A propósito del paro del fútbol: ¿Cuándo vas a mover un dedo por los demás?

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Para la Universidad de Wisconsin, el hombre más “feliz” del mundo es un monje budista llamado Matthieu Ricard. Las imágenes por resonancia magnética asombraron a los neurólogos. Nunca antes habían tenido delante un cerebro como ese.

El sujeto exhibía un nivel de ondas gamma inédito en el lateral izquierdo de córtex prefrontal, la parte del cerebro asociada a la felicidad. Aun así, muchos contemplaron al señor Ricard bajo una lente diferente, como lo hizo el historiador Rutger Bregman en su libro Ambición moral: “Aquí tenemos a un tipo que ha pasado 60.000 horas -7.500 días, el equivalente a 30 años de trabajo ininterrumpido- meditando en su propia cabeza. Treinta años en los que hizo poco por los demás; treinta años en los que no movió un dedo por hacer del mundo un lugar mejor”.

¿Se puede ser feliz sin ayudar mínimamente a los demás? Se puede. Ampliando la distancia entre la realidad y la percepción autocomplaciente de esa ensoñación narcisista de un yo dominante e incontrolado, perfectamente funcional al sistema. Nuestro tiempo puede ser tan miserable que no logremos encontrar en la sociedad que nos rodea la naturaleza humana que necesitamos para resistir a las dos lacras de nuestra época: el exceso de miseria y la miseria del exceso. Hay gente que conoce desde pequeña las “virtudes” de permanecer al margen. No son conscientes de su marginalidad. No conocen otro interior que el propio, donde reina la indigencia emocional. Y desde esa pasividad inmoral se construye la calma cómplice de hoy.

Hay gente que nos da más ganas de fumar que otra. En el Gobierno abundan. Y abunda la soberbia, ese simulacro de fortaleza. Se viene un paro en el fútbol argentino. “Yo no hago la guerra, me la hacen”, dijo Manuel Azaña, frase que bien podría suscribir “Chiqui” Tapia, luego de que el juez Diego Amarante ratificara, para este jueves, la declaración indagatoria al presidente de AFA. Detrás de la medida se percibe el cansancio de los dirigentes por las sucesivas embestidas del Gobierno, encaminadas a la privatización del fútbol argentino. Refugiados en el abuso perpetrado por la cultura del “no te metas”, el silencio de los jugadores es atronador. Creen que el paro no va con ellos. Pero va. Claro que va. Va, si desean que los clubes donde se han formado, y de los que han recibido tanta protección y cuidado, sigan perteneciendo a la sociedad civil, al barrio, a sus asociados. Pero el “no te metas” goza de buena salud. No solo en el fútbol, también en el saqueo a la sanidad, a la educación, a las pensiones. Seguimos “muditos” de la mente. El conocerse pasa por entender que somos parte de algo mayor que nuestro pequeño mundo.

Por José Luis Lanaos, De repente, el planeta parece haberse vuelto más pequeño, con un tono más pálido. Este teatro de la vida donde los inocentes, los atomizados, los débiles, los que no encajan, los que sobran, padecen de inhumanas teorías económicas, donde la desigualdad obscena, sin domesticar, cala, se filtra, perfora.

Un nuevo futuro en la boca es lo que necesitamos, acompañados de ideas humildes, de patria común. La capacidad de coexistir necesita de una puerta abierta, de la posibilidad de llamar y que una mano cercana te abra, que te abrigue. Hoy más que nunca hace falta seguir, empujar, resistir ante un presente donde se debilitan las formas éticas de solidaridad y de ciudadanía. Solo contamos con la fuerza de lo colectivo. Con esa vida honda que se nutre de lo cercano, penetrando en las entretelas humanas con el deseo de averiguar, sentir y solidarizarse con el otro, sin rebabas, sin dobleces.

La felicidad del monje budista te la regalo. Periodista, exjugador de Vélez, clubes de España y campeón del Mundo en Japón 79.

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