La actividad industrial volvió a registrar una fuerte contracción interanual, con rubros clave en rojo y un impacto directo sobre el empleo. Pymes y fábricas advierten que el modelo económico está asfixiando al sector productivo.
La industria argentina atraviesa uno de sus momentos más críticos de los últimos años. Los últimos indicadores oficiales y privados confirman una caída sostenida de la producción, con sectores enteros funcionando a media máquina o directamente paralizados. La combinación de apertura importadora, caída del consumo interno y aumento de costos está generando un escenario de fuerte retracción.
Según datos del INDEC y de cámaras sectoriales, ramas como la metalúrgica, textil, calzado, alimentos y construcción muestran bajas de dos dígitos en comparación con el año anterior. En muchos casos, las empresas no solo reducen turnos, sino que avanzan en suspensiones y despidos ante la imposibilidad de sostener estructuras con ventas en picada.
Desde la Unión Industrial Argentina (UIA) y distintas federaciones pymes advierten que el problema ya no es coyuntural sino estructural. “No hay mercado interno, no hay financiamiento y no hay protección frente a importaciones que llegan a precios imposibles de competir”, repiten los empresarios nacionales.
El impacto social es inmediato: cada fábrica que frena su producción arrastra a decenas de familias a la incertidumbre. En las economías regionales, el golpe es doble, porque la industria local suele ser el principal motor de empleo y circulación de dinero.
Mientras el Gobierno insiste con el discurso de “ordenar la macro”, en la microeconomía crece la sensación de abandono. Para los trabajadores, la estabilidad prometida no llega, y la realidad es una: menos producción, menos empleo y más angustia.
Fuente: El Destape



