Correte Mayra!

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A ver, Mayra. Si de verdad querés a Cristina en libertad -como la queremos muchos acá- el camino no es la exigencia del testimonio permanente y obligado “Cristina libre” a todo aquel que hable en público, sino construir poder real para tener chances electorales.

Todos sabemos que el “Cristina libre” es la adecuación a la subordinación a su mando. Pero Kicillov ya se desafilió de esa obediencia hace rato, mucho antes de la infame condena, y eso, evidentemente, es imperdonable para la lógica del dedo y la custodia cerrada de la herencia.

Hoy, te guste o no, el dirigente con mayor proyección nacional hacia 2027 es Axel Kicillof. No porque lo diga nadie, sino porque gobierna la provincia más grande del país bajo asedio financiero, resiste el ajuste brutal de Milei, gestiona como mulo y conserva legitimidad electoral. Y encima, los banca estoicamente a ustedes que son un collar de rulemanes.

Entonces cabe hacerte una pregunta sencilla: ¿Qué suma el desgaste constante? ¿Qué aporta exigir declaraciones de lealtad mientras la provincia es atacada y desfinanciada? “Cristina libre” es una consigna legítima, pero no es -por sí sola- un programa capaz de ganar una elección nacional, todo lo contrario, es un slogan que resta. A muchos bonaerenses les debe importar un corno su libertad. Van por el barrio, la seguridad y un laburo.

Ojo, que si debilitan a uno de los cuadros con proyección competitiva, si siguen fragmentando al peronismo por roscas y disputas internas para no perder cajuelas y centralidad, si priorizan la presión sobre la estrategia conjunta, el resultado puede ser exactamente el contrario al que declaman. Porque sin triunfo político del peronismo en 2027, no hay correlación de fuerzas alguna que modifique nada de su situación judicial.

No vaya a ser que, en nombre de defenderla, terminen garantizando que Cristina siga presa durante toda la injusta e infame condena.

Corréte, Mayra, que estamos jugando.

Si esa estrategia de desgaste persiste, la responsabilidad política ya no puede atribuirse a terceros; recae inevitablemente en Cristina, que la habilita o la consiente. Somos todos testigos de esta lógica boicotera desde, por lo menos, la derrota nacional de 2015. No se qué habrá garantizado Pichetto. Pero si el resultado es la fragmentación y una nueva derrota, el costo histórico también llevará su firma.

Por Gustavo Terzaga

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