Pauny es un ejemplo de la situación. Está pasado de ser el fabricante líder en tractores nacional a mendigar entre las importaciones de partes de la India, la concentración e integración de empresas extranjeras, y el ingreso al país de maquinaria usada. Tal es así que su expectativa de continuidad está puesta en una feria.
La conmoción causada por el cierre de Fate hizo que ciertos sectores de la sociedad pusieran la vista en el desmoronamiento del complejo industrial nacional tradicional. Otra de esas empresas históricas es la fábrica de tractores y maquinaria Pauny, una cooperativa formada por trabajadores en 2001, como forma de recuperar y reactivar lo que había sido hasta unos pocos meses antes la empresa Zanello.
Desde entonces, Pauny fue renaciendo y logrando in volumen de producción que la erigió como la empresa líder del rubro a nivel nacional. En algunos segmentos, superó lo logrado por los antiguos propietarios durante casi 50 años. Pauny también produjo maquinaria vial (motoniveladoras, palas cargadoras), excavadoras, retroexcavadoras, minicargadores y equipos agrícolas.
Sin embargo, la fábrica ubicada en la localidad de Las Varillas -provincia de Córdoba-, está siendo víctima de lo mismo que aqueja a la mayor parte de la industria nacional: caída de actividad, pérdida de mercado interno, imposibilidad de competir con la importación, dificultades en la ejecución de los contratos y cadenas de pagos. Es decir, Pauny padece lo mismo que el reto del complejo metalmecánico vinculado a la fabricación de maquinaria agrícola.
La empresa posee en este momento 500 trabajadores directos y se estiman otros 800 entre proveedores y reflejo social de actividad. Desde fines de 2025 la fábrica comenzó a implementar suspensiones y reducción de jornadas. En lo que va de 2026, la expectativa está puesta en lo que puede derivar la demanda que provoca la cosecha gruesa (marzo, abril y mayo), como espaldarazo de cara a lo que resta del año.
De hecho, y aunque parezca mentira, buena parte de esa expectativa está puesta en lo que pueda generar en la muestra agropecuaria de ExpoAgro de próximo inicio. Dicho evento es el punto de referencia anual para la cadena agrícola y sus ramificaciones. Las ventas y contratos que puedan generarse en el marco de la Feria, es lo que determina buena parte de la actividad anual de las empresas fabricantes de maquinaria agrícola.
Pero en el marco de dicha feria tan importante para la agro industria, se dará una paradoja un tanto perversa. Uno de los problemas que identifica Pauny y otras firmas de partes o maquinaria agrícola -varias ya fundidas-, es la creciente competencia de maquinaria importada, o bien del ensamble de partes importadas a costos incluso por debajo de los puntos de equilibrio del complejo fabril nacional, como sucede con lo proveniente de India. Otro factor, es la habilitación de la importación de maquinaria -o partes- usadas.
El sector reclama políticas específicas de financiamiento e incentivos para sostener la competitividad, pero interiormente saben que el panorama es difícil. De hecho, recientemente, una serie de licitaciones públicas de maquinaria agrícola y vial impulsada por la provincia de córdoba fue otorgada a un oferente de maquinaria importada.
Para completar el escenario, una serie de firmas extranjeras están ganando cuotas de mercado cada vez más grandes en la medida que la industria nacional va desapareciendo. Es más, empresas que hasta años atrás sólo se abocaban a máquinas de mediano a gran porte, ahora están abarcando las de pequeña escala, fabricando tractores chicos o los denominados “minitractores”, que prácticamente son una carretilla con motor.
Una de estas empresas es la estadounidense John Deere. Posee plantas en Argentina y en Brasil. Algunas cosas las produce acá, otras en el país vecino, al tiempo que importa partes y componentes provenientes de otros continentes. En nuestro país, la firma ensambla, integra y posee una amplia red de servicios de posventa; conexión operativa satelital las 24 horas; etc, etc. Además, se concentra estratégicamente con otras firmas que fabricaban máquinas, partes y herramientas complementarias. Por ejemplo, la firma de pulverizadoras PLA.
Esto que tiene armado la empresa estadounidense en nuestro país, es compartido con otras firmas extranjeras, como los importadores de usados o los que traen partes de India. Y todas ellas también estarán en la feria mencionada compitiendo con Pauny y con las demás firmas de integración nacional.
Así, lo que atraviesa Pauny es el escalón anterior a lo vivido por Fate. Hay diferencias, claro está. La fabricante de neumáticos forma parte de un grupo empresario con espalda suficiente para aguantar cualquier crisis de rentabilidad o incluso de producción por debajo de los puntos de equilibrio.
Lo de la fábrica de tractores es diferente porque es una PyME. Una de las famosas medianas empresas tan ponderadas por todo el mundo, pero jamás defendidas desde la política industrial.
Una mediana empresa nacional no puede competir en igualdad de condiciones con las mega firmas extranjeras o la importación de partos y usados. No tiene espalda financiera para poder hacerlo. Por eso las políticas actuales son aniquiladoras de este tipo de empresas.
Tampoco era propicio lo que proponía el gobierno anterior: que exporten. Una mediana empresa nacional no tiene escala para poder competir en los mercados externos. No puede garantizar precio, cantidad o tiempo. Más todavía cuando el país no puede garantizarle de fletes ni seguros propios. Los contratos de entrega -por lo tanto- se cumplen cuando a las navieras y operadores de comercio se les ocurra-.
Lo que si pueden garantizar – y lo hacen-, es calidad. Pero esa calidad y cercanía requiere de protección. Porque jerarquiza el clima industrial pero fundamentalmente genera trabajo y desarrollo.
Esperemos que Pauny zafe; que venda máquinas en la feria y pueda seguir aguantando.
Por Pablo Casals



