Mientras el discurso libertario insiste en reemplazar el financiamiento público por “mercado puro”, la trayectoria de Bruno Stagnaro muestra que el cine argentino moderno nació y creció gracias al INCAA; recortar su presupuesto es clausurar las condiciones que hicieron posibles Guarisove, Pizza birra faso, Okupas y hoy la esperada adaptación de El Eternauta.
Bruno Stagnaro nos dio ‘Pizza, birra, faso’, ‘Okupas’ y ‘El Eternauta’. Creo que ya es hora de reemplazar el obelisco por una estatua suya. pic.twitter.com/ucAZdQE5Bm
— Marian Herrera (@marianherrrera) May 1, 2025
En 1987, con apenas catorce años, Stagnaro integró el elenco de Debajo del mundo. Aquel recorrido juvenil plantó la semilla de un realizador que, siete años después, presentó Guarisove, los olvidados al concurso Historias Breves del INCAA. El corto, estrenado en 1995, expuso a dos pelotones varados en las Islas Malvinas sin saber que la guerra ya había terminado, y reveló un pulso narrativo que el mercado privado todavía ignoraba.
Esa apuesta pública se consolidó con Pizza, birra, faso (1998): el INCAA y la cooperativa Palo y a la Bolsa Cine invirtieron apenas 300 mil dólares en un largometraje que retrató la marginalidad porteña sin golpes bajos ni estereotipos. El filme cosechó Cóndor de Plata, Clarín y premios en Toulouse, Gramado y Mar del Plata, demostrando que el subsidio estatal no es gasto sino inversión cultural de alta rentabilidad simbólica.
Fuente: Politica Argentina



