Solidaridad o geopolítica: una carta desde Cuba denuncia “un crimen silencioso” y crece una campaña internacional para ayudar a la isla

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Una carta anónima que circula en redes reaviva el debate global sobre el impacto del embargo de Estados Unidos contra Cuba. entre denuncias estremecedoras y una campaña concreta de recolección de medicamentos en argentina, vuelve a escena una pregunta incómoda: ¿crisis interna, bloqueo externo o ambas cosas a la vez?

En medio de una situación económica y sanitaria cada vez más tensa, una carta abierta atribuida a “una cubana de a pie” comenzó a viralizarse con fuerza en redes sociales y espacios militantes de América Latina. El texto, cargado de dramatismo y denuncias directas, describe un escenario de escasez extrema de medicamentos, alimentos y combustible, y responsabiliza de manera central al embargo económico impuesto por Estados Unidos desde hace más de seis décadas.

La carta no lleva firma verificable ni identificación oficial, pero su potencia emocional la convirtió rápidamente en material de difusión política y humanitaria. “No es una crisis: es un asesinato lento”, afirma el documento, que acusa a Washington de aplicar una política deliberada de asfixia económica.

El texto se difundió junto con una campaña concreta: una colecta internacional de insumos médicos destinada a hospitales cubanos, con puntos de acopio en distintas ciudades argentinas —entre ellas Córdoba, Neuquén, Bahía Blanca, Río Negro, San Luis, Catamarca, Luján, Comodoro Rivadavia, Jujuy, Salta y CABA— coordinada por organizaciones solidarias.

Medicamentos escasos y hospitales bajo presión

Entre los elementos solicitados figuran antibióticos de amplio espectro, corticoides, analgésicos, broncodilatadores, insumos descartables, catéteres, jeringas, guantes y material básico de diagnóstico. La lista revela una realidad preocupante: no se trata de tecnología de punta, sino de recursos elementales para la atención sanitaria cotidiana.

La carta sostiene que la falta de suministros no responde a incapacidad médica ni científica —Cuba posee uno de los sistemas de salud más reconocidos de la región— sino a las restricciones comerciales y financieras derivadas del embargo.

“Empresas que quieren venderle a Cuba son multadas o perseguidas”, afirma el texto, en línea con las críticas históricas del gobierno cubano a las sanciones extraterritoriales estadounidenses.

El argumento del bloqueo

El embargo —denominado oficialmente “bloqueo” por La Habana— limita el comercio, el acceso a financiamiento internacional y las transacciones bancarias con la isla. Además, sanciona a compañías de terceros países que operen con entidades cubanas bajo ciertas condiciones.

Las medidas se endurecieron durante la presidencia de Donald Trump y, según el gobierno cubano, continúan afectando severamente la economía. Legisladores como Marco Rubio han defendido públicamente una línea dura hacia el régimen, argumentando que las sanciones buscan presionar por cambios democráticos.

Sin embargo, organismos internacionales y múltiples resoluciones de la ONU —aprobadas año tras año por abrumadora mayoría— han pedido el levantamiento del embargo por su impacto humanitario.

Denuncias sobre ancianos, niños y hambre

La carta viral articula su denuncia en tres ejes emotivos: los adultos mayores sin medicación crónica, los recién nacidos en riesgo por cortes energéticos y la escasez de alimentos.

Afirma que el “hambre no es un accidente, sino una política”, y acusa a Estados Unidos de impedir la compra de productos básicos mediante restricciones financieras. También describe hospitales con equipamiento deteriorado y personal médico obligado a trabajar con recursos mínimos.

Si bien el gobierno cubano suele atribuir estas carencias principalmente al embargo, analistas independientes señalan que también influyen problemas estructurales internos: caída del turismo, baja productividad, inflación, emigración masiva y dificultades en el sistema de distribución estatal.

Solidaridad internacional y batalla narrativa

La campaña de recolección en Argentina muestra que el tema continúa movilizando a sectores políticos, sindicales y sociales que mantienen vínculos históricos con la revolución cubana. Para sus organizadores, el envío de medicamentos es una respuesta concreta ante una emergencia humanitaria.

Para los críticos del gobierno cubano, en cambio, estas iniciativas invisibilizan responsabilidades internas del propio régimen.

Así, la disputa no es solo económica sino también simbólica: ¿Cuba es víctima de un bloqueo injusto o de un modelo agotado?

Una crisis que divide al mundo

Más allá de las interpretaciones ideológicas, hay un consenso creciente entre especialistas: la situación en la isla es una de las más graves desde el “Período Especial” de los años noventa.

Cortes de energía prolongados, escasez de combustible, inflación y migración récord configuran un cuadro complejo que no admite explicaciones simples.

La carta que circula en redes no aporta datos verificables ni cifras oficiales, pero sí algo igual de poderoso: una narrativa emocional que interpela a la conciencia internacional y vuelve a poner a Cuba en el centro del debate global.

Entre la denuncia y la propaganda

El texto concluye con un llamado a compartir el mensaje para “romper el silencio”. Ese cierre resume la batalla comunicacional que rodea a la isla desde hace décadas: cada testimonio puede leerse como denuncia humanitaria o como pieza de propaganda política, según el lente ideológico con que se observe.

Lo cierto es que, mientras el debate continúa, la campaña de recolección de insumos avanza y miles de personas deciden actuar desde la solidaridad directa.

Porque, más allá de las disputas entre gobiernos, sanciones y discursos, la pregunta que sobrevuela es más incómoda y más humana:

quién paga realmente el costo de esta guerra económica que nunca se declara pero nunca termina.

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