La guerra de los opuestos

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El presidente Javier Milei no gobierna: ataca. Y lo hace con la lógica de quien no reconoce adversarios políticos, sino enemigos a exterminar. Sus palabras, sus decretos y sus omisiones conforman una declaración de guerra abierta contra quienes no comulgan con su ideología ultraliberal, entreguista y profundamente antidemocrática.

La ofensiva no es metafórica. Se manifiesta en hospitales desfinanciados, en jubilados humillados, en medicamentos inaccesibles y en instituciones científicas desmanteladas. El Garrahan, el INTA, la CONEAU, el ARSAT, el INTI: todos bajo ataque, como si la soberanía del conocimiento y la salud pública fueran obstáculos a eliminar. La industria nacional se ahoga ante una apertura importadora salvaje que beneficia a pocos y arruina a miles.

En simultáneo, se intenta pulverizar el entramado constitucional: atropello al Congreso, legisladores cooptados, y una Corte Suprema al servicio del poder económico más concentrado. El Estado de derecho, en la Argentina de Milei, es solo una sombra amparada por una justicia cómplice y represora.

Frente a esto, la respuesta institucional parece tibia. Se debate ley por ley mientras se pierde el país por tramos. Se cree que se puede negociar con quien vino a dinamitar todo. Pero la historia enseña que frente al exterminio político y social, la única respuesta posible es la organización, la movilización y la reconstrucción de un proyecto nacional.

Por eso, el llamado no es solo a votar –aunque también lo es, por Fuerza Patria, por la soberanía y la dignidad–, sino a refundar una dirigencia capaz de parecerse al pueblo. Humilde, honesta, luchadora. No hay lugar para especuladores ni calculadores de encuestas cuando la patria arde.

Y que quede claro: esto va más allá de peronismos, kirchnerismos o etiquetas. Mientras haya presos políticos como Milagro Sala o Cristina Fernández, mientras se persiga a quienes alzan la voz, no hay democracia plena. Hay que decirlo con todas las letras: Milei es un lacayo del poder imperial. Su proyecto es el del coloniaje, y su mandato, la entrega.

Hoy más que nunca, la consigna es clara: luchar es la única forma de vencer. Y vencer, es recuperar la patria.

Por Jorge Rachid

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