Sandino

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Alguien escribió este epitafio en su tumba: “Aquí yace el soldado montaraz. La guerra lo hizo. Lo mató la paz”.

En la noche del 21 de febrero de 1934, miembros de la Guardia Nacional de Nicaragua dirigida por Anastasio Somoza fusilaron a Augusto César Sandino y a dos de sus generales al salir de una cena con el presidente Juan Bautista Sacasa.

Sandino y su Ejército Defensor de la Soberanía Nacional habían combatido sin tregua a las fuerzas invasoras estadounidenses hasta lograr que abandonen Nicaragua hacia fines del año ’32.

Con enorme grandeza el “General de Hombres Libres” aceptó la paz y aquella cena en el Palacio presidencial “La Loma” con el liberal Sacasa daba fe de ello, lo que jamás aceptaría era desarmar a su valeroso ejército guerrillero.

Somoza diría que la orden de matarlo vino del embajador de los Estados Unidos Arthur Bliss Lane, un par de años después, con el apoyo estadounidense, el jefe de la Guardia Nacional encabezaría una dictadura familiar que se prolongó por más de cuatro décadas, hasta que en el nombre de Sandino el pueblo nicaragüense la hizo sucumbir.

“Nosotros iremos hacia el sol de la libertad o hacia la muerte; y si morimos, nuestra causa seguirá viviendo. Otros nos seguirán” había sido la sentencia premonitoria del gran patriota nuestroamericano

Por Hector Amichetti

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