Dos aniversarios en agosto, en primer lugar, el 12 de agosto durante el ciclo de Invasiones
Inglesas en 1806 y 1807, y posteriormente el 17 de agosto, aniversario del paso a la
inmortalidad del Libertador José de San Martín, traen ecos de libertad desde el fondo de
nuestra historia como nación.
Luz y Fuerza tiene tradición sanmartiniana, presente en los homenajes al padre de la Patria en
cada 13 de julio, en los murales y recordatorios de los compañeros en el Complejo Calasanz, en
el nombre de nuestra colonia de vacaciones, pero ¿Qué puede enseñarnos hoy el Libertador?
Si es cierto que cada generación tiene un desafío que el tiempo que vive le presenta, en cada
etapa mirar hacia los próceres es mirarse en el espejo de nuestro propio pasado, y buscar allí
un reflejo que sea faro. ¿Qué país queremos construir? ¿Qué Argentina queremos ser y
defender?
Repasemos algunas de las hazañas, de aquellos hombres y mujeres, algunos ilustres, otros
menos conocidos, todos héroes y heroínas de la Patria, y tendamos un puente a nuestro
presente, que nos encuentra en una situación de sujeción al poder mundial y financiero nunca
antes vivida, situación que permite trazar un paralelo con aquellos años donde los héroes de la
independencia anudaron aciertos estratégicos, voluntad soberana y coraje.
El pueblo en armas
El 12 de agosto de 1806, y ante la inmovilidad de las autoridades virreinales, tropas al mando
de Liniers junto a milicias populares inician la reconquista de Buenos Aires invadida por los
ingleses. Durante las Invasiones inglesas, es el pueblo en armas quien defiende la ciudad de
Buenos Aires del atropello inglés. El poderío británico estaba en plena expansión a inicios del S.
XIX, la geopolítica de las invasiones inglesas se inscribe en la disputa por el control del
Atlántico Sur dentro de las viejas posesiones españolas en América.
Así es que, en 1806 y luego en 1807, los ingleses intentan ocupar Buenos Aires como parte de
este plan de dominio. La primera invasión -que también tuvo una heroica participación de
Güemes, tomando con una carga de caballería de 60 gauchos, un buque de guerra inglés
encallado en el Río – deja aprendizajes tanto a nosotros como a los ingleses, que regresaron sin
buenas formas, con 10 mil soldados, bajo el mando de una oficialidad muy experimentada.
Del lado criollo, se habían conformado las milicias populares, que incluían a gauchos, mulatos,
negros, mestizos, el bajo pueblo, el criollaje, los nacidos en estas tierras, pero también los
peninsulares (nacidos en España), todo un pueblo en armas.
En su marcha hacia la ciudad desde su desembarco en Quilmes, los ingleses destrozaban todo
a su paso, saqueaban, humillaban a enfermos, mujeres y ancianos. Otra vez la ciudad se
levantó en armas en defensa de su tierra y su lugar en el mundo, con todo lo disponible:
artillería, caballería, a cuchillo, con palos, troncos, agua y aceite caliente. El pueblo digno
defendiendo lo suyo con valentía y bravura. Poco después, llegaría la Independencia de
España.
Una de las más grandes epopeyas del mundo: el plan libertador de San
Martín
José de San Martín, nacido en Yapeyú -suelo correntino- en 1778, pasó solo parte de su niñez
en nuestra tierra, se educó y recibió formación militar en España. Allí, en el ocaso del imperio
español, participó de las guerras napoleónicas defendiendo España de la invasión francesa.
La invasión napoleónica a España y la abdicación del Rey, aceleraron la lucha por la
independencia en nuestra América, con la convicción de que, a rey depuesto, la soberanía
volvía al pueblo, y no a otra Corona. Así, la voluntad de ser independientes y libres se impuso
por sobre la opción de cambiar de amo, sean los franceses, los ingleses, o cualquier otro.
Con esa convicción emprendió el regreso a la Patria el General San Martín, junto a otros
oficiales criollos. Desembarcó en 1812, por poco (por el heroico Soldado Cabral) no pierde la
vida en el combate de San Lorenzo, bautismo de fuego del General y del Regimiento de
Granaderos en las Guerras de la Independencia, que liberó de ataques realistas la vía del
Paraná, nada menos.
La política de las nacientes Provincias Unidas del Rio de la Plata, estaba cruzada, como hoy,
por intereses en disputa de las potencias mundiales, especialmente Inglaterra, que veía en el
ocaso español una gran oportunidad para adquirir posiciones dominantes y que tenían sus
“alfiles” locales. Uno de ellos fue Bernardino Rivadavia, declarado pro inglés, quien intentó
boicotear todos los planes sanmartinianos, negándole el apoyo a la campaña del cruce de los
Andes, haciéndolo seguir, llegando incluso a intentar interceptar su viaje a Buenos Aires, para
apresarlo y detenerlo, cuando el Libertador viajaba a darle el último adiós a su esposa
Remedios. A posterior, será el primer endeudador serial de la argentina tomando una deuda
odiosa con la Baring Brothers y quien impida el regreso del general a la Patria, previo
fusilamiento de Manuel Dorrego, patriota y amigo de San Martín.
No sólo contra España y sus ejércitos realistas se enfrentó San Martín, sino contra estos topos
que desde dentro de nuestras propias filas, conspiraban contra nuestra verdadera libertad, a la
medida del nuevo ordenamiento mundial con preeminencia inglesa, traición que el padre de la
Patria no comprendió jamás y le provocaba una profunda amargura, que lo acompañó en sus
largos años de exilio hasta su muerte.
