Ahogados por las deudas: Los hogares argentinos cerraron 2025 con un récord histórcio de endeudamiento

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El deterioro del poder adquisitivo, la inflación persistente y el encarecimiento del crédito empujaron a millones de familias a financiar gastos cotidianos con tarjetas, préstamos y billeteras virtuales. El resultado fue contundente: diciembre cerró con el nivel más alto de deuda familiar registrado en los últimos años, un síntoma claro de una economía que obliga a sobrevivir a crédito.

Lejos de tratarse de un fenómeno aislado, el endeudamiento dejó de ser una herramienta excepcional para convertirse en una forma permanente de sostener el consumo básico. Alimentos, servicios y alquileres comenzaron a pagarse con dinero prestado, mientras crece la mora y se reduce la capacidad de ahorro.

Según relevamientos privados, los hogares destinan una porción cada vez mayor de sus ingresos a cancelar obligaciones financieras, lo que reduce aún más el margen disponible para gastos corrientes y profundiza el círculo de dependencia del crédito.


📉 Deudas para vivir, no para crecer

El cambio más preocupante no es solo la magnitud del endeudamiento, sino su destino. Mientras años atrás los préstamos se utilizaban para bienes durables o mejoras del hogar, ahora se concentran en gastos esenciales: comida, transporte, medicamentos y tarifas.

Las tarjetas de crédito siguen siendo la principal vía de financiamiento, pero las plataformas digitales y los préstamos personales de rápida aprobación ganaron terreno, muchas veces con tasas elevadas. Esto genera un efecto “bola de nieve”: se toma nueva deuda para pagar la anterior.

A su vez, el aumento de la morosidad refleja que una parte creciente de los hogares ya no logra cumplir con los pagos en tiempo y forma, lo que encarece aún más el financiamiento y limita el acceso a nuevos créditos.


📊 El costo social del ajuste

El endeudamiento familiar funciona como un indicador adelantado de crisis social. Cuando los ingresos no alcanzan para cubrir necesidades básicas, el crédito se transforma en un sustituto del salario.

Especialistas advierten que esta dinámica puede sostener el consumo a corto plazo, pero genera vulnerabilidad estructural: ante cualquier shock —suba de tarifas, pérdida de empleo o inflación adicional— las familias quedan sin margen de maniobra.


El récord de deuda familiar no es solo un dato económico: es una radiografía brutal del presente. Millones de argentinos no se endeudan para progresar, sino para comer, calefaccionarse o llegar a fin de mes.

Mientras el discurso oficial celebra indicadores macroeconómicos o promesas de estabilidad futura, la realidad cotidiana muestra otra cosa: hogares atrapados en un sistema donde cada mes empieza con menos ingresos disponibles que el anterior.

Si la economía necesita que las familias se endeuden para sostener el consumo básico, entonces el problema no es financiero, es estructural. Porque cuando el crédito reemplaza al salario, lo que está en crisis no es el bolsillo: es el modelo social entero.

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