La primera medida adoptada por la Junta tras el triunfo revolucionario del 25 de mayo fue el envío de una circular al interior -firmada por Moreno– comunicando su instalación y sus propósitos. Allí se anunciaba un Congreso General del Virreinato y el envío de una expedición de 500 hombres como apoyo militar.
Posteriormente se procede a realizar una nueva organización de las tropas, se crea el Semanario Oficial La Gaceta de Buenos Aires y se enfrenta el primer problema político grave: Montevideo desconoce la autoridad de la Junta.
La Junta responde expulsando a Cisneros y a los oidores (remitidos a España el 22 de junio) acusados de intentar instalar una nueva corte virreinal en Montevideo. También reemplazará a los capitulares del Cabildo el 17 de octubre, que serán desterrados y sometidos a una severa vigilancia; aquí triunfa la postura de Saavedra pues Moreno propone directamente fusilarlos.
Se funda la Biblioteca Pública de Buenos Aires y la situación política se torna más grave. Desde Montevideo se ordena el bloqueo de Buenos Aires y el litoral occidental del Río de la Plata. El objetivo era claro: cerrar la fuente principal de recursos de la junta revolucionaria.
Moreno pone en marcha, entonces, el Plan de Operaciones (documento “curiosamente” ocultado por Mitre, pues rompe el estereotipo del abogado liberal pro británico e institucionalista) que contiene no sólo medidas económicas de corte sumamente progresista sino, sobre todo, la necesidad de ejecutar a todos los conspiradores y tomar cuantas medidas extraordinarias hicieran falta para garantizar el orden público.
Es en este contexto que debe entenderse el fusilamiento de Liniers en Córdoba, las confiscaciones de bienes de los ausentados y las fuertes penas para quienes produjesen correspondencia conspirativa.
La revolución en el interior
Comienzan a llegar a Buenos Aires las noticias de una enconada resistencia a los dictados de la Junta por parte de Córdoba y el Alto Perú. Se forma, entonces, un ejército de más de mil hombres que el 7 de julio se pone en marcha con destino al Alto Perú.
En este momento Liniers -ya al frente de los contrarrevolucionarios- se propone reunir en Córdoba la mayor cantidad de cañones, pertrechos de guerra y milicias para retirarse al Alto Perú y unirse a los comandantes españoles.
Castelli le dará alcance en la posta de Cabeza de Tigre en las inmediaciones de Cruz Alta donde lo fusilará -junto a otros- cumpliendo la orden emanada de la Junta.
El ejército patriota al mando de Balcarce, pese a ser rechazado en primera instancia en Cotagaita, logrará una importante victoria en Suipacha ayudado por los refuerzos salteños al mando de Güemes. Este triunfo será central pues favorece la sublevación en Potosí, en Charcas y en La Paz. Castelli y Balcarce son recibidos como héroes en todas las ciudades. Castelli cree necesario continuar la expedición hasta Lima para concluir la guerra y mantener la unidad del territorio. La Junta no se lo permite. Esta inactividad permitirá a los realistas, al mando de Goyeneche, ir rearmando las fuerzas peruanas. Por otra parte, algunas medidas antirreligiosas inspiradas por Monteagudo, sumadas a la inactividad de las tropas fueron esmerilando la autoridad de Castelli a quién comenzó a acusarse de hereje.
A principios de septiembre de 1810 Moreno dispone realizar una expedición a Paraguay al mando de Manuel Bel grano. Este obtiene la victoria en Campichuelo pero es derrotado por las muy superiores fuerzas del general Velazco en Paraguay.
El proceso político militar hasta la caída del Primer Triunvirato en 1812
Tras conocerse en Buenos Aires la noticia de la victoria de Suipacha los oficiales del cuerpo de Patricios organizaron una fiesta en honor de Saavedra. Moreno responde lanzando el decreto de supresión de honores del 6 de diciembre para tratar de exponer públicamente las ambiciones de Saavedra acusándolo de llevar adelante una campaña
para coronarse como nuevo monarca de estas tierras. Saavedra, por su parte, acusaba a su enemigo de querer separarlo de los cargos para los que había sido electo.
