Oscar Smith: Presente!
Instalada la dictadura y en vigencia de la Ley de Seguridad Industrial que impedía la realización de cualquier medida de fuerza que pudiera adoptar tanto la parte laboral como empresaria, solo de ésta manera se podría llevar implantar un plan de desmantelamiento del Estado nacional, como el diseñado por el Ministro Martinez de Hoz.
Las Fuerzas Armadas serán las encargadas de “custodiar” su planificación, haciéndose cargo del secuestro y exterminio de cualquier resistente al proceso de colonización imperante.
La anulación de algunas cláusulas de los convenios colectivos de trabajo había echado por tierra la participación cogestionaria y autogestionaria, como la participación de los sindicatos en la designación del personal en Servicios Electricos del Gran Buenos Aires –SEGBA-. Una maravillosa experiencia llevada adelante por 900 días. Y planificada desde el Sindicato de Luz y Fuerza.
La dirección de la empresa había estado en manos de los trabajadores, dándose por concluída la ingerencia directa del Banco Mundial en designar al vicepresidente ejecutivo de la misma, por convenio multilateral firmado por la anterior dictadura. O sea que, el control del funcionamiento de una industria clave para el desarrollo nacional, venía de estar en manos del imperialismo.
Por 900 días se implementó un plan en función social a través del cual la energía electrica pudo llegar donde se lo había impedido. En tercer lugar, se generó una política tendiente a superar el deterioro generado en determinados niveles sea por ineficiencia y o corrupción.
La organización de SEGBA quedó esquematizada a traves de un directorio de carácter de comité autogestionario, un consejo de gerencia con participación de un integrante por cada una de las gerencias, y un consejo de sección con representante por secciones. La mitad de los miembros del comité de autogestión, como de los consejos, eran nombrados por la empresa, y el resto por decisión de de los trabajadores. Los representantes de los trabajadores eran elegidos juntamente con las autoridades sindicales por medio de las mismas listas, salvo los delegados de los consejos, que se realizaban mediante asambleas.
Significó una programa de reaseguro económico de marcado tinte antimperialista.
FUE UNA GESTIÓN EFICÁZ E INTOLERABLE para los usurpadores del poder. La ofensiva militar tendrá por respuesta del sector avasallado, movilizaciones y distintas medidas de fuerza que hacia el mes de octubre de 1976 concluyen en despidos masivos que incluyen a sus principales dirigentes obreros, entre ellos el titular capitalino Oscar El Gato Smith.
Al salir en libertad, por falta de mérito, se pronunciarán públicamente mediante solicitadas dando a saber que el conflicto, del que no se desentienden “es ajeno a cualquier acción subversiva”
La canalla militar decidirá la extensión del horario laboral en el sector, pasando a sumar 42 horas en vez de 32. La dirigencia gremial declara “el trabajo a tristeza”, y se producen apagones en grandes lugares del Gran Buenos Aires. Smith no esquivó el diálogo frontal con las autoridades ilegítimas, tratando de hacer prevalecer los justos reclamos.
Cuando el gato Smith, como lo hacía diariamente, se traslada desde su domicilio en su vehículo hacia el Sindicato, a metros de la Avenida Mitre a la altura del puente Sarandí, el 11 de febrero de 1977, fue interceptado por un grupo de tareas que lo balea y secuestra, permaneciendo a la fecha como Detenido Desaparecido.
Recordarlo y seguir reclamando justicia, debe ser también reivindicando su lucha y su participación en aquella experiencia ejemplar protagonizada por los trabajadores de Luz y Fuerza a partir del liderazgo progresista de sus dirigentes.
Por Daniel Parcero



