(“La Monina”, “La Gringa”, “La Gorda”, “La Petiza”)… ¡¡¡Un CUADRAZO!!!
Una MILITANTE con mayúsculas: extraordinariamente lúcida, solidaria, corajuda y profundamente convencida de que una Argentina más justa, equitativa y libre era perfectamente posible.
Cuando decimos que el Plan Sistemático de Exterminio de Opositores Políticos fue meticulosamente preparado por sus autores intelectuales y materiales, no nos equivocamos en absoluto. Desaparecieron a LO MEJOR de una generación casi completa: en su mayoría jóvenes trabajadores, delegados, estudiantes, dirigentes y militantes populares muy formados y capacitados para conducir el país con el que soñaron San Martín, Belgrano y nuestros próceres.
Graciela Doldán y personas como ella representaban un enorme riesgo para la élite vendepatria. Por eso los secuestraron, torturaron, asesinaron y desaparecieron.
Durante los juicios, y a medida que escuchaba testimonios profundamente elogiosos hacia Graciela, me preguntaba si no existiría cierta idealización. Pero definitivamente no: GRACIELA DOLDÁN fue inmensa en todo sentido.
Comparto esta semblanza realizada por compañeras y compañeros del Espacio de Memoria La Perla.
Donde quiera que estés… fuerte abrazo, querida Graciela.

GRACIELA MARÍA DE LOS MILAGROS DOLDÁN
Graciela nació el 19 de agosto de 1941 en la ciudad de Santa Fe. Cursó sus estudios en el Colegio Nuestra Señora del Calvario y luego ingresó a la Facultad de Derecho de la Universidad Católica de Santa Fe, donde se recibió de abogada.
Tomarse la vida en serio, para Graciela, incluía su capacidad de disfrute, su humor incisivo, su alegría, sus enojos y sus rebeldías. Conjugaba su sobriedad —blazer azul, pollera gris y mocasines— con una intensidad vital que se expresaba incluso en momentos cotidianos, como cuando jugaba al vóley en la playa durante los veranos.
Ocupó distintos cargos en organizaciones sociales y fue presidenta de la Acción Católica Universitaria de Santa Fe. También militó en el Centro de Estudiantes de su facultad y luego fundó la agrupación de egresados de la universidad.
En paralelo, ejerció su profesión en el ámbito del derecho laboral defendiendo a trabajadores y trabajó como abogada de la Confederación General del Trabajo (CGT).
Al llegar a Córdoba se involucró inmediatamente con la realidad de los trabajadores de la provincia. Desarrolló trabajo territorial en Barrio 1° de Mayo, donde fue conocida como “La Gorda”. Allí conoció entrañables compañeros y amigos, entre ellos Rosa Dory Maureen Kreiker.
Sara Frances de Yanes, compañera de militancia y vecina del barrio, la recordaba así:
“Eran impagables la Gorda y la Pati. Tenían un carisma propio, amaban a la gente y se jugaban el todo por el todo. No tenían tapujos, daban todo con bondad y con el corazón. La Gringa era activa, no se quedaba quieta, muy solidaria. Eran parte de cada familia del barrio. Nos cuidaban, nos enseñaban, nos marcaban objetivos para construir un mundo mejor, con acceso a la educación, la salud y los derechos básicos por los que todavía seguimos luchando”.
“La Gringa”, como la llamaban sus compañeros, integró en 1967 una de las vertientes fundadoras del Peronismo de Base y posteriormente, en 1969, Montoneros. En ese tiempo conoció y se enamoró de José Sabino Navarro.
En 1973 comenzó a liderar la columna de Montoneros que llevaba el nombre de su compañero Sabino Navarro, fallecido en 1971.
El 26 de abril de 1976 fue secuestrada de su domicilio en calle Entre Ríos 85, en la ciudad de Córdoba, junto a su amiga Rosa Dory Maureen Kreiker y la hermana de ésta, quien posteriormente fue liberada.
Graciela permaneció cautiva en el Centro Clandestino de Detención, Tortura y Exterminio “La Perla”. Los responsables de su secuestro y desaparición fueron juzgados el 25 de agosto de 2016 en la sentencia de la Megacausa “La Perla-La Ribera-D2”.
Tenía 34 años.
Aún continúa desaparecida.
Por Jorge Vasalo



