Que a una mujer líder del Movimiento Peronista le prohíban ingresar a los Estados Unidos es motivo de orgullo y hace honor a nuestros ideales profundamente antiimperialistas.
En primer lugar cabe destacar que la decisión no la toma el pueblo norteamericano sino un plutócrata que en este minuto de la historia actúa como presidente de esa nación.
Lo nuestro, lo verdaderamente peronista es Tercera Posición, nacimos hace 80 años de manera nada casual a la vida política como fuerza revolucionaria enarbolando la consigna “Braden o Perón”.
Hace 80 años la alternativa fue que se imponga la voluntad opresora yanqui o nuestro derecho a ser una nación soberana.
“Prefiero ser un desconocido en su país a ser un hijo de puta en el mío. Aquí, al que hace algo así se lo llama son of a bitch, como dicen ustedes”, fueron las palabras de Perón para despedir al Embajador Braden rechazando la propuesta de convertirse en cipayo como seguramente hubiera aceptado con mucho gusto Milei.
En los tiempos que corren ya no hace falta que actúe el embajador de los Estados Unidos en nuestro país, es el propio presidente argentino el que hace de vocero del gobierno estadounidense.
Hace tiempo que el “gran” país del norte se ha convertido en un estado criminal, la sangre derramada en Afganistán, Irak y en otros teritorios del mundo lo condenan, muerte y saqueo de recursos ajenos es el símbolo más oprobioso de la corrupción asesina.
Cristina lo denunció ante las Naciones Unidas, algo que no le perdonarán jamás, como el de formar parte de un “hecho maldito” llamado Peronismo al que es preciso combatir hasta su eliminación.
Trump, Rubio, Milei, los peronistas asumimos con orgullo la decisión que ustedes celebran, seguiremos predicando la unidad de Nuestra América y el universalismo fraternal y cooperativo.
El Peronismo y sus ideales sigue siendo una muy seria opción para la salvación de un mundo en crisis.
Por Héctor Amichetti



