A casi cinco décadas del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, la Argentina sigue cargando con historias abiertas, heridas que aún esperan justicia y preguntas que todavía no tienen respuesta. Una de ellas es la de Efraín Daniel —o Daniel Efraín—, el nieto de la histórica referente de derechos humanos Sonia Torres, que aún no pudo recuperar su verdadera identidad.
El niño nació el 14 de junio de 1976 en la Maternidad Provincial de Córdoba. Hoy tendría 49 años.
Su madre, Silvina Parodi, tenía apenas 20 años cuando fue secuestrada junto a su compañero Daniel Orozco, de 22. Ambos fueron capturados el 26 de marzo de 1976, apenas dos días después del golpe militar que dio inicio a la última dictadura cívico-militar en Argentina.
Silvina estaba embarazada de seis meses.
Secuestro, tortura y desaparición
Tras el secuestro, la pareja fue trasladada al centro clandestino de detención La Perla, uno de los mayores campos de concentración que funcionaron durante el terrorismo de Estado en Córdoba.
Meses después, Silvina fue vista por última vez en la cárcel del Buen Pastor junto a su bebé recién nacido.
El niño fue robado.
Tanto Silvina como Daniel permanecen desaparecidos hasta hoy.
El testimonio que quedó grabado en la memoria
Uno de los relatos más estremecedores sobre aquel momento surgió durante los juicios por delitos de lesa humanidad.
La testigo Silvia Ester Acosta contó que llegó a la Maternidad Provincial el 12 de junio de 1976 porque estaba a punto de dar a luz. Allí vio a una mujer joven esposada a una camilla.
Era Silvina.
Según relató en el juicio, la joven estaba golpeada, quemada y en un estado físico extremo. Aun así, estaba a punto de convertirse en madre.
En un momento quedaron solas.
Se miraron.
Acosta recordó años después que Silvina tenía el pelo mal cortado y una mirada que jamás pudo olvidar.
Cuando le mostraron una fotografía durante el juicio, cubrió el rostro de la mujer en la imagen, dejando visibles únicamente los ojos.
Reconoció esos ojos inmediatamente.
Un nombre y una identidad pendiente
Silvina había decidido llamar a su hijo Efraín Daniel, aunque también aparece en algunos registros como Daniel Efraín.
Nació el lunes 14 de junio de 1976.
Su abuela, Sonia Torres, dedicó gran parte de su vida a buscarlo.
Como tantas otras familias de desaparecidos, su historia forma parte de una de las prácticas más crueles del terrorismo de Estado: la apropiación de bebés nacidos en cautiverio, entregados luego a familias vinculadas con las fuerzas represivas o a circuitos clandestinos de adopción.
Una historia que interpela al presente
A pocos días de un nuevo aniversario del golpe, historias como esta vuelven a recordarnos el sentido profundo de una consigna que atraviesa generaciones: Nunca Más.
Imaginar lo que significó aquella época no es sencillo. Secuestros nocturnos, centros clandestinos de detención, torturas, desapariciones y familias que pasaron décadas buscando a sus hijos y nietos.
Pero también es un ejercicio necesario para comprender la magnitud de lo ocurrido.
Hoy, casi medio siglo después, Efraín Daniel —o Daniel Efraín— podría vivir en cualquier lugar, sin saber que su historia comenzó en una maternidad custodiada por el terror.
Tiene 49 años.
Y todavía hay una familia que lo busca.
Por Jorge Vasalo



