La Revolución de los claveles y un amigo

image
Share on facebook
Facebook
Share on pinterest
Pinterest
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn
Share on email
Email

A las 00:25 del jueves 25 de abril de 1974, por la radio católica Renascensa se escuchó en Portugal la canción “Grândola, villa morena”, que comienza así: “Grândola, villa morena, tierra de fraternidad, el pueblo es quien más ordena dentro de ti”.

La canción, que había sido prohibida por el dictador António de Oliveira Salazar, era una señal esperada en los cuarteles.

Fue el inicio de un movimiento militar y popular que puso fin a una tiranía de casi medio siglo. Miles de civiles salieron a las calles en varias ciudades y se unieron a los sublevados. Un año después, se realizaron la primeras elecciones democráticas.

Aunque la policía del régimen mató a cuatro civiles, el denominado Movimiento de las Fuerzas Armadas no provocó víctimas.

Tuve el privilegio de conocer en Lisboa a varios militares –tenientes, capitanes y un coronel– que participaron en la pueblada. Muchos de ellos eran universitarios y habían servido en las colonias de Angola y Mozambique, de las que no lamentaron retirarse.

Algunos de esos oficiales se hicieron cargo de la edición portuguesa de la revista Cuadernos del Tercer Mundo, de la que fui redactor y corresponsal durante 16 años. Ellos se encargaron de distribuirla en las ex colonias de Angola, Mozambique, Cabo Verde y Guinea-Bissau.

De ese grupo, tuve un amigo: el ex teniente Carlos Pinto Santos.

Miembro de una familia acomodada, un día de 1967 –a los 23 años– desertó del ejército. Se llevó armas, municiones y granadas del cuartel, las entregó a un grupo anti fascista y huyó a Bélgica.

Después se exilió en Francia. Cuando el 25 de abril de 1974 estalló la Revolución de los Claveles, tomó un avión rumbo a Lisboa, dejó atrás una casa en París, una librería y un amor, se armó con un fusil y se unió al Movimiento de las Fuerzas Armadas.

Se hizo periodista y corresponsal de Cuadernos del Tercer Mundo. Viajó como enviado a Libia, Irak, Vietnam, Kampuchea, Nicaragua y las ex colonias portuguesas en África. Escribió libros y ganó premios.

Nos conocimos en 1981 en Lisboa. Viajamos a Bagdad, volvimos a vernos en México, Managua y Río de Janeiro, la última vez en 1995 o 1996. Compartimos en tres países horas en avión, helicópteros y camionetas. A pesar de todo lo que había vivido, los kilómetros que había recorrido y todo lo que tenía para contar, era un tipo de una modestia increíble.

Carlos Pinto Santos falleció el 22 de marzo de 2022, un mes antes del aniversario de la Revolución de los Claveles, el acontecimiento que lo sacó del exilio y lo convirtió en uno de los mejores periodistas que conocí.

Por Roberto Bardini

Scroll al inicio