Se cumplen 57 años de la inesperada partida, tras un accidente de tránsito, de Amado Olmos, el combativo secretario general de la Federación de Trabajadores de la Sanidad, olvidado y negado por el claudicante sinvergüenza, cararrota y excelentísimo burócrata, Daer.
Volviendo a Olmos. Fui a la búsqueda de apuntes sobre escritorios y mesas de mi estudio.
Poco antes de morir, Olmos expresaba “…Quienes pretenden desdibujarnos, quienes quieren complicarnos con el régimen y convertirnos en otro apéndice del mismo, esos no pueden estar a nuestro lado, esos no pueden llamarse peronistas.
Las banderas de la Soberanía Política, la Justicia Social y la Independencia Económica, las salvamos nosotros, los trabajadores, cuando toda una clase de dirigentes las habían abandonado. Ese es nuestro mérito histórico (…) Aquí tenemos que dividirnos entre los entreguistas y los que no queremos entregarnos. Entre los que están con el imperialismo y los que somos antimperialistas; entre los que queremos el país y los que están contra el país”.
Y encontré otra: “Los trabajadores no queremos soluciones de arriba… Queremos el sindicalismo integral, que se proyecte hacia el control del poder, lo cual asegura el bienestar del pueblo todo” .
Van cumplirse 57 años, ahorita en marzo, de que en el Congreso del movimiento obrero, denominado “Amado Olmos” –justamente en homenaje al reciente fallecimiento entonces del inclaudicable dirigente-, tras la fractura cegetista, surgiera una conducción con identidad de clase, capaz de elaborar un programa y plan de lucha a la altura de las circunstancias. Programa, el de la CGT DE LOS ARGENTINOS, aún vigente, de una lucha aún inconclusa.
No por casualidad, aquella dirigencia supo reagruparse junto a estudiantes, sectores y clases medias, y también a aquellos sacerdotes en compromiso terrenal con el prójimo.
57 años. Y tenemos paradigmas donde mirarnos, y salir de la crisis dando pasos certeros hacia adelante. Que buen momento en medio de la vigente tragedia argentina, para actualizar nuestra memoria, y recuperar la Patria.
Por Daniel Parcero



