SOBRE “FESTEJOS”, IDENTIDADES Y PROYECTOS COLECTIVOS EN NUESTRAMÉRICA

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Por: Maximiliano Molocznik.

El antiguo “festejo” anual del ya perimido “Día de la raza” solía rememorar en las escuelas de forma acrítica aquel histórico 12 de octubre de 1492.
Hoy, por suerte, muchas cosas han cambiado y los reclamos de los pueblos originarios no están tan invisibilizados ya que, en las escuelas, se les da la voz a aquellos que durante quinientos años no la tuvieron.


Descubrir y conquistar son dos palabras claves que, a menudo, se utilizan como sinónimos para describir el proceso de la conquista de América. Sin embargo, descubrir y conquistar son dos posiciones opuestas en el hombre. Descubrir es una función sutil, desinteresada y espiritual. Conquistar, una función grosera y material. La llegada de Colón inauguró un proceso de cubrimiento y destrucción. El arte, registro históricos, redes camineras, templos, sistemas de regadío, todo esto fue destruido con el pretexto de erradicar “idolatrías” e imponer la modernidad capitalista burguesa o el dogma de la fe.


Centenares de miles de indígenas murieron combatiendo al invasor o fríamente asesinados por este. Muchos más cayeron víctimas de la viruela, el sarampión, la gripe y otras pestes aquí desconocidas, que hallaron fácil presa en cuerpos minados por la mala alimentación y el trabajo intensivo. En los primeros cincuenta años de la conquista la población indígena de las zonas dominadas quedó reducida a un veinticinco por ciento. Semejante genocidio causó la completa desaparición de cientos de grupos étnicos, y también de una gran cantidad de conocimientos que hubieran ayudado hoy a definir nuestra identidad americana.


No se trata ahora de llorar sobre las ruinas (cosa en la que ni siquiera los propios pueblos originarios se detienen demasiado), pero tampoco de hacerse cómplices por la vía del silencio de las injusticias cometidas y que se cometen con los grupos que sobrevivieron, los que por fortuna pesan más en nuestra realidad que lo deseado por todos aquellos que aspiran a vernos convertidos en occidentales de segunda mano,
haciendo una esmerada apología de las malas copias. No, Europa no descubrió, entonces, América; pero América se esfuerza por encontrarse
a sí misma, al plantearse el problema de su identidad. Como americanos que somos debemos reflexionar además de sobre nuestro pasado, sobre el legado colonial y sobre los mecanismos que garanticen en el presente la solución de los problemas políticos, económicos y sociales de nuestras sociedades nacionales americanas.


Concretar este proyecto significa construir nuestra modernidad, no reconstruir el pasado ni navegar en la utopía futurista. Ahora que los países centrales se hartaron de sus propios vanguardismos, no nos queda más que emprender el camino hacia un destino imaginado por nosotros. Claro que también podemos entregarnos a otros quinientos años de dependencia cultural e ideológica. El desafío está sobre la mesa. “O
inventamos o erramos” dijo el gran pedagogo venezolano Simón Rodríguez, maestro del Libertador Simón Bolívar.

Por: Maximiliano Molocznik.

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