La injerencia de Donald Trump en Venezuela genera muchos interrogantes sobre la deriva del nuevo orden mundial y las reglas habilitadas por este precedente para lo que viene. Dejando de lado los aspectos geopolíticos, como así también lo que ocurre y lo que resulte de la conducción política del país hoy presidido interinamente por Delcy Rodríguez, a los fines de los intereses argentinos concretos es menester advertir qué ocurrirá con los hidrocarburos, el sector estrella de la economía de Milei.
Este interrogante es clave puesto que el mismo presidente norteamericano expuso sin tapujos que el móvil de la intervención militar fue el control de recursos energéticos estratégicos. Siendo esas reservas petroleras de las más voluminosas del mundo. En ese sentido, Trump publicó en los últimos días que Venezuela aportará a Estados Unidos “entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo”.
Consecuentemente, estos acontecimientos generaron expectativas en los mercados llevando al alza las acciones de Chevrón, única petrolera norteamericana en Venezuela, como así también de refinerías adaptadas para tratar el petróleo pesado venezolano, como también de empresas de servicios capacitadas para enmendar la infraestructura petrolera dañada. La ventana de oportunidad para esta cadena de valor ubicada en la Costa del Golfo de Estados Unidos es evidente. Pero, ¿qué pasa con nuestro sector petrolero?
¿Baja el precio internacional? El mito de la inundación del mercado y la estrategia de Trump contra China
Uno de los comentarios más extendidos sobre el tema dice que la aventura norteamericana en tierras bolivarianas busca bajar el precio internacional del petróleo. Sin embargo, el especialista en asuntos energéticos Juan José Carbajales lo desmintió en contacto con este medio. Cuanto menos, el consultor matizó esas afirmaciones al destacar que de los 100 millones de barriles que se producen diariamente en el mercado global, Venezuela solo representa el 1%.
El director de la consultora Paspartú destacó que todo parece indicar que la incursión norteamericana es una jugada a varias bandas. Por un lado, incrementar los despachos de crudo hacia los puertos norteamericanos, ampliando la oferta en territorio estadounidense que sí podría hacer bajar el precio de los combustibles allí. Un punto clave en la batalla de Trump contra la inflación en un año en donde tienen elecciones de medio término y su popularidad es cuestionada. Además, el control del petróleo venezolano significa dejar de proveer a China, quien se estaba quedando con el 70% de esa producción a precio conveniente.
Por otro lado, Carbajales, exsubsecretario de Hidrocarburos de la Nación, destacó que no se trata solo de activar las explotaciones actuales, sino que también hay interés norteamericano en desarrollar la producción petrolera de Guyana. Se trata de un país limítrofe cuyo conflicto territorial histórico con Venezuela se reavivó cuando la petrolera norteamericana ExxonMobil descubrió grandes yacimientos petrolíferos allí. Sobre este punto, Carbajales señaló que si bien en el corto plazo lo que ocurra en Venezuela “no mueve el amperímetro global”, en el largo plazo podría ser distinto porque “es en Sudamérica en donde se están produciendo barriles incrementales, de la mano de Argentina, Brasil, Guyana y, tal vez, Venezuela”.
El dilema de Chevrón: ¿Caracas o Neuquén?
En efecto, las dudas que se generan desde esta parte del mapa tienen que ver con qué pasará con las inversiones que aún necesita Vaca Muerta para desarrollar su potencial productivo. Siendo Chevrón un actor clave para la cuenca petrolera neuquina tanto para los objetivos de explotación norteamericanos en el país caribeño, cabe preguntarse si se ralentizarán las inversiones en Vaca Muerta.
Si bien para los analistas consultados nada será inmediato, es posible que en caso de que las petroleras prioricen la producción venezolana esto repercuta en los nuevos proyectos de explotación en Argentina. No obstante, actualmente hay petroleras norteamericanas asociadas a YPF en proyectos en curso tanto para la exploración y perforación, como para almacenamiento y procesamiento del crudo. Acuerdos que deberán cumplir.
Superávit energético: el oxígeno que llegó desde la infraestructura
Actualmente, de la mano de exportación de crudo la balanza energética aportó superávit comercial, clave para los objetivos económicos del gobierno. Así como el incremento de la producción de gas permite bajar las importaciones de gas licuado, el del petróleo, aumentar las exportaciones. Por el lado de la producción de energéticos ya se observa una tendencia creciente desde la salida de la pandemia. Mientras que observando solo la balanza comercial (exportaciones menos importaciones), con un superávit mayor a 5 mil millones este año vemos que madura positivamente una tendencia que comienza en el año 2023.
De modo que las obras de infraestructura energética realizadas durante el período 2019-2023 permitieron darle oxígeno a una red de transporte que estaba trabajando al límite. No obstante el incremento de los dólares generados por el sector energético, aún están muy lejos de los más de u$s30 mil millones netos que genera el agro. Los analistas del sector hidrocarburífero señalan que, con más inversión en infraestructura, el sector puede dar más frutos.
Entre la euforia de los mercados y la hoja de ruta de la cuenca neuquina
En el corto plazo está todo bastante resuelto en el sector hidrocarburífero conforme a convenios y asociaciones firmadas en ejecución. Sí ocurrieron en el plano bursátil movimientos; mientras las firmas estadounidenses celebraron, tanto YPF, como otras compañías locales tuvieron una baja en sus acciones. Sin embargo, estos movimientos en un mercado caracterizado por la volatilidad son considerados euforia y no tendencias.
Asimismo, el precio internacional del barril no debiera sufrir modificaciones en el corto plazo por la intervención norteamericana en Venezuela. Este indicador determinante para los que toman decisiones de inversión en el sector actualmente está en torno a u$s60 y las explotaciones en la Argentina son rentables hasta con un barril a u$s45. De modo tal que en lo inmediato no debiera haber cimbronazos en este punto.
¿Esto quiere decir que lo acontecido no impide a Argentina hacer de Vaca Muerta una nueva Pampa Húmeda? No necesariamente. No porque Sudamérica vaya a perder el mote de zona de paz, sino porque esas expectativas no se condicen con las posibilidades de explotación actual de los hidrocarburos patagónicos.
Fuente: La Nueva Mañana



