Estados democráticos y organizaciones de todo el mundo han solicitado a las Naciones Unidas (ONU) que se expida respecto de los sucesos producidos en Venezuela provocados por el Presidente Trump.
Además de ordenar el bombardeo de bases militares aeropuertos -donde murieron alrededor de 100 personas, muchas de ellas civiles-, se secuestró al Presidente Nicolás Maduro y a su esposa, transportándolos hasta EE.UU., donde se los juzga por conspiración narco terrorista, etc.
Ahora bien, ¿qué puede hacer la Asamblea General de la ONU más que una Recomendación -que no es vinculante–, ya que el máximo organismo es el Consejo de Seguridad?
En este Consejo, EE.UU. es uno de los 5 miembros permanentes con derecho a veto, o sea, todo lo que no les gusta o es contrario a sus intereses, pueda ser vetado por alguno o todos dichos miembros (EE.UU., China, Rusia, Francia y Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte).
La Carta de la ONU entró en vigor el 24 de octubre de 1945, al término de la Segunda Guerra Mundial, una vez que fuera firmada por los representantes de los países adheridos.
¿Cómo es posible que las potencias triunfantes aún hoy dirijan nuestros destinos usando ese supuesto derecho cuando les conviene?
Es preciso modificar de una vez por todas esa Carta -que hemos reclamado infinidad de veces-, adecuándola a la actualidad (a 81 años de su firma y luego de sucesivas incorporaciones de países que se crearon posteriormente), eliminando el derecho a veto porque todos los Estados deben funcionar a un mismo nivel de igualdad.
No deben haber Estados de primera ni de segunda categoría.
EE.UU. y Trump.-Corresponde que tanto el Parlamento como todas las instituciones de EE.UU. y la Corte Penal Internacional, sancionen la actitud de Trump quien se ha erigido en maestro ciruela -con rasgos de Emperador-, pretendiendo dictar normas y cambiar las constituciones de otros países.
No es la primera vez que actúa de esta forma.
Procedió a secuestrar a Maduro -que nos podrá gustar o nó-, pero no tiene el derecho a hacerlo, con el argumento de que está acusado de diversos delitos que perjudican a EE.UU., cuando en realidad el objetivo es otro: quedarse con el petróleo, las tierras raras y otros minerales, con los cuales continuar con su política expansionista.
Reservas petroleras de EE.UU.: 74.000 millones de barriles
Reservas petroleras de Venezuela: 304.000 millones de barriles
Venezuela posee el 17% de las reservas mundiales pero alcanza al 1% en cuanto a producción, colapsada en un 74% desde 2015.-
Con su actitud prepotente y salvaje, Trump ha pasado por encima de la Carta de la ONU. Por este motivo, el Consejo de Seguridad debe dar de baja a la representación de su país.
Con respecto a Nicolás Maduro, debe ser reintegrado a Venezuela y si existen acusaciones por parte de otro Estado o de grupos de Estados que consideren que conspiró o realizó acciones perjudiciales contra el o ellos, deben exhibirse las pruebas y, a través de los organismos correspondientes, realizar un juicio justo.
El que se está llevando a cabo en norteamérica es inconstitucional. Y lamentamos que la justicia de EE.UU. se preste a realizarlo pues ya tiene dibujada una condena aún antes que finalice.
La forma como se maneja Trump, con tanta impunidad, muestra que actúa de acuerdo con un plan organizado que tiene sus orígenes en la Doctrina Monroe (1823), en que se estableció que cualquier intervención en los asuntos políticos en el continente de América por parte de potencias extranjeras…es un acto potencialmente hostil contra EE.UU.
Es decir, América para los americanos.
Perdón, América para los norteamericanos!
Más cerca en el tiempo, durante la Conferencia de Yalta, en Crimea, entre el 4 y el 11 de febrero de 1945, Roosevelt, Stalin y Churchill, se repartieron el mundo, incluso antes que finalizara la guerra, correspondiéndole a EE.UU. hacerse cargo de occidente y a la URSS, todo el oriente.
Este Acuerdo fue ratificado durante la Conferencia de Postdam (cerca de Berlín) realizada entre el 17 de julio y el 2 de agosto de 1945, una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial.
Acuerdos que aún hoy están en vigencia y que evidencian muchos procederes.
Por su parte, EE.UU., con su espíritu de fiscal investigador (de otros países) deberá ver la paja en su propio ojo y hacer un mea culpa pues muchos de sus ciudadanos consumen drogas debido a que fueron enviados a participar de cruentas invasiones y los que regresaron se sumergieron en la drogadicción para mitigar problemas de salud física y mental.
No tiene la culpa el chancho sino el que le da de comer.
La industria armamentista de EE.UU. requiere permanentemente la participación en conflictos armados durante los cuales se prueban las armas más sofisticadas.
El país del Norte necesita del petróleo y del litio, entre otros minerales estratégicos, para abastecer fundamentalmente esa industria.
Somos conscientes que Maduro y su esposa fueron “entregados” y continúa en funciones la cúpula chavista que -para sobrevivir y mantenerse en sus cargos-, acordó entregar a Trump la comercialización del petróleo.
¿Qué dirán los miles de opositores al régimen que festejaron la liberación y que pareciera que todo queda igual?
Los poderosos proceden así, se unen para proteger y acrecentar sus intereses y no les importa en lo más mínimo el sufrir de los humildes ni de los más débiles.
El 6 de enero ppdo., se informó que Venezuela entregará a EE.UU. entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo, a precio de mercado, con el control de Trump.
Se desconoce cuál será el porcentaje que recibirá Venezuela por la venta de esos barriles y cuál será el que se queda en poder del Presidente de los EE.UU., tan interesado en beneficiar al pueblo de aquél país!.
EE.UU. va por los recursos naturales no sólo de Venezuela sino de América Latina y para impedir que China gane la carrera por la supremacía mundial.
Argentina debe tomar conciencia de esta situación y de la lamentable postura del topo que día a día profundiza más la grieta entre nuestro país y el resto del mundo.
Ni Trump ni Milei respetan: el derecho internacional;
la soberanía de los Estados;
la autodeterminación de los pueblos;
la no injerencia en los asuntos internos de cada Estado;
la prohibición del uso de la fuerza.
La única ley que respetan ambos, es la ley de la fuerza!
Por Elena Marta Curone



