Después de Trump, ¿Qué hará Messi el 24 de marzo?

Madres de Plaza de Mayo
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El imperialismo está de moda. ¿Uno se pregunta si la tortura, la opresión o el genocidio son solo asuntos internos que nadie debe juzgar? ¿Cómo distinguir, entonces, entre diferencia cultural y barbarie? ¿Merece la pena sobrevivir a cualquier precio? Los gestos públicos importan, contagian. Existe un universo visual que inunda nuestras mentes y condiciona nuestra percepción de los hechos. Las puestas en escenas mediáticas definen más de lo que creemos nuestras realidades cotidianas.

Messi se convirtió ante Trump en objeto de una narrativa ajena, prefabricada. La sumisión fue tan innecesaria que se volvió perversa. Me pregunto si algo parecido nos ocurre a los ciudadanos cuando quienes deben nombrar la realidad entregan la autoridad sobre la verdad a los que buscan destruirla. Para una mayoría de personas un individuo notoriamente ignorante, mentiroso, arrogante, delincuente, presunto pedófilo, sin escrúpulos y millonario es un modelo a seguir. Alguien en quien confiar.

Lo que Messi descubrió en estos días es que si no haces política, te la hacen. Y si dejas que te la hagan, pasa lo que pasa: desfilas junto a Trump en una “performance” deliberadamente programada (donde te utilizan o te dejas utilizar), desplegando sonrisas amplias y jugosas mientras se hacen oficiales los próximos bombardeos indiscriminados. Una puesta en escena donde se encumbra a quien aplasta a los demás, a quien deshumaniza al otro y lo priva de su carácter humano. Tras siglos de hipocresía occidental, de colonialismo civilizador y guerras “humanitarias” que destruyeron países enteros, quizá sea ahora, en este desolador ocaso, cuando descubramos la importancia de la universalidad de los valores y los derechos.

Uno se pregunta qué hará Messi este 24 de marzo. ¿Dirá algo? ¿Dedicará una sonrisa cómplice, cómo a Trump, para las Madres y las Abuelas? No es una fecha cualquiera. Se cumplen cincuenta años de la masacre más infame de nuestro país. Un pasado fundido a negro, con demasiado dolor, demasiado odio, demasiado de todo. De días afilados, de sangre seca, de silencios duros, concretos, de funerales sin tumbas, sin nombres, sin ataúd. La dictadura arrasó toda humanidad posible, y ya no quedó poesía en pie, ni belleza, ni eternidad. Vidas quebradas que fueron la carne de la molienda, insertadas como cruces huecas en sepulcros vacíos, dejando la tierra arrasada, estéril, sembrada de sueños poblados de lobos. Todo sin pulso. Sin aliento.

Que bien se conserva el odio en nuestros días. Hay que dejar de ser presente para volver a ser futuro, acompañados de esos momentos irrepetibles donde nace la belleza de estar vivo, sin olvidar a los ausentes, indagando en los secretos del alma donde anidan los sentimientos anudados a lo largo de una vida entera.

Más allá de las sombras sólo queda el abismo. Ahí fuera, en la vida de todos los días, está la “Memoria” que supura. Cierra los ojos y la verás, Messi. Huele olorosa. Llena de vida. De vida honda.

En la semblanza de toda desilusión nos quedará siempre la esperanza de amasar un mundo nuevo, un mundo mejor, un espacio social de crecimiento íntimo y colectivo, un instrumento de diálogo, de consenso, de memoria y de mañana.

Por José Luis Lanao

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