Mientras el gobierno argentino insiste en presentar la relación con Washington como una “alianza estratégica”, los hechos recientes muestran algo más concreto y asimétrico: Estados Unidos acelera su presencia directa en Argentina sobre tres ejes clave: economía, política y defensa, con un nivel de intervención inédito en las últimas décadas.
En menos de un mes, el país recibió una comitiva de legisladores estadounidenses con poder presupuestario real y se prepara para el mayor ejercicio militar conjunto de los últimos 25 años, que incluirá tropas de élite, aeronaves, despliegue en la Patagonia y zonas de valor geopolítico sensible.
No se trata de gestos diplomáticos. Se trata de inspección, auditoría y sigilosa ocupación de áreas y sectores estratégicos.
Inspectores del Capitolio
La semana pasada, dos Boeing C-40 Clipper de la Fuerza Aérea de Estados Unidos surcaron el cielo argentino. A bordo viajaban siete congresistas estadounidenses, miembros de comités clave del Capitolio, responsables de definir el presupuesto de defensa, energía, tecnología y comercio.
Agenda Malvinas identificó a los integrantes de la misión. El dato central: no vinieron a dialogar, vinieron a relevar activos estratégicos argentinos.
La comitiva recorrió Ushuaia, Neuquén y Buenos Aires, con una agenda que combinó energía, minería, infraestructura crítica, datos y tecnología. El mensaje fue claro: los recursos argentinos entraron formalmente en la órbita de seguridad nacional de Estados Unidos.
El frente energético: petróleo, gas y litio bajo supervisión
La delegación del Comité de Energía y Comercio estuvo encabezada por Morgan Griffith, presidente del Subcomité de Supervisión e Investigaciones, una figura con capacidad para bloquear proyectos, condicionar financiamiento y sancionar vínculos con potencias rivales.
Su misión fue explícita: auditar infraestructura donde China tiene intereses y garantizar que los recursos estratégicos queden alineados con Washington.
Lo acompañaron:
- Randy Weber (Texas), representante directo del lobby petrolero estadounidense. Su paso por Vaca Muerta consolidó el interés de compañías como Chevron y ExxonMobil en el gas argentino como respaldo energético ante la crisis global.
- Russ Fulcher, enfocado en asegurar que proyectos termoeléctricos y nucleares —incluida Atucha— no dependan de tecnología fuera del eje estadounidense.
- Diana Harshbarger, encargada de fiscalizar cadenas de suministro para que minerales y recursos argentinos fluyan sin interferencias estatales o de terceros países.
- Mike Kennedy, con foco en el litio, pieza clave para la transición tecnológica y la industria de baterías de EE. UU.
- Nanette Barragán, demócrata, cuya presencia garantizó consenso bipartidista: para Washington, el control de los recursos argentinos no es un debate partidario, es una política de Estado.
El frente digital: datos, IA y ciberseguridad como armas
En Buenos Aires operó el segundo núcleo de la visita, liderado por Tim Walberg, miembro del Comité de Educación y Fuerza Laboral, conocido por su alineamiento con la doctrina de seguridad más dura del establishment estadounidense.
Walberg no vino a hablar de educación. Vino a imponer marcos de “gobernanza” para la Inteligencia Artificial y la ciberseguridad, entendidas como armas de guerra.
El objetivo estratégico fue blindar la infraestructura digital argentina bajo estándares militares de EE.UU. desplazando cualquier presencia tecnológica china —particularmente Huawei— de redes 5G, sistemas de datos y servicios críticos.
En términos prácticos, esto implica pérdida de autonomía tecnológica y subordinación a criterios de seguridad definidos fuera del país.
El frente militar: tropas de élite en la Patagonia
La dimensión más visible —y más sensible— del avance estadounidense se concretará en abril. El gobierno de Javier Milei ultima detalles para el ejercicio combinado “Daga Atlántica”, definido por fuentes oficiales como el más importante en 25 años.
El operativo incluirá:
- Boinas Verdes del Ejército de EE. UU.
- Comando de Operaciones Especiales de la Fuerza Aérea
- Unidades del MARSOC (Marines)
- Aeronaves, helicópteros Black Hawk y equipamiento de guerra real
Las maniobras se realizarían en Patagonia, Tierra del Fuego y otras zonas estratégicas, con simulaciones diurnas y nocturnas, continentales e insulares, en un área clave para:
- el control del Atlántico Sur
- la proyección hacia la Antártida
- el Estrecho de Le Maire
Se trata de fuerzas con experiencia de combate real, algo que las propias fuentes castrenses destacan como diferencial.
Una soberanía tutelada
El patrón es claro. Estados Unidos no envió embajadores: envió auditores, inspectores y tropas.
Primero, el relevamiento político y económico: energía, minería, datos, infraestructura.
Luego, el respaldo militar: presencia física, entrenamiento conjunto y despliegue territorial.
Mientras el gobierno argentino guarda silencio o celebra el alineamiento, los activos estratégicos del país son tratados como parte del esquema de seguridad nacional de una potencia extranjera.
La Argentina de 2026 parece avanzar hacia una soberanía condicionada, donde el subsuelo, la energía, los datos y el territorio ya no se deciden en función de un proyecto nacional, sino de intereses geopolíticos ajenos.
Fuente: Primereando las noticias



