Los delirios del defacto

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En la canción de Almafuerte que lleva este título se expresa indignación y dolor por lo ocurrido durante la última dictadura. ¿Por qué recordar esto hoy, en plena vigencia de la democracia? Al menos en la apariencia formal.

Un denominador común en los gobiernos de facto, en general entregados a los poderes extranjeros, es la supresión del poder legislativo representativo. No suprimen el poder Judicial por razones de garantizar un mínimo de orden y porque generalmente tienen controlado dicho poder.

Culmina el año legislativo y el resultado es menos que pobre, habiendo logrado el Poder Ejecutivo neutralizar el accionar del Congreso sin haberlo suprimido.

A partir del decreto 70/23, que tanto daño ha causado, el ordenamiento legal ha sido determinado por DNUs y vetos a las leyes sancionadas con amplias mayorías.

Se anularon así un magro aumento a los jubilados o el incremento presupuestario para las universidades nacionales a pesar de multitudinarias marchas.

Al mismo tiempo, a pesar de haber excluido a Aerolíneas Argentinas del listado de empresas a privatizar durante la sanción de la Ley Bases, el Poder Ejecutivo, incumpliendo los compromisos que contrae, insiste con su privatización.

Con una minoría disciplinada en la Cámara de Diputados el gobierno logra controlar al Congreso de una manera menos cruenta que durante la dictadura pero con gran efectividad. El accionar se complementa con una Justicia Federal adicta que colabora con la persecución de referentes del campo nacional.

Todo ello se complementa con el sistemático hostigamiento en las redes sociales, donde tienen inversores que garantizan grandes sumas para mantenerlas.

¿Cómo reaccionar? En una visión crítica de lo que ocurre en el campo nacional, Pablo Moyano ha reclamado mayor participación de emergentes populares en espacios de poder: “un negro en el gobierno”. Claramente el problema es de clase, pero también de la geocultura.

Juan Grabois ha comentado la razón por la que en el gobierno de Alberto Fernández Fernanda Miño no podía asumir como secretaria en el Ministerio de Habitat: “no le da el physique du role”.

El movimiento nacional debe asumir su carácter popular reconociendo mayor participación a los dirigentes populares, la que es imprescindible para lograr la reivindicación de derechos, superando los criterios elitistas que impone el establishment.

Es muy importante que en la confección de las listas para las próximas elecciones se abra un juego hacia abajo que permita oxigenar las mismas.

Por Eduardo González

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