El 18 de diciembre se incorporan los diputados del interior. Moreno se opone de forma y de fondo a la integración de la Junta Grande (no cree en un gobierno hegemonizado por provincianos) y presenta su renuncia.
La Junta lo designa agente en Londres. Su misión sería adquirir armas. También le dio poderes para viajar a Brasil a realizar gestiones para impedir un avance portugués en la Banda Oriental.
Moreno inició su viaje el 24 de enero de 1811 en el buque de guerra inglés Misletoe que lo trasbordó a la fragata inglesa Fama. El viaje fue penoso, el joven ex secretario de la Junta cayó enfermo. El capitán -no había médico a bordo- le administró un emético y pese a su pésimo estado general, no aceptó llevar el barco a la costa de Brasil para atenderlo. Moreno murió tras padecer tres días de terribles convulsiones, el 4 de marzo de 1811, a la altura de la isla Santa Catalina.
Si bien no hay pruebas oficiales de un envenenamiento, unos días antes del viaje su esposa, Guadalupe Cuenca, recibió un ajuar funerario negro en su domicilio con un cartel que indicaba “pronto lo necesitará”.
La muerte de Moreno significará un paso atrás en el proceso revolucionario pues se pierde con él la figura más dinámica y con el proyecto más claro desde el punto de vista ideológico.
La Junta Grande sigue entretanto con su gestión. Dicta dos importantes medidas: el 20 de abril el decreto de libertad de imprenta y, en septiembre, la sanción de la supresión de los tributos indígenas.
El 12 de enero de 1811, el ex gobernador de Montevideo Francisco Javier de Elio llega a esa ciudad con el título de Virrey de Buenos Aires conferido por el Consejo de Regencia. Viene acompañado de dos fragatas, 700 hombres, artillería y armas para reducir a la Junta rebelde. En Buenos Aires se lo califica de tirano y Elio declara la guerra a Buenos Aires.
Frente a esta circunstancia José Gervasio Artigas cruza el Uruguay y, al mando de sus blandengues, se pone al servicio de la Junta de Buenos Aires. Esta lo nombra teniente coronel y manda traer a Belgrano de Paraguay para nombrarlo comandante de la Banda Oriental. Mientras tanto, Elio, pide tropas portuguesas para proteger Montevideo. Artigas triunfa en la batalla de Las Piedras y es ascendido a coronel. Comienza el sitio de Montevideo.
Como represalia, el 15 de julio Elio ordena el bombardeo de Buenos Aires. Hacen aquí su aparición los hábiles diplomáticos británicos -como Lord Strangford- quienes actuarán como mediadores para lograr el levantamiento del sitio. Mientras Elio responde favorablemente a la mediación, Buenos Aires la rechaza altivamente el 18 de mayo.
La muerte de Moreno no había disgregado al grupo morenista. Saavedra creía que su sola ausencia bastaría para eliminar la potencia revolucionaria del grupo jacobino que lo acompañaba. Se equivocaba. El morenismo era una forma de entender la revolución y no había concluido con la muerte de este. La prédica del morenismo para profundizar la revolución, sumada a las enormes contradicciones políticas y militares permitirá que emerja un movimiento que la historia ha llamado Revolución del 5 y 6 de abril de 1811.
Este movimiento integrado por orilleros, quinteros y arrabaleros a caballo se juntan en diversos lugares de la periferia de la ciudad, era el pueblo bajo y medio que buscaba sustituir a la Junta por el gobierno único de Saavedra y limitar la influencia del morenismo encarnado en French y Berutti. Este grupo entrega un petitorio al Cabildo y frente a la negativa de Saavedra de aceptar el mando exige y logra la separación de Vieytes, Azcuénaga, Larrea y Rodríguez Peña.
En este contexto llega a Buenos Aires la terrible noticia: el general español Goyeneche avanza victorioso hacia el sur. La noche del 19 al 20 de junio de 1811 se producirá la batalla de Huaqui, una terrible derrota de Castelli y Balcarce que va a provocar levantamientos en las poblaciones altoperuanas. Se ordena a Castelli y Balcarce que vuelvan a Buenos Aires y se nombra a Rivero general en jefe. Este deleznable traidor se presenta en Sipe-Sipe y se pasa, con armas y bagajes, al bando enemigo.
