Mientras el fuego avanza sin control en el sur argentino, arrasando bosques, viviendas y economías regionales, un dato cae como una bomba en medio de la tragedia: el gobernador Ignacio Torres mantiene bloqueados más de 600 mil dólares destinados específicamente a programas de prevención de incendios forestales.
No es un tecnicismo administrativo. No es una discusión menor. Es plata para prevenir incendios en una región que hoy está en llamas. Y está frenada.
La información revela una contradicción brutal: discursos de preocupación, fotos con brigadistas, llamados a la solidaridad… pero los recursos para evitar que todo esto pase, siguen cajoneados.
En otras palabras: la Patagonia arde y la prevención duerme en un despacho.
La pregunta es inevitable y profundamente incómoda:
👉 ¿Cómo se explica que haya fondos disponibles para prevenir incendios y no se usen?
👉 ¿Incompetencia, desidia o decisión política?
👉 ¿Qué prioridades tiene un gobierno provincial cuando deja inmovilizados recursos en medio de una emergencia ambiental histórica?
Porque acá no estamos hablando de reconstrucción, ni de ayuda posterior, ni de promesas a futuro. Estamos hablando de prevención. De evitar que el desastre ocurra. Y sin embargo, el desastre ocurrió… con la plata sin ejecutar.
Mientras brigadistas trabajan al límite, vecinos se organizan como pueden y comunidades enteras viven con miedo, la política vuelve a quedar expuesta en su versión más cruda: la del Estado que llega tarde o directamente no llega.
En un contexto nacional de ajuste, recorte y retirada del Estado —impulsado por el gobierno de Milei—, la decisión de no ejecutar fondos de prevención en una provincia que hoy está incendiada no es neutra: es política.
Y también es responsabilidad.
Porque los incendios no son solo un fenómeno natural. Son consecuencia de abandono, de falta de inversión, de desidia y de decisiones concretas. Y cuando hay dinero asignado que no se usa, la excusa se termina.
Hoy la Patagonia no solo se quema por el fuego.
Se quema por la negligencia. Se quema por la desidia. Se quema por la política que mira para otro lado.
Y mientras tanto, los de siempre pagan el costo: la gente, la naturaleza y el futuro.
Fuente: Tiempo Argentino



