La historia política argentina sabe de fraude y también de proscripción.
Proscripción impuesta por dictaduras y consentida por una partidocracia política complaciente con el sistema de poder antidemocrático como lo demuestran la elección del ’58 que consagró a Frondizi a pesar del masivo voto en blanco, la del ’62 que ganó Framini como el gobernador que nunca pudo asumir y la del ’63 que hizo presidente a Illia por voluntad de una minoría.
Ahora aparece algo nuevo, 144 diputados del parlamento votan de manera directa y desvergonzada la proscripción.
Bajo una apariencia electoral democrática, el sistema de poder está cerrando el círculo para terminar de destruir la democracia.
Hace falta una construcción política revolucionaria y no meramente electoralista para rescatar y profundizar la democracia.
El desafío es acabar con el sistema de poder que gobierna de facto a través de sus peones en la partidocracia política.
Por Héctor Amichetti



