La disparada del petróleo por la guerra en Irán pone más presión a los surtidores argentinos

Nafta
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La escalada bélica en Medio Oriente, tras los ataques contra Irán y la respuesta militar en la región, provocó un fuerte sacudón en los mercados energéticos globales. En pocos días, el precio internacional del petróleo volvió a dispararse y encendió alarmas en numerosos países importadores y consumidores de combustibles, entre ellos la Argentina, donde el valor de la nafta y el gasoil podría volver a quedar bajo presión.

El conflicto generó una reacción inmediata en los mercados financieros y energéticos. El barril de crudo Brent registró fuertes subas debido al temor a interrupciones en el suministro mundial, especialmente por la posibilidad de que se restrinja el tránsito marítimo en el estratégico Estrecho de Ormuz, un paso por el que circula cerca del 20% del petróleo que se comercia en el planeta.

Este escenario de incertidumbre llevó a los inversores a incorporar una “prima de riesgo geopolítico” en el precio del crudo, lo que impulsó la cotización del barril a niveles cercanos o superiores a los 80 dólares y con proyecciones que, según algunos analistas, podrían superar los 100 dólares si el conflicto se prolonga o se agrava.

Presión sobre los combustibles en Argentina

La suba del petróleo repercute directamente en el costo de los combustibles refinados. En países con mercados abiertos o parcialmente regulados, como Argentina, el precio internacional del crudo es uno de los factores centrales que determinan cuánto se paga finalmente en el surtidor.

En el corto plazo, las empresas refinadoras y las petroleras evalúan si trasladar o no ese aumento al precio final de la nafta y el gasoil. En la Argentina, el mercado está dominado por YPF, que concentra más de la mitad de las ventas de combustibles, por lo que cualquier decisión que tome la compañía suele marcar la tendencia para el resto del sector.

Por ahora, desde la petrolera estatal señalaron que buscan evitar movimientos bruscos en los precios mediante mecanismos de ajuste gradual. Según explicó su conducción, la estrategia apunta a amortiguar los efectos de la volatilidad internacional para evitar “cimbronazos” en los surtidores.

Sin embargo, economistas y especialistas del sector advierten que si el petróleo se mantiene alto durante varias semanas, el traslado a los combustibles será difícil de evitar. En ese escenario, el impacto podría sentirse no solo en el precio de la nafta sino también en los costos logísticos y en la inflación general de la economía.

El doble efecto para la economía argentina

Paradójicamente, el encarecimiento del petróleo tiene un efecto ambivalente para la Argentina. Por un lado, aumenta el costo de los combustibles que pagan consumidores y empresas. Pero, por otro, mejora los ingresos potenciales por exportaciones energéticas, especialmente por el crecimiento de la producción en Vaca Muerta.

De hecho, el país viene registrando un fuerte aumento en la extracción de petróleo en los últimos años, con niveles récord de producción impulsados por el desarrollo del shale oil en Neuquén. Esto permite que una parte del aumento del precio internacional se traduzca en mayores ingresos de divisas.

Algunos analistas estiman que por cada incremento de 10 dólares en el precio del barril, la balanza comercial energética argentina podría mejorar en aproximadamente 1.300 millones de dólares anuales.

Riesgo inflacionario y escenario incierto

A pesar de ese posible beneficio macroeconómico, el principal riesgo inmediato para la economía local sigue siendo inflacionario. El combustible es un insumo clave para el transporte, la producción y la logística, por lo que cualquier aumento en su precio tiende a trasladarse a la estructura de costos de múltiples sectores.

En un contexto de volatilidad internacional y tensiones geopolíticas que todavía no muestran señales claras de desescalada, el mercado energético global se mantiene en alerta. Si el conflicto se prolonga o afecta directamente la infraestructura petrolera de la región, los precios podrían continuar subiendo y provocar un nuevo shock inflacionario a escala global.

Para la Argentina, el desafío será equilibrar ese escenario externo con la estabilidad del mercado interno, evitando que el impacto de la crisis internacional termine golpeando con fuerza el bolsillo de los consumidores.

Fuente: El Destape

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