Pablo Tissera, dirigente del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos, alertó sobre el impacto devastador de las políticas del gobierno nacional en el sector cooperativo y mutual. Denunció demonización, recortes, cierre de unidades productivas y una avanzada que pone en riesgo miles de puestos de trabajo.
En un crudo diagnóstico sobre la situación económica y social que atraviesa el país, el dirigente del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos (IMFC), Pablo Tissera, advirtió que las políticas públicas del gobierno de Javier Milei están golpeando de lleno al entramado productivo, especialmente a las cooperativas de trabajo, el eslabón más frágil del sistema.
“Así como han cerrado casi 20.000 pymes en estos dos años de gestión, también han caído cooperativas de trabajo, que son las que menos estructura de sostenimiento tienen. Son las más golpeadas, las más perjudicadas”, señaló Tissera.
El dirigente remarcó que el mundo cooperativo es diverso y heterogéneo, con realidades muy distintas entre cooperativas agrícolas, de servicios públicos, de vivienda y de trabajo, pero que todas comparten hoy un escenario adverso producto del retiro del Estado nacional y la falta de políticas de fomento.
Nación ajusta, Córdoba resiste
Tissera marcó un fuerte contrapunto entre el abandono del gobierno nacional y la política provincial:
“A nivel nacional le bajaron el rango al INAES, le sacaron políticas de fomento y hoy solo cumple un rol de fiscalización, con lupa grande para ver a quién le suspenden la matrícula. Y encima festejan cuando eso pasa”.
En cambio, destacó que en Córdoba existe un Ministerio de Cooperativas y Mutuales y una política pública que reconoce al sector como motor del desarrollo local y regional.
“En Córdoba pasa lo contrario: el sector está visibilizado, se lo entiende como dinamizador de las economías locales, como complemento de la obra pública y del desarrollo territorial”.
Sin embargo, también fue crítico hacia dentro:
“Creemos que falta poner más foco en las cooperativas de trabajo. Hay políticas para servicios públicos, pero con eso no alcanza. El sector es muy diverso y necesita abordajes específicos”.
“Nos salvamos todos juntos o no se salva nadie”
En uno de los pasajes más políticos de la entrevista, Tissera defendió el modelo cooperativo frente al individualismo que promueve el actual gobierno:
“Nosotros creemos en las salidas colectivas, en poner el cuerpo, incluso poniendo plata del bolsillo para sostener una cooperativa. Por eso a veces nos miran como extraterrestres. Pero es el tipo de sociedad en la que creemos”.
También denunció la demonización permanente del cooperativismo y la política, incluso dentro del propio movimiento:
“A veces dentro del movimiento cooperativo escuchás ‘no mezclemos la política’, y eso es parte de una batalla cultural que vamos perdiendo. Si no participamos en la vida pública, después no hay articulación posible”.
Trabajo, informalidad y un sistema que expulsa
Tissera aportó datos contundentes: en Córdoba, el sector cooperativo y mutual genera alrededor de 40.000 puestos de trabajo directos, lo que representa cerca del 8% del empleo privado formal. A eso se suma la economía popular y un mercado laboral que hace 15 años está estancado en cantidad de empleo registrado.
“Aumenta la población, pero el trabajo formal no crece. Por eso sube la informalidad, el cuentapropismo, el monotributo y el trabajo en negro”.
Cooperativismo y sindicalismo: del mismo tronco
En otro tramo fuerte, el dirigente cuestionó a sectores de la dirigencia sindical que miran con desconfianza a las cooperativas:
“Para nosotros somos todos trabajadores y trabajadoras. Autogestionados, en relación de dependencia, cooperativistas. Pertenecemos al mismo campo nacional y popular”.
Y recordó que el sindicalismo y el cooperativismo nacen del mismo origen histórico:
“Vienen de las corrientes inmigratorias, de las ideas solidarias, socialistas, anarquistas. El sindicato se organizó frente a la patronal, la cooperativa para resolver necesidades. Son complementarios, no competidores”.
Un modelo en disputa
Para Tissera, lo que está en juego no es solo un sector, sino un modelo de país:
“El programa de Huerta Grande y la propuesta del Instituto Movilizador dicen lo mismo: democracia participativa, justicia social, desarrollo con inclusión. No hay diferencias. Es la sociedad que queremos”.
Y cerró con una definición que resume la lógica cooperativa frente al ajuste libertario:
“Si se cae algo de un lado, tiene que estar el otro para contener. Porque acá nadie se salva solo.”



