Messi y los vuelos de la muerte

messi
Share on facebook
Facebook
Share on pinterest
Pinterest
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn
Share on email
Email
Read Time:3 Minute, 11 Second

En ocasiones la vida se presenta larga y estrecha como un ataúd. En la nueva modernidad, hasta la violencia más abyecta se ha tornado glamorosa. Los organizadores de matanzas tienen una peculiar inclinación por la poesía. Mientras algunos de ellos planifican la invasión, otros se dedican a la tarea de buscar nombres sugestivos para sus operaciones militares. Es un trabajo que requiere cierta preparación y sensibilidad literaria, casi siempre destinada a un injusto anonimato.

Sabemos los nombres de los científicos que construyeron la primera bomba atómica, pero no el de quien bautizó las que se lanzaron sobre Hiroshima y Nagasaki: la primera se llamaba “Niño Pequeño”, la segunda, “Hombre Gordo”. En la primera guerra del Golfo nació el nombre épico de “Operación Tormenta del Desierto”. Después del 11-S vino “Operación Justicia Infinita”, tan infinita que algunas de sus víctimas siguen presas en las jaulas de Guantánamo. “Nuevo Amanecer” se denominó la invasión de Irak de 2003, hasta que el desastre dejó al país sin amaneceres.

Los militares israelíes acuden a referencias poéticas y bíblicas quizás más sofisticadas que las de Estados Unidos. Operación “Carros de Gedeón”, se llama el plan de exterminio de la población de Gaza. Buscando el rastro de Gedeón en el Antiguo Testamento, en el libro de los Jueces, me llevó al Éxodo y al libro de Josué, y al leerlo uno se queda atónito. No recordaba una violencia tan obscena: “Yo enviaré mi terror delante de ti y haré atónito a todo pueblo donde tú entrares”, le dice Jehová a Moisés. Muerto Moisés, Josué continúa la campaña invasora: “…Y destruyeron todo lo que había en la villa, hombres y mujeres, mozos y viejos, hasta los bueyes y ovejas y asnos, a filo de espada…”; “…Y quemaron a fuego la ciudad”. Con pequeñas modificaciones, son palabras que bien podría repetir cualquier ministro de Netanyahu.

Nuestra dictadura careció de inventores vocacionales de eufemismos para definir la “guerra” y el exterminio. A Kissinger no se le ocurrió nada. “Proceso de Reorganización Nacional” es algo pobre. No representa en su dimensión el odio criminal que nació de unas mentes testiculares refugiadas en unos cerebros hechos de jirones. Un régimen donde se extinguió todo residuo de piedad y la figura humana dejó de conmover.

En ocasiones, Leo Messi se sumó a la condena de la dictadura. En 2008, cansado de repartir autógrafos, se permitió un deseo: le pidió su rúbrica al juez Baltasar Garzón. “Yo se lo pedí a él y él a mí”, reconoció el magistrado. Existía una especial admiración del jugador argentino por el juez, debido a las investigaciones que estaba llevando a cabo sobre la dictadura argentina y los vuelos de la muerte. En 2007, Adolfo Scilingo era condenado por la Audiencia Nacional española a 640 años de prisión y, en 2007, a la pena de 1084 años.

Cuando un futbolista se “integra” en el mundo “real”, traza una enseñanza moral que ayuda a rebajar la vanidad de la especie. Una manera de devolverle a la vida lo que el fútbol te ha regalado. Messi colaboró, además, con las Abuelas de Plaza de Mayo en la búsqueda de nietos desaparecidos. Se lo pudo fotografiar con una pancarta: “Resolvé tu identidad ahora”, junto a Estela de Carlotto.

Tras siglos de hipocresía occidental, de colonialismo civilizador, golpes de Estado horrendos y guerras “humanitarias” infinitas, chocamos con una realidad compleja, cruda, honda y monstruosa asociada a un tiempo de podredumbre clasista, excluyente, cínico e hipócrita. Un sistema irracional que se alimenta de todas las formas de dominación, opresión, explotación y sometimiento. La audacia de nuestra especie solo tiene parangón con nuestra crueldad, ni siquiera con la miseria moral que nos asiste.

La verdadera solidaridad por el otro solo puede ser incondicional y, precisamente, en tanto incondicional, solo puede darse como acto poético.

Por Jose Luis Lanao

Scroll al inicio