Luz, gas, transporte y servicios básicos registran aumentos muy por encima de los salarios, en un esquema de quita de subsidios que golpea de lleno a la clase trabajadora y a los sectores populares.
El relato oficial habla de “sinceramiento de precios”, pero en la vida real se traduce en boletas impagables. En los últimos meses, las tarifas de servicios públicos registraron aumentos acumulados que superan ampliamente la evolución de los ingresos. Según datos del INDEC y del Observatorio de Tarifas de la UBA-CONICET, el gasto en servicios esenciales ya se lleva más del 15% del ingreso de un hogar promedio, cuando hace dos años representaba menos de la mitad.
La quita de subsidios, aplicada de manera generalizada y sin segmentación real, impacta con fuerza en jubilados, trabajadores formales, cuentapropistas y beneficiarios de planes sociales. Desde asociaciones de consumidores advierten que crecen los casos de endeudamiento para pagar servicios básicos y de cortes por falta de pago.
En el transporte, el escenario no es distinto. El aumento del boleto en colectivos, trenes y subtes se suma al combo de subas en combustibles, encareciendo la movilidad cotidiana de quienes necesitan viajar para trabajar o estudiar. La Fundación COLSECOR alertó que en el interior del país el impacto es todavía mayor, por la falta de alternativas y los costos logísticos.
Desde el Gobierno insisten en que “no hay plata”, pero el ajuste no se distribuye de manera equitativa. Mientras se recortan subsidios a los hogares, se mantienen beneficios impositivos a grandes empresas y sectores concentrados, según relevamientos del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF).
“Esto no es eficiencia, es transferencia de ingresos”, señalan economistas del CEPA, que remarcan que la política tarifaria actual profundiza la desigualdad y erosiona el poder adquisitivo. En los barrios, la bronca crece: pagar la luz o comer se volvió una disyuntiva real para muchas familias.
Fuente: El Destape