En un intento de sacarlo del medio, lo envían a reemplazar a Belgrano en el mando del Ejército
del Norte, que venía de duras derrotas frente a los españoles, a pesar de la heroica entrega de
los soldados y el pueblo. Sin embargo, San Martín cambia totalmente la estrategia, le encarga
a Martín Miguel de Güemes la defensa de la frontera Norte, y decide pasar a la ofensiva con
un Plan Continental, atacando a los españoles en el centro de su poder en Suramérica: Lima,
en el Perú.
Para ello, emprendió una epopeya inédita en la historia, el cruce de los Andes con el Ejército
libertador que el mismo formará, haciendo base en Mendoza, provincia en la que es designado
gobernador en 1814. Los tres diputados mendocinos enviados por San Martín al Congreso de
Tucumán en 1816, van con el mandato de impulsar y lograr la declaración de la independencia,
que finalmente triunfa el 9 de julio de 1816.
Somos ya una nación independiente, pero la hora era sumamente delicada para la empresa
independentista de Suramérica. En el Norte del continente, los realistas habían derrotado a
Bolívar y, en su avance hacia el sur, derrotaron a los patriotas chilenos y tomaron Santiago de
Chile, Es desde nuestras tierras sureñas, y de la mano de San Martín que se impulsó la libertad
de todo el continente.
El cruce inicia en 1817, en 6 columnas de 5 mil hombres, con un despliegue logístico
admirable, luego de una preparación minuciosa que incluyó inteligencia y distracción del
enemigo, tarea encargada sobre todo a mujeres patriotas que daban a los españoles falsos
lugares de cruce. En el ejército y la empresa sanmartiniana de libertad todos tenían un rol
que cumplir, mujeres, negros, pobres y ricos, pueblos originarios, quienes, por ejemplo, dieron
una invalorable solución a la alimentación del ejército con técnicas de conservación y
alimentos para soportar la altura. Además, el pueblo todo de la zona cuyana se comprometió
con la empresa San Martin, con donaciones y trabajo incansable durante 3 años.
En Chacabuco (1817), la batalla librada cambió la historia de América Latina, de la mano de
un brillante San Martín que ordena un ataque envolvente y del heroico ejército de los andes,
donde se destacan los infantes negros y mulatos, que luchaban también por su propia libertad.
Luego vinieron la derrota en Cancha Rayada y la heroica recuperación en Maipú, que selló la
definitiva independencia de Chile (1818). “La muerte es mejor que ser esclavo de los
maturrangos” le dice San Martín a su ejército en los momentos aciagos de los combates.
Desde Valparaíso y con libertad de Chile como bandera, parte el Ejército hacia Lima donde, al
llegar, San Martín ordena bloquear los puertos, neutralizando el posible desembarco de tropas
españolas. Al verse rodeadas y luego de arduas negociaciones, las fuerzas realistas se retiran y
dejan el camino libre a la independencia del Perú.
La deuda externa esclavizante: una lección de San Martín
Allí, previo al recordado abrazo de Guayaquil con Bolívar, San Martín fue designado Protector
de la Libertad del Perú en agosto de 1821. Como gobernante circunstancial de aquella tierra,
dicta un Estatuto Provisorio, que lo muestra en su gran valor también como estratega político,
un verdadero Libertador, en el que podemos mirarnos frente al contexto de terrible
condicionamiento que vivimos hoy los argentinos. En el primer artículo adicional, dictamina
San Martín: “Animado el gobierno de un sentimiento de justicia y equidad, reconoce todas las
deudas del gobierno español, que no hayan sido contraídas para mantener la esclavitud del
Perú, y hostilizar a los demás pueblos independientes de América”.
El estratega que lideró una de las más grandes hazañas de la historia militar, fue además un
lúcido líder político, que se adelantó con esta doctrina, a otros planteos que surgieron
respecto de las deudas externas “odiosas”. En el juego de predominio mundial, o se controla
con ejércitos invasores, o se controla por endeudamiento. Ayer y hoy.
La deuda externa argentina, especialmente los 65 mil millones de dólares que debemos al FMI
es el principal instrumento de control sobre el país, nuestro pueblo -que es sometido a un
brutal ajuste- y sobre sus recursos naturales, cada vez más codiciados.
San Martín nos deja varias lecciones en su campaña de libertad, de verdadera libertad,
primero, el orgullo de ser argentinos, con la frente en alto protagonizamos una de las
epopeyas más grandes de la historia, así como antes repelimos a los ingleses y como después
los volvimos a mandar a casa en la Vuelta de Obligado y no nos doblegamos en nuestro
reclamo por Malvinas.
Nos enseña también que no hay fuerza capaz de detener a un pueblo resuelto a ser libre, y nos
deja una visión estratégica y libertaria para enfrentar el principal instrumento de dominación
que provoca el saqueo de lo nuestro, y el empobrecimiento de nuestro pueblo: la odiosa
deuda externa, otorgada en violación abierta de los estatutos del FMI, con FINES PURAMENTE
POLÍTICOS Y COLONIALES. Si, digámoslo con todas las letras, la deuda externa argentina es
impagable, y ha sido otorgada para tener control sobre nuestras riquezas: minerales, reservas
de agua, petróleo y gas no convencional, tierras raras. La Geopolítica de este proceso nos
encontrará con la enorme tarea de defender nuestra integridad territorial y recursos,
mirando hacia nuestro propio pasado emancipador y hacia el Sur geopolítico que, por
ejemplo, en África, encuentra algunas fuertes luchas por la emancipación frente a los
“neocolonialismos”.
Por Sindicato Luz y Fuerza de Córdoba