Vos, no sé, pero Magoya va a comer carne como loco donde sea que éste siempre y cuando sea fuera de Argentina. Por un lado, la cadena cárnica avisó que durante 2026 va a faenar menos, para engordar más el rodeo y exportar en mejores condiciones. Mientras tanto, yanquis y europeos tal vez nos compren más carne; aunque China avisó que nos ampliará el cupo, pero que si nos pasamos nos impone un arancel del 55% para proteger a sus propios criadores.
Vamos por partes y empecemos por lo que duele: a usted -señora, señor, trabajador asalariado o cuentapropista-, la carne de vaca le va a salir cada vez más cara. Si ya come poco y nada, va a comer cada vez menos. En función de lo que le vamos a contar en lo que sigue, no hay alternativa a que sea diferente porque no hay vacas suficientes para todos.
Durante 2025 hemos contado cómo venía la mano con el rodeo nacional y -sin proponérnoslo- tales acontecimientos fueron confirmados recientemente por el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA), en sus informes de balance y perspectivas del año pasado y del que recién comienza.
Según el IPCVA, la cadena de carne vacuna se propone reducir la faena para 2026. El objetivo será liquidar menos animales pero más gordos, cosa de no alterar los volúmenes de producción cárnica.
Argentina faena alrededor de 13,5 millones de cabezas al año, de las cuales exporta un equivalente de res con hueso de 900 mil toneladas. Es decir, casi 3 millones de los animales faenados. El comentario general de todos los eslabones remarca la importancia y la conveniencia de la exportación como un sostén fundamental y de la necesidad de “adaptar” el complejo nacional al mercado internacional.
Para lograr ese objetivo sin afectar el consumo del mercado interno y sin aumentar el precio en nuestros mostradores, lo que la cadena debería hacer es darse una política de incremento de rodeo en el mediano plazo, además de aumentar el peso mínimo de faena.
El primer factor es pura declamación, ya que el porcentaje de hembras jóvenes liquidadas sigue siendo muy alto. Por lo tanto, cuanto menos vientres, menos nacimientos y menos novillos disponibles a futuro.
Las energías parecen estar puestas en el segundo factor: aumentar el peso por cabeza enviada a faena, con el objetivo de liquidar algo más de 12 millones de cabezas, pero aumentar el volumen de carne por cada animal. Desde el IPCVA confían en poder hacerlo, ya que 2026 promete buena disponibilidad de pasturas y expectativas favorables de cara a la exportación.
En criollo, el cuello de botella estará apuntado al mercado interno, al mostrador de la carnicería. Se combinan tres ingredientes: un rodeo general reducido; se matarán menos animales; y lo obtenido en volumen será priorizado para la venta al exterior. Entonces sucederá lo de siempre: menos carne disponible a precios de exportación.
El IPCVA confía en que el acuerdo con Estados Unidos signifique la ampliación del cupo para la carne argentina, y pase de 20.000 a 80 o 100 mil toneladas. Es decir, exportar a ese mercado cinco veces más.
Por otro lado, la entidad pretende que no sólo se mantengan vigentes las Cuotas Hilton y 480 con Europa, o la Cuota Kosher con Israel; sino que también se abran otros mercados de interés como Indonesia, Japón, Corea de Sur, Vietnam y Emiratos Árabes Unidos.
Los chinos peronistas
El proyecto del IPCVA preveía abastecer esos mercados y esos volúmenes no sólo sacando carne de nuestro mercado interno sino también reduciendo la cantidad exportada a China. Argentina vende a ese mercado alrededor de 480.000 toneladas; es decir, más de la mitad de la carne vacuna exportada.
Pero el gigante asiático siempre sorprende. Y lo hace porque planifica y sobre esa planificación, conduce. Según el propio gobierno chino, las conclusiones que arrojó una investigación sobre su propia cadena cárnica, el volumen de carne importada por ese país aumentó un 65% en los últimos cuatro años, lo cual está generando serios problemas entre sus propios productores ganaderos.
Por lo tanto, China tomó una medida drástica, y lo aplicó peronistamente: Privilegiará proveedores y aplicará cuotas, cupos y subas de aranceles de importación de cara a proteger a los propios. A partir de ayer, 1° de enero, el gobierno asiático estableció una carga arancelaria del 55% -observe que el índice de incremento es proporcional al quebranto-, para las compras externas que superen los parámetros asignados según país.
Entre los países analizados están Argentina, Brasil, Uruguay, Australia, Nueva Zelanda y Estados Unidos. Para nosotros, el Ministerio de Comercio chino estableció un aumento del cupo 6,5% lo que elevaría la posibilidad de vender a ese mercado algo más de 510.000 toneladas.
Con los uruguayos fueron más benévolos todavía: pasarán de 200 a 300 mil toneladas. Por otra parte, para Brasil y Australia los cupos se redujeron.
Los chinos no son tontos, son chinos. ¿Qué hicieron? Peronismo hicieron. Nuestra carne y la de los uruguayos es de mejor calidad que la brasilera y australiana por lejos. Además -para ellos- es relativamente barata.
Pero no queda ahí la cosa. Tanto con Brasil como con Australia, China posee canastas de intercambio verdaderamente estratégicas para su complejo industrial. Nuestro vecino es socio geopolítico por excelencia y cabeza de playa en el continente, además de ser proveedor de forraje y petrolero. Australia por su parte, es el principal proveedor minero de China, fundamentalmente de mineral de hierro. Entonces, con esos dos países China negocia distinto, con otro margen y otra escala de discusiones.
Por último, le escupe el asado indirectamente a Estados Unidos ya que le quita disponible de mercado. Mientras los yanquis coquetean con varios países sobre comprar más cantidad de carne, los asiáticos fueron prácticos: dejaron contentos a sus proveedores principales, protegieron su cadena interna de producción y a la vez marcaron la cancha geopolíticamente. Perón dixit.
Ché… ¿y acá qué onda?
Subió la carne. Milei es malo, pero no pudo tocar los fondos para el Garraham en el Presupuesto (si ejecuta o no la partida son cinco mangos aparte). Cristina está convaleciente. Kicillof no puede cobrar la coparticipación porque Milei es malo. Mendoza gasea laburantes precarizados en Quilmes. Mineras y petroleras hacen lo que se les cantan las pelotas.
El peronómetro lo tienen los chinos y van a fabricar una copia para vender en Argentina. Se llamará “Carlo” y si le rascas la panza, llora desde bulones hasta medias y calzoncillos.
Felisa me muero.
Por Pablo Casals