El desastre de Huaqui, el bombardeo de Buenos Aires por las tropas de Elio y el avance portugués en la Banda Oriental llevan a Buenos Aires a enviar a Saavedra al norte el 26 de agosto para tratar de constituir un gobierno más apegado a las tradiciones locales y opuesto al realizado por Castelli-Monteagudo.
Entre tanto, Buenos Aires vuelve a ser bombardeada el 19 de agosto. La ausencia de Saavedra y la debilidad del morenismo, favorecerá que los sectores tradicionales de la sociedad porteña (clérigos, propietarios y comerciantes) puedan imponer la creación de un Triunvirato que -con el supuesto objetivo de reducir el gobierno a pocas manos- en realidad esconde que ahora es la clase superior la que toma el control del estado. Se firma un convenio en el que Paso, Sarratea y Chiclana son designados triunviros. Uno de los secretarios será Bernardino Rivadavia.
Rivadavia será un personaje central del primer Triunvirato. Figura encumbrada de la burguesía mercantil porteña, se transformará en el hombre de paja ideal que necesitaría el imperialismo británico para ir anudando los lazos del vasallaje semicolonial.
El objetivo central de Rivadavia era prescindir de las provincias y no dejará de ocupar espacios de poder hasta la caída del gobierno el 8 de octubre de 1812. La “obra orgánica” del Triunvirato estará constituida por las llamadas “reformas” que, en la mayoría de los casos no pasaron del papel como, por ejemplo, el Reglamento de Justicia o el decreto de seguridad individual.
En materia económica se libera el comercio de importación y se crea la Lotería Nacional para aumentar las entradas del Estado. Uno de los principales núcleos opositores a Rivadavia será la Sociedad Patriótica que disgustaba permanentemente al Secretario con sus pedidos de convocatoria a la Asamblea General.
La Sociedad Patriótica reunirá los restos del disperso morenismo y articulará sus acciones políticas e ideológicas con el recién llegado José de San Martín.
¿Quiénes hicieron la Revolución de Mayo?
¿Fue la llamada “gente decente” o fueron los “chisperos” de la plaza? La “gente decente” que votó para que el virrey continuase fueron: José Martínez de Hoz, José Ignacio de la Quintana, Juan Ignacio Ezcurra, Juan Andrés de Arroyo, Juan de Almagro, José María de las Carreras, Ramón de Oromí, Juan Fernández de Molina, Manuel del Cerro Sáenz.
Los “chisperos” de la plaza fueron los verdaderos protagonistas de la revolución.
Ellos eran: Domingo French: cartero. Repartía correspondencia en Buenos Aires. La administración de Cisneros le pagaba medio real por cada carta o pliego entregado en mano o a domicilio. Partidario de Mariano Moreno, a quien llamaba “el sabiecito del sur”, Antonio Luis Berutti: empleado estatal. Se desempeñaba en las cajas de tesorería. Agustín Donado: trabajador gráfico. Trabajaba en la imprenta de Niños Expósitos. Para la convocatoria del Cabildo del día 22, imprimió tarjetas en exceso para repartir a los amigos de la revolución. Juan Manuel Aparicio: sacerdote. De pistola al cinto, incitaba las controversias con los fieles en plena misa, a manera de tribuna política. Grela: fraile dominico, más tarde figuró en el grupo agitador de patriotas de French y Berutti. Dejaba su convento por convicciones políticas. Vicente Dupuy: asiste al Cabildo en calidad de vecino y como integrante del grupo de «manolos» que constituían la Legión Infernal Luego, soldado de San Martín. Buenaventura Arzac: según el virrey: “un Arzac que no es nadie”. Francisco Mariano Orma: simple vecino. Felipe Cardoso: Capitán de blandengues en Montevideo. Partidario de Mariano Moreno. Fue desterrado a Santa Fe luego del 5 y 6 de abril de 1811. Más tarde artiguista. Francisco Pancho Planes: abogado. Fue el único voto del día 22 que exigió el ajusticiamiento del Virrey Cisneros, por la represión feroz ocurrida en La Paz en 1809. Totalmente silenciado, fue uno de los más activos.
Por: Maximiliano Molocznik.


