo hacían los representantes ingleses.
Sin embargo, fuimos condenados!
Por eso no pretendo defender a la ONU pero si comprendo que es lo único que existe, hasta ahora, donde exponer los problemas de todos los países del mundo y, en algunos casos, obtener justas resoluciones.
Claro que hay que modificar la Carta de la ONU. Las resoluciones de las Asambleas deben ser cumplidas y, en cuanto al Consejo de Seguridad, deben eliminarse los vetos para que las disposiciones que se adopten sean más justas e igualitarias.
Pero, en el firmamento de las relaciones exteriores aparece un engendro denominado Junta de Paz, inventada por el insatisfecho Donald Trump que siempre pretende hacer negocios sobre la desgracia de los demás.
Trump, que se declara así mismo Presidente vitalicio con poder de veto, como tiene actualmente en el Consejo de Seguridad.
Junta de Paz que busca instaurar la paz en la franja de Gaza para reconstruir la ciudad y hacerse cargo de todos los negocios inmobiliarios y de sus recursos naturales.
En el trasfondo se sabe que, -al desvincularse de más de 600 organismos en los que EE.UU. ha invertido muchos millones de dólares-, pretende suplantar la ONU y establecer una rígida estructura donde se tratarán los temas que no interfieran con los objetivos de EE.UU.
Para ello, ha juntado una serie de países creados recientemente, algunos europeos y otros de América Latina.
Entre sus acólitos más fervientes, lo tenemos al topo que se va acomodando de acuerdo con los intereses norteamericanos, donde recibe algunas atenciones, compensando su ferviente adhesión al coro de aplaudidores de las locuras de Trump.
Pero el topo no solo aplaude. Entrega la base de Tierra del Fuego y el control del Atlántico Sur y de la Hidrovía, los recursos naturales que le exige el Tesoro de EE.UU. (tierras raras, aluminio, acero, uranio, petróleo, gas) o sea el N, el S, el O y el E de la Argentina a causa de la escandalosa deuda externa fabricada por los Macri y continuada por el actual Ministro de Economía, Luis Andrés Caputo.
Todo esto conspira contra el pueblo argentino, hundido en la miseria por los ajustes prometidos al FMI.
Hasta cuándo?
Este gobierno logró en parte contener la inflación a cambio de echar gente a la calle, recortar las jubilaciones, perjudicar a los discapacitados, despojar a la salud y a las universidades de su financiamiento. Pero no pudo ni quiso controlar el aumento contínuo de precios de los alimentos, bebidas, elementos de limpieza, medicamentos y de los servicios públicos.
Mientras el topo se siente mejor en el exterior, mucho más que en la Argentina, codeándose con grandes dirigentes de otros países y con el dueño del circo -Trump-, el pueblo sufre.
A el no le importa el dolor de nadie. No siente frío ni calor.
Se enerva si alguien pretende discutir su política de ajuste.
Para él y sólo para él, existen 12 millones de habitantes que sacó de la pobreza.
Inventa cifras, porcentajes, siempre tratando de justificar lo injustificable. Y el pez por su boca muere: recientemente ha dicho que se siente “orgulloso de ser el Presidente más sionista del mundo”. Qué dirá Netanyahu?
Qué ha querido decir con esto?
El judaísmo es una religión, que respetamos, mientras el sionismo es una ideología política que promueve una ampliación del Estado de Israel, porque va por más espacios y más recursos naturales. No puede ser Presidente de nuestro país. Está usurpando ese cargo.
El topo ahora pretende modificar la Constitución Nacional para aumentar el período de su mandato de 4 a 6 años y eliminar el Senado de la nación.
De cualquier forma deberá esperar que se reúnan los legisladores, aprueben la necesidad de la reforma y llamen a votar al pueblo para que se aprueben sus propuestas.
Podrá el pueblo perdonar todo el mal que ha hecho este sujeto a la Nación Argentina y a sus habitantes?
Hasta dónde llega la generosidad de los argentinos
Por Elena Marta Curone



