Las bombas y los golpes no deciden por los pueblos

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El 19 de agosto de 1953, Estados Unidos y Gran Bretaña orquestaron un golpe de estado en Irán para derrocar al primer ministro Mohammad Mossadeqh, quien había impulsado la nacionalización por métodos democráticos de la industria petrolera en Irán, expulsando a la compañía británica Anglo-Persian Oil Company.

En principio Gran Bretaña había iniciado un boicot económico para desestabilizar a Mossadeqh, luego Churchill y Eisenhauer con el infaltable asesoramiento de la CIA dieron la bendición al golpe -primera acción encubierta de los Estados Unidos para derrocar a un gobierno extranjero en tiempos de paz- confiriéndole poder a Mohammad Reza Pahlavi, el último sah de Irán quien, a través del Acuerdo de Consorcio de 1954, trajo a las compañías petroleras extranjeras de vuelta a la industria del país.

Pahlavi, con el apoyo de Estados Unidos, mantendría durante 37 años un régimen tiránico y criminal hasta que debió huir del país luego de años de resistencia civil, manifestaciones y huelgas que dieron inicio a la gran Revolución Islámica liderada por el ayatolá Ruhollah Jomeini.

Revolución a la que intentan poner fin los bombardeos de Estados Unidos e Israel.

Esta es una breve síntesis histórica acaecida en la segunda mitad del siglo pasado en un país que hoy vuelve a ser atacado por la misma potencia mundial golpista con el objetivo central de volver a ejercer control del territorio iraní y de su principal recurso natural: el petroleo.

Cuando derrocaron a Mossadeqh, Argentina vivía su punto más encumbrado en la práctica de una verdadera democracia, pocos meses antes habían votado por primera vez las mujeres y Juan Perón había sido reelegido con más de un 60% de los votos.

Eramos un país que promovía la integración regional y que unos años antes había ratificado la neutralidad ante conflictos extranjeros, comunicando a las Naciones Unidas la negativa de la Argentina a participar en la guerra de Corea con el envío de tropas.

Aquel gobierno de Perón fue derrocado tiempo después, acontecimiento casualmente festejado por Estados Unidos y por Churchill.

70 años más tarde, el gobierno de Javier Milei abandona toda neutralidad apoyando el ataque conjunto de Estados Unidos e Israel y “La Oficina del Presidente celebra la operación conjunta que resultó en la eliminación de Ali Jamenei, líder supremo de la República Islámica de Irán, y una de las personas más malvadas, violentas y crueles que ha visto la historia de la humanidad”.

Recuerdo cuando en aquel año ’79 llegaban por estos pagos las noticias de que el pueblo de Irán torcía su destino en la historia recuperando la democracia y ese acontecimiento nutría nuestra fe de recuperarla con mayor resistencia en nuestra querida patria castigada por la dictadura y el genocidio.

Desde la sanción de la Constitución de 1979 en Irán rige un sistema republicano y democrático, en donde el pueblo a través de comicios libres elige al Presidente de la Nación cada cuatro años, el Líder Supremo es electo por una Asamblea de Expertos y entre otras funciones, refrenda las leyes que aprueba el Parlamento.

Debería considerar Milei que es al pueblo de Irán que le cabe el derecho de calificar la conducta del asesinado ayatolá Alí Jameneí, son ellos y ellas quienes deberían decidir en democracia el destino de sus gobernantes y no los extranjeros que bombardean sus territorios destruyendo escuelas y hospitales.

Debería además analizar lo que representa hacia adelante convertir a la Argentina en aliada de personajes “malvados, violentos y crueles” como Netanyahu y Trump.

La democracia no se sostiene con dinero del Tesoro de los Estados Unidos, eso apenas si contribuye a lograr un circunstancial triunfo electoral. La Democracia se consolida enarbolando grandes valores como son la defensa de la paz y la justicia social en contraposición a las guerras, los genocidios, el racismo y las desigualdades sociales.

Son los pueblos en libertad quienes deben elegir su propio destino y no las bombas y los personajes mesiánicos que las justifican.

Por Hector Amichetti

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