Riquelme, el próximo Maduro

Riquelme
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El presidente de Boca y los ataques sistemáticos que recibe.

Si un día sucede que te has levantado tarde sin oír las noticias, recién salido del sueño, después de bostezar y rascarte la espalda te enteras de que la historia ha dado otro vuelco inesperado y el mundo ya no tiene nada que ver con el que dejaste al acostarte. Ya no sabes si es real o lo soñaste que Trinidad y Tobago ha sido anexionada. Dudas si descender de la cama, como si fueras a poner un pie en un mundo hostil. La historia pasa a toda velocidad, te atropella por la espalda y nadie sabe donde agarrarse para mantener en pie sus principios. No es caos, es un sistema, que muere si se detiene. Un poder prepotente que no gobierna: irrumpe. No administra: impone. Un poder que solo existe para sí mismo y que necesita algo contra lo que existir: enemigos fuera para unificar, enemigos dentro para disciplinar.

Los primeros legitiman la expansión; los segundos garantizan el silencio. El mensaje es idéntico y brutal: quien desafía el monopolio del poder deja de ser sujeto político y pasa a ser un problema a resolver. Pasas a ser, por decreto verbal, una enemigo interno. Y funciona. El lunes Milagro Sala, el martes Pablo Grillo, el miércoles Román Riquelme. El sistema necesita enemigos. Sin enemigos pierde su razón de ser. Cuando liquida uno, fabrica el siguiente. Y no hace falta encarcelar a todos, basta con que algunos caigan para que aprendamos la lección. El miedo es más barato que la cárcel, más eficaz.

El modelo es el mismo, el que hace unas semanas secuestró a Maduro y el que está empecinado en secuestrar a Riquelme. Quienes hoy cierran los ojos deberían recordar que la normalización del abuso es siempre performativa. No es que Trump y Milei tengan poder y por eso se normaliza, es que validar su impunidad es lo que agranda su poder. Lo que toleramos por conveniencia acaba siendo un precedente y asentándose como práctica legítima. Cada silencio o gesto de indulgencia, cada crítica aplazada contribuye a ampliar el margen de maniobra de quien desoye las reglas. Y ahí reside el peligro real: no en aplicar la arbitrariedad, sino en que, una vez aceptada, ya está disponible para cualquier situación. Un poder sin máscaras solo necesita, para expandirse, que los demás sigamos fingiendo que no ocurre lo que todos, sin excepción, sabemos que ocurre.

Como las guerras. Antes, por lo menos había que guardar las apariencias, vestir la violencia. Si querías invadir Irak tenías que inventarte unas armas de destrucción masiva, ir al consejo de seguridad con un cuento chino. Pero ya no es necesario. Hoy la crueldad se exhibe sin complejos.

El último colmillo hincado en la yugular de Riquelme vino de la oposición, al señalar que Boca pierde dinero debido a la reducción del padrón de socios. En el programa de Radio 750, de Victor Hugo Morales, Alejandro Veiga, prosecretario del club, explicó que la anomalía es producto de una depuración del padrón, de fallecidos y de personas que no pagaban la cuota, lo que desautoriza las acusaciones sobre la perdida de ingresos de la entidad. Para finalizar expresó: “Como les duele Román”.

A pesar de aquella verdad escalofriante formulada por el Gran Inquisidor de Dostoievski en “Los hermanos Karamazov -“Para el hombre no hay preocupación más constante y atormentadora que la de buscar cuanto antes, siendo libre, ante quién inclinarse”-, no estamos solos. En esa sensación de que al futuro lo han secuestrado, la forma más segura de liberarlo es crearlo. Se puede regresar al lugar del que nunca nos hemos ido.

Por Jose luis Lanao

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