Arturo Jauretche nació el 13 de noviembre de 1901, en la localidad de Lincoln, a 350 kilómetros de la ciudad de Buenos Aires.
Desde su infancia hasta su adolescencia estuvo vinculado al Partido Conservador, por influencia del padre que era dirigente local de ese partido.
En su juventud, salió hacia Buenos Aires con la ambición de seguir la carrera de abogacía y, según él mismo confesará años después, ya tenía un marcado y profundo sentido de su vocación política y social, y una atracción muy fuerte hacia la literatura.
Su vida de estudiante fue muy agitada: “Actué en la Reforma Universitaria, pero no de intelectual, sino de combatiente. Por eso fui suspendido dos años como estudiante secundario, y dos como universitario…”. A pesar de ello, llegó a recibirse de abogado, años más tarde.
Entre 1925 y 1926, en conversaciones con gente del APRA peruano, y el encuentro con Homero Manzi, Jauretche ingresó al radicalismo. Según Ernesto Sábato, “Jauretche había pasado del fogón a la mesita de mármol en que Homero Manzi soñaría sus elegías porteñas. Y así como Enrique Santos Discépolo elaboró, en esa misma mesa, su existencialismo, Jauretche fue construyendo de a poco su filosofía de la historia entre dichos y sucedidos, conservando la ironía socarrona del paisano”.
El comienzo de lo que se llamó la “Década infame” (iniciada por la revolución del 6 de setiembre de 1930) fue fundamental para la vida de Jauretche.
La dictadura uriburista provocó “la resistencia radical”, expresada en diversos movimientos cívico-militares que se produjeron entre 1931 y 1934. El ala más intransigente, fiel a Yrigoyen, integró el “Movimiento de continuidad jurídica” y ahí estuvo Jauretche.
1933, participa en el levantamiento cívico militar en Paso de los Libres, Corrientes. De este acontecimiento surgirá su primera publicación “El Paso de los Libres”. En ella narra las andanzas de Julián Barrientos, en verso, al estilo del Martín Fierro. La primera edición apareció prologada por Borges, quien reconoció su valor literario.
Para este momento, Jauretche ya está muy influenciado por el pensamiento de un amigo extra partidario, Raúl Scalabrini Ortiz, quien lo lleva a la Revista Señales, desde donde lanzaron su ofensiva antiimperialista.
En la misma época, el 29 de junio de 1935, en un local de Corrientes 1778 nació FORJA (Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina) sigla inspirada en las que fueron palabras de Hipólito Yrigoyen “Todo taller de forja parece un mundo que se derrumba…”. La consigna fue “Somos una Argentina colonial: queremos ser una Argentina libre”. La declaración constitutiva, redactada por Arturo Jauretche, denunciaba “la lucha permanente del pueblo en procura de su soberanía (…) contra las oligarquías como agente de los imperialismos” (…) y convocaba a “la nueva emancipación, que solo puede realizarse por la acción de los pueblos (…)
Con el advenimiento de la segunda guerra mundial, FORJA se inclinó por la
neutralidad, porque entendía que ésa era, en realidad, una lucha interimperialista.
Así llegó el golpe militar del 4 de junio de 1943, y los militares, en política exterior, reafirmaron la neutralidad, y tomaron medidas nacionalistas.
Los forjistas ven probable un acercamiento, que recién se hará posible en setiembre de 1943 cuando comience a funcionar la Secretaría de Trabajo y Previsión. (Ya en agosto había existido una reunión entre Perón, Jauretche y Manzi).
Producido el 17 de octubre de 1945, FORJA se disolvió (el 15 de diciembre) por entender que la mayoría de sus miembros coincidían en pensamiento y acción con el gobierno popular en marcha.
Al comenzar el gobierno peronista los hombres de FORJA se dispersaron y ya no volverán a reunirse. El gobierno de Domingo A. Mercante asignó a Jauretche la presidencia del Banco de la Provincia de Buenos Aires, que siguió los lineamientos de la política económica de Miguel Miranda: y en 1950, renunció a su cargo.
Para esta época, Jauretche, lo mismo que Scalabrini Ortiz, ya no están totalmente de acuerdo con el giro que ha tomado el peronismo. Don Arturo pasará tres años, de 1952 a 1955, en un prudente repliegue político, aplaudiendo los aciertos y reservándose sus críticas, ante el temor de ser usado por el antiperonismo.
Pero más allá de sus diferencias con el peronismo, volvió a la lucha inmediatamente después del golpe del 16 de setiembre de 1955.
En 1957, apareció su libro “Los profetas del odio”, donde refuta a Martínez Estrada, Borges, Irazusta y Santander, por sus erróneas caracterizaciones del peronismo.
En 1957, regresa al país. Desde la revista “Qué”, cuyo director es Rogelio Frigerio, aboga por el voto a Frondizi en las elecciones del 23 de febrero de 1958, táctica en la que coincide con las directivas frentistas de Perón, desde el exilio.
Prefiere, trabajar en la lucha ideológica, comenzando sus aportes a través de los libros. En 1958 publicó “Ejército y Política”, en 1959 escribió “Política Nacional y Revisionismo Histórico”. En 1960 lanzó “Prosa de hacha y tiza”.
En 1964, publica “Filo, contrafilo y punta”, y en 1966, el libro por el cual logró el reconocimiento que merecía: “El Medio Pelo en la Sociedad Argentina”. En este último texto, desenmascaró los mitos, preconceptos y tabúes de la sociedad argentina, por medio del estudio de la evolución de los grupos que la integran, utilizando siempre la ironía y el humor en sus explicaciones.
Para 1968, publicó “Manual de Zonceras Argentinas”, donde cuestionó ácidamente fábulas y mitos que la intelectualidad argentina había logrado imponer. “Mano a Mano entre Nosotros”, de 1969 fue una selección de artículos ya publicados, tal como habían sido “Prosa de Hacha…” y “Filo, contrafilo…”.
En 1972, escribió su único libro autobiográfico, “De Memoria, Pantalones Cortos”, donde relata anécdotas de su vida pueblerina, utilizando un estilo mucho más distendido, el cual le permite incluir algunos de sus poemas
En 1973, con el gobierno de Cámpora, y Rodolfo Puiggrós como rector de la Universidad de Buenos Aires, Jauretche fue nombrado Director de Eudeba (Editorial Universitaria de Buenos Aires) y posteriormente, vocal del Fondo Nacional de las Artes.
Bregó, lo que estuvo a su alcance, para que el gran frente nacional se mantuviese cohesionado y pudiese avanzar, a pesar de los obstáculos externos e internos. En mayo de 1974, viajó a dar dos conferencias en Bahía Blanca. A su vuelta, en Buenos Aires, el día 24, cenó frugalmente y se recostó temprano. Pero en la madrugada del día 25 sufrió un infarto que le provocó la muerte.
Por Alejandro Franchini



