El texto caracteriza las distintas interpretaciones respecto a la interna entre el espacio de Ricardo Quintela y el de Cristina Fernández de Kirchner.
La semana pasada, en el ensayo titulado “¿Sueñan los liberales con un 17 de octubre?”, publicado en Revista Punzó, nos preguntábamos si los dirigentes del peronismo son tan distintos a los del antiperonismo. Desde lo discursivo, lo estético y lo performático, pareciera que no. Cada vez más, se observa una simbiosis peligrosa. La última novedad en este proceso de identificación es el de llevar a cabo internas descarnadas a cielo abierto.
En su momento, lo hicieron Patricia Bullrichcontra Horacio Rodríguez Larreta en las PASO y luego, la misma candidata vs. Javier Milei. Este último la calificó de “tirabombas en jardines de infantes”, para luego sumarla como ministra de Seguridad a su Gabinete.
En la provincia de Buenos Aires, la Unión Cívica Radical (UCR) también fue a internas entre Futuro Radical, espacio comandado por el rector de la Universidad de Almirante Brown, Pablo Domenichini, contraUnidad Radical, del ex intendente de Trenque Lauquen Miguel Fernández, alfil de Maximiliano Abad, que aglutina las vertientes de Gustavo Posse y Daniel Salvador. El ganador de la interna fue Fernández, pero Domenichini impugnó el resultado con la denuncia de irregularidades en el distrito de Quilmes. Todo indica que la Junta Electoral le reconocerá la victoria al espacio que ya se proclamó ganador, lo que no elimina ni le baja los decibeles a las acusaciones y denuncias cruzadas.
Por el lado del peronismo, las inminentes elecciones por la renovación de autoridades partidarias dentro de la estructura del Partido Justicialista (PJ) a nivel nacional han suscitado un nivel de confrontación exacerbado, a tal punto que pareciera tratarse de un ballotage presidencial más que de una interna de un partido.
Por un lado, la lista de la ex mandataria Cristina Fernández de Kirchner, logró aglutinar a diputados, senadores, gobernadores, referentes de movimientos sociales y del sindicalismo.Entre los nombres más destacados del movimiento sindical sobresalen Vanesa Siley, secretaria general delSindicato de Trabajadores Judiciales (SITRAJU), Abel Furlán, de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM)y Ricardo Pignarelli, del Sindicato de Mecánicos y Afines del Transporte Automotor (SMATA).
Por otro lado, la lista del gobernador de La Rioja, Ricardo Quintela, con bastante menos peso específico que la lista de su adversaria, pero con referentes que dan cuenta de un armado heterogéneo, como el matrimonio de Pepe Albistur y Victoria Tolosa Paz, la platense Cecilia Gómez Miranda, del Movimiento de Unidad Popular (MUP),Fernando “Pato”Galmarini, padre de Malenay suegro de Sergio Massa, el excanciller albertistaSantiago Cafiero, el ex intendente de Avellaneda Baldomero Álvarez, el ex jefe de Gabinete de Daniel Scioli, Alberto Pérez, y el ex titular del Correo ManinoIndart, Julio González, titular de la seccional Zárate de la UOCRA y Mariana de Alva, dirigente del personal jerárquico de la AFIP en el gremio UPSAFIP.
Por estas horas, se supo que Quintela irá a la Justicia porque la Junta Electoral le rechazó la lista por falta de avales, con un documento donde denuncia a CFK por “privatizar el partido”.
En este contexto, hay dos lecturas respecto a la realización de la interna: en primer lugar, quienes ven un desgaste innecesario que solo deja heridos de ambos bandos porque no se disputa ni una nueva forma de conducción ni tampoco hay una nueva forma de construcción política. En segundo lugar, quienes sostienen que por el solo hecho de lanzarse, Quintela “ya ganó”, aunque pierda 90/10 por el solo hecho de desafiar la conducción de una ex mandataria. Lo que sería una reedición de la alegoría de David vs. Goliat, sin importar el resultado. Intentaremos caracterizar ambas interpretaciones.
La primera lectura, “las internas siempre dañan”, se apoya en la historia misma del peronismo, que hace más de 30 años no efectúa una competencia de estas características. Sin embargo, una interna también puede servir para revalidar una conducción, revitalizar el debate doctrinario puertas adentro y reconfigurar una plataforma de oposición ante un gobierno desastroso como el de Milei.
Y si partimos de la hipótesis de que ambas listas están seguras de que se alzarían con la victoria, surge el interrogante de “¿qué escenario le presentó la militancia a cada candidato?”. Del lado de CFK, deberíamos indagar, ¿cuántos militantes efectivos tiene La Cámpora para sostener unidades básicas, reparto de boletas, timbreos? ¿Cuál es su alcance territorial, teniendo en cuenta que su organización se compone solo de empleados públicos, sin sindicalistas ni llegada al sector empresarial? En consecuencia, ¿no está sobredimensionada la estructura de La Cámpora dentro de un partido como el PJ?
La segunda lectura, “David vs. Goliat” pareciera inscribirse dentro del apotegma del “mal de muchos, consuelo de zonzos”. Los que revalidan la gestión provincial de Quintela en La Rioja anteponen la implementación de la renta universal por sobre el armado real, con una ambulancia que pasó por el tren fantasma, recolectando personajes oscuros y de dudosa trayectoria, como los albertistas y sciolistas.
Esta postura de creer que cualquier internismo deviene en todo rédito se asemeja más al spot de campaña de Margarita Stolbizer diciendo “yo ya gané” que a la historia del peronismo. ¿Se imaginan al gobernador bonaerense Domingo Mercante disputándole la conducción del peronismo al propio Juan Domingo Perón? Cuesta visualizar esa disputa, sin embargo, el espacio de Quintela se ha embanderado en la “doctrina Stolbizer”, al punto de fundar una nueva vertiente en el justicialismo: el peronismo stolbizerista.
Por último, no deja de resultar inoportuna esta trama discursiva que reduce el problema a dos personas, que ni siquiera son los “Axel” y “CFK” reales, sino lo que a cada uno se nos ocurre decir sobre Axel o CFK. Esos nombres tienen una carga semántica demasiado pesada y terminamos discutiendo de un modo despolitizante.
A menos de un año, este gobierno ya rompió todo y parece que va ir por más. Suponemos que la evaluación de CFK para decidirse a ir por el PJ es la que hacemos todos: el Frente de Todos fue un fracaso como armado, peor incluso como armado que como gobierno. Y la pregunta es inevitable: ¿es el partido la mejor herramienta para volver a armar el peronismo que queremos? Por eso, resulta incomprensible lo sobredimensionada que está la interna. Un poco de racionalidad la aportó Juan Grabois al señalar que Axel debería apoyar a CFK en la interna y, a su vez, CFK se debería comprometer a darle todo el apoyo del PJ a Axel en 2027.
En ninguna de las dos interpretaciones se discute un proyecto o una plataforma, mucho menos qué le ofrecerá el peronismo a la gente, por qué debería volver. En definitiva, no se dimensiona que a Milei le pueden salir las cosas bien, es decir, llegar con cierto oxígeno a las elecciones intermedias de 2025, que se reestructure un préstamo del FMI con la llegada de Trump, que estabilice la economía con la paz de los cementeriosy que la gente lo vote.
Ante este cuadro de situación, no preguntarse si es necesaria la interna pareciera ir en el camino de darle oxígeno al gobierno de Milei.
Por Marcelo Ibarra, director de revistapunzo.net



