El gobierno libertario de Javier Milei atenta contra la universidad pública, y al mismo tiempo pone a la Argentina en grave peligro de entrar en una guerra ajena, con todo lo que eso implica.
Contemporáneamente a la embestida contra la educación pública, en la reciente Asamblea General de la ONU, Milei anunció: «La Argentina abandona su histórica posición de neutralidad». Esto, para reforzar su alineamiento absoluto y acrítico con Estados Unidos, Israel y Ucrania, metiendo al país en conflictos ajenos, como ya sucedió en los años del menemato.
La diferencia es que en plenos ’90, acababa de caer el Muro de Berlín y Estados Unidos era la potencia hegemónica mundial. Por lo tanto, aunque uno analice aquella decisión críticamente, es cierto que desde la real politik, era una estrategia de puro pragmatismo. Hoy no. Estamos en un mundo multipolar donde Estados Unidos cae en picada desde lo económico, político, moral, y hasta en lo bélico. La OTAN no puede ganarle la guerra a Rusia, y los BRICS muestran otra realidad.
En aquel momento, la decisión de mandar dos barquitos de cáscara de nuez a la Primera Guerra del Golfo, y el contrabando de armas a Ecuador y Croacia, nos pasaron facturas. Hubo tres atentados: en 1992 la Embajada, en 1994 la Amia y en 1995 la Fábrica Militar de Río Tercero.
Aquel noviembre quedó grabado a fuego en los riotercerenses y en los cordobeses en general. Hubo 7 víctimas fatales, decenas de heridos y 10 mil damnificados con pérdidas de distinto tipo. Por esa deuda histórica con la ciudad, el año pasado se aprobó la creación (¡por fin!) de la Universidad Nacional de Río Tercero, un sueño largamente añorado. Son conocidos todos los beneficios que trae la educación para una comunidad, más allá de las mentiras conque hoy se ataca a la universidad. Pero también si se lo quisiera medir con un parámetro estrictamente economicista, salta a la luz la infinidad de beneficios directos e indirectos: más movimiento, más ventas, más trabajo, más necesidad de alojamiento, comedores, transporte, etc.
Ahora, lamentablemente para Río Tercero, esa realidad es mucho más lejana, en lo concreto. Si es difícil que haya financiamiento para las universidades que ya existen, muchísimo más difícil para una nueva como ésta.
Pero esta situación se torna mucho más complicada, porque en la voracidad privatizadora, una empresa del Estado pica en punta: Fabricaciones Militares. Y en especial, la planta de Río Tercero. Sí, la misma que hicieron explotar aquel 3 de noviembre de 1995 para encubrir los faltantes del contrabando estatal a Ecuador y Croacia.
Consultado por El Diario de Carlos Paz, David Salto, secretario general de ATE Río Tercero, contó: «En los últimos meses aparecieron por acá cientos de empresarios, para ver qué se produce y qué se puede producir. Y la empresa que más anduvo por acá fue una de República Checa, se llama CSG Defense y factura un billón y medio de euros (un millón de millones y quinientos mil millones de euros) al año con el negocio de la guerra».
En cuanto a los intereses de los empresarios checos, Salto detalló: «Ellos estuvieron muy interesados en la munición de artillería envuelta 155, que es muy demandada por Ucrania. En la guerra contra Rusia ellos están tirando 3.000 municiones por día y necesitan 7.000, pero nosotros ahora podríamos llegar a producir sólo 200 por día. Por eso ellos querían explorar la posibilidad de aumentar esa producción».
«También estaban muy interesados en la pólvora que producimos en Villa María continuó el dirigente sindical-; Ucrania necesita 300 toneladas de pólvora mensuales, y nosotros podemos hacer sólo 6 toneladas por mes. Ahí también se debería aumentar la producción»; añadió.
Así las cosas, Río Tercero cambia la casi concreción que había de una nueva universidad pública, siempre sinónimo de desarrollo, conocimiento y bienestar, por la cruda perspectiva de transformarse en un objetivo militar de Rusia en este caso. Ya ni siquiera el peligro de un atentado como aquella vez de hace casi 29 años, sino de ataques directos de una potencia que lícitamente puede tomarnos como enemigos.
Sobre ese punto, Salto recordó: «En la guerra de Malvinas, Córdoba era una provincia apuntada por Margaret Thatcher. Teníamos las fábricas de Río Tercero, Villa María, San Francisco y la Fábrica Militar de Aviones de la ciudad de Córdoba. Era una provincia con producción para la defensa. Ahora, el actual presidente de Fabricaciones Militares (Hugo Pascarelli) dijo que la idea es producir armamento y municiones bajo los estándares normativos de la OTAN y hay un acuerdo del ministro de Defensa (Luis) Petri, con la ministra de Defensa de la República Checa (Jana Cernochová) de cooperación en términos científicos, tecnológicos y militares. Todo esto nos pone en un lugar de vulnerabilidad».
Por Mariano Saravia



