Cucarachas, comida en mal estado, golpes, malos tratos y requisas vejatorias forman parte de la cotidianeidad de los pibes y pibas encerrados, a cuya voz accedió Página/12 a través de un informe de la CPM. La ley del Gobierno agravará el panorama.
No es cierto que los delitos cometidos por menores de 16 queden impunes: los pibes que delinquen están encerrados, tal como indican las cifras de la subsecretaría de Responsabilidad Penal Juvenil. Solo en la provincia de Buenos Aires hay 80 niños y adolescentes alojados en instituciones cerradas. Los juzgados, sobre todo luego del crimen de Kim Gómez, bailan al son del ritmo punitivista, que en 2025 aumentó de manera exponencial el número de pibes de 12, 13, 14 y 15 años privados de su libertad en centros de “menores”, llegando a 102, muy por arriba del promedio histórico de 30 o 40. Sin embargo, a pesar de la campaña oficialista falaz que invocó la impunidad de los crímenes cometidos por ellos, la ley que bajó la edad de punibilidad a 14 años resultó aprobada. Esa impunidad no es tal porque, sin importar la edad, los jueces y fiscales del fuero de Responsabilidad Penal Juvenil ya disponían del encierro con la ley anterior, en un sistema que carece de juicio y que tampoco tiene plazos.
En su rol de Mecanismo Local de Prevención de la Tortura, la Comisión Provincial por la Memoria (CPM) realiza un monitoreo permanente que consiste en visitas sorpresivas a las dependencias donde haya personas privadas de su libertad, y su método es la entrevista individual y confidencial con cada joven. Luego realiza acciones colectivas e individuales para denunciar las eventuales violaciones de derechos humanos, y solicita medidas que reviertan las condiciones adversas, y a veces muy graves, que encuentran en sus visitas. Según explicó a Página12 Sofía Porta, a cargo del Programa de Promoción y Protección de los Derechos de Niños, Niñas y Jóvenes de la CPM, el único sitio para los no punibles es el centro Gambier, en La Plata, porque tiene un plan pensado para esa etapa de la vida, pero su capacidad se encuentra superada por la demanda.
Este diario recogió algunos de los testimonios de los chicos y chicas privados de su libertad recogidos por el monitoreo de la CPM:
–S.E.A. tiene 13 años y está alojado en el Centro Cerrado Almafuerte. Lejos quedó el tiempo en que jugaba en el club Liniers como delantero. No recuerda sus datos judiciales pero sabe que le impusieron una medida de privación de libertad en un dispositivo cerrado por 180 días. Cree que al pasar los primeros tres meses capaz lo revisan. Sobre su detención explica que le dispararon pero logró esconderse en la villa en Ciudad Evita, dice que todavía tiene la bala en la pierna y le duele. Ahí solo le dan Ibuprofeno. S. le pidió a la CPM que solicite más horas de salida al patio, porque pasa demasiado tiempo encerrado. Su mamá está presa en una unidad en San Martín. Tiene un hermano de 22, una de 21 y de 16, además de los 3 más chicos que viven con su abuela.
–Doce días después de su ingreso al Centro de Recepción de La Plata, T.D.S., de 13 años, dice que pasó 120 horas aislado en una celda, sin visitas ni llamados, y sin talleres ni recreación. “Estamos todo el día encerrados, eso me hace doler la cabeza”, dice T. Las camas tienen un colchón muy fino y húmedo, un cubrecama, una sábana que no alcanza a cubrir ni lo largo ni ancho de su cuerpo, y una manta, que también usa como almohada porque no les daban una. “Te duelen todos los huesos”, agrega. Además, difícil es dormir con la compañía de las cucarachas que hay en la celda. El director les explicó que para dirigirse a quienes trabajan ahí debe decir “maestro”, pero omitió todo lo referido a sus derechos. T. debe vestir una remera, un short y unas ojotas que le da la institución. Su ropa se la devuelven solo los sábados. El aislamiento aparece como un régimen de vida y como castigo. Tienen 10 minutos al día para hacer una llamada, que los “maestros” pueden escuchar.
— El 13 de junio de 2024, T.A.F. refirió haber sido golpeado por los policías que lo trasladaron. “Frenaron el patrullero en la ruta, me hicieron bajar y ahí me pegaron, quiero denunciarlos, les vi las caras y puedo identificarlos”, dijo el adolescente de 14 años en una de las entrevistas que la CPM hizo en el Gambier. También dijo que cuando lo llamaron del juzgado le preguntaron quiénes de su barrio estaban robando. “Yo eso no lo respondo”, aclaró.
— El 1 de octubre de 2025 K.A.G, de 14 años alojado en el Centro Socioeducativo de Privación de la Libertad Ambulatoria (CSPLA) Eva Perón 1, cuenta que toma paroxetina porque ha tenido tentativas de suicidio. K. fue aprehendido junto con su hermana Magalí Marilyn Bustos, que tiene ahora 18 años y está privada de libertad en el Centro de Merlo. Esto sucedió el 26 de diciembre del año pasado. Sabe que a su hermana le pegaron pidiéndole que dijera que ellos mataron a alguien para robarle, pero aseguró que eso fue mentira, que todo pasó por otro motivo. En realidad su hermana fue a pedir trabajo y la persona a la que le pidió trabajo quiso abusar de ella. K. escuchó los gritos e ingresó al lugar para defenderla y mató a esa persona. En el marco de la defensa, K relató es que su hermana se hizo cargo de todo y firmó un juicio abreviado para poder hacer que K. saliera en libertad. Sin embargo, eso no pasó. La comisaría donde los agredieron y donde los detuvieron es la primera de Merlo. A K. lo visita su abuela, que tiene 53 años y debe realizar un viaje de 7 horas. También contó que los jefes de guardia les hacen hacer tareas de mantenimiento como arreglar celdas, pintar o cortar el pasto a cambio de cigarrillos, y que la comida a veces llega en mal estado.
También el 1 de octubre, en el mismo centro, E.M.D., de 14 años dice que tiene prohibido ir al baño luego de la medianoche, lo cual genera muchos problemas. Cuando expresó la intención de “hacer un informe” los asistentes de minoridad lo empujaron y lo levantaron agarrándolo del cuello. “Se aprovecharon que soy chiquito”, dice E., y muestra una herida de bala en su cadera por el disparo de un policía de civil en Villa Luzuriaga. Cuando recibe la visita de sus familiares, E. se acerca a mirar por la ventana y pide al equipo de conducción poder realizar videollamadas, para reducir el gasto que implican los viajes. “Ahora me estoy portando bien, me gusta el taller de herrería, los talleres me van a ayudar a salir más rápido, me hacen cambiar”, dice. Y resalta el acompañamiento de Guillermo, del programa Envión. “Me manda mensajes todos los días, cómo amaneciste, estoy yendo al juzgado por tu causa”.
– El 7 de octubre de 2025, en el Centro de Recepción de La Plata, J.A.B., de 14 años, cuenta que cuando llegó pasó tres días en el buzón (celda de aislamiento). “Amigo, ¿tenés algo de comer?“, le pidió a uno de los maestros de la institución. ”no somos tus amigos, vos estás preso”, fue la respuesta. Menciona que los maestros de la noche consumen, “se escucha cómo aspiran”, lo que produce que ejerzan malos tratos hacia ellos.
– El mismo día en el CSPLA Eva Perón 2, se realizó una entrevista colectiva tras un motín. Los jóvenes más grandes expresaron que “el director le pegó a I.V.A. ”Ricardo me pegó un palazo y me pisaba la espalda cuando estaba en el piso, también me quería pisar la cabeza. Otro maestro que se llama Sebastián también me pegó. Me putearon y me sacaron las zapatillas”. Los jóvenes manifestaron que en todo momento eran “verdugueados”, es decir, recibían violencia verbal y humillaciones de todo tipo: “después me vas a llorar y vas a pedir mimos”, “cerra el orto y hace lo que te decimos”, “el chorro está en la calle y vos sos un gil”, les dijeron. También hubo amenazas con traslados: “En (la cárcel de) Batán te están esperando, vamos a ver si te gusta hacer quilombo ahí”. Luego del conflicto permanecieron en el patio por un tiempo tirados en el piso: “Teníamos mucho frio porque algunos bajamos solo en remera. Nos hicieron poner a todos en el paredón del patio y nos hacían pasar de a dos; te requisaban, te hacían desnudar y hacer sentadillas”. Les robaron parte de su ropa y calzado y les quitaron los cepillos de dientes, además de cortar toda comunicación con sus familiares y defensores. Incluso les indicaron que abrieran las galerías de fotos de sus celulares para constatar si habían tomado imágenes o filmado lo ocurrido, y expresaron que, en caso de negarse los amenazaban con trasladarlos.
– J.O., de 15 años, está en el centro Gambier y cuenta que se entregó porque sino le iba a “saltar la carta blanca”. ¿Qué quiso decir?, le preguntaron. “Es cuando la policía tiene permitido tirarte”, contestó.
– C.A.O.R. tiene 14 años, está en el Gambier y denuncia hechos de violencia policial desde que tiene 11. Cuando lo detuvieron se tiró al piso y empezaron a pegarle cachetadas y patearlo, le sacaron el celular, le tomaron una foto tirado en el piso y esposado, y se la enviaron a su novia que lo estaba llamando por teléfono en ese momento. Los efectivos le dejaron de pegar cuando notaron que había cámaras de seguridad. Quienes le pegan con la mano abierta en la cara y una patada en las costillas son dos agentes de la patrulla motorizada que no puede reconocer porque llevaban puestos cascos. Ya en la comisaría, el comisario “Farfán” lo golpeó estando esposado, lo insultó y le dejó varios moretones. C. cree que lo tenían marcado porque el día que lo agarraron, el comisario lo atropelló con la moto, le pisó las piernas. Dice que es el mismo que hace tres años mató de un disparo a su amigo, Mauro Paz, de 20 años. C. tiene un proyectil alojado en la zona del codo derecho, y los enfermeros del Predio Nueva Esperanza le dijeron que no era necesario operarlo. Pero él siente dolor los días de humedad, y cuando está mucho tiempo al sol le empieza a arder.
– A I.N.A., de 13 años, alojado en el Centro Malvinas Argentina le preguntaron cómo se imagina su vida luego del encierro. “Voy a ir a la escuela de vuelta, al centro de rehabilitación, donde hay talleres”, dijo. Por su edad “estaría bueno no tener que trabajar y poder estudiar”. A. habilitó el diálogo sobre la situación socioeconómica de su familia, y aquello que necesitaría tener garantizado para no volver a delinquir.
En definitiva, estas entrevistas permiten afirmar que los centros de menores tienen las mismas prácticas que las cárceles de adultos, incluso con similar jerga como el “engome”, que es el aislamiento en una celda. En las requisas los desnudan y deben hacer sentadillas. A los familiares que los visitan también los hacen desnudarse. La habitación de la joven P.P. que comparte con N., tiene algunos focos de humedad, no cuenta con calefacción interior, tampoco tiene ventanas. Hay un ventilador sobre la puerta que la joven dice que no anda. La luz artificial, es muy tenue, el contacto con el exterior es casi nulo. Algunos siguen concurriendo a la escuela, pero si el caso es muy mediático desde los juzgados les piden que no vayan. No quieren más problemas.
Fuente: Pagina 12



