Aprendices de brujos

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Como en un viaje al pasado, el gobierno asume un corte dictatorial y muy cipayo. La agresión, la mentira y la violencia sustituyen al diálogo democrático y pretenden justificar lo injustificable.


Hace algunos editoriales titulábamos “el regocijo con el sufrimiento ajeno”. Ha corrido agua bajo el puente desde entonces.
El presidente de la Nación convocó a un conjunto de legisladores, “los 87 héroes”, para festejar la ratificación del veto a la ley que proponía un magro aumento a las jubilaciones. El costo de este publicitado asado habría ascendido a 100 millones de pesos según algunas fuentes. Por supuesto, el gasto fue afrontado por el Estado.


En el ínterin vivimos represiones impensadas en otros momentos; un efectivo de la policía federal rociaba con gas o con algún elemento tóxico sobre jubilados e incluso una niña de 10 años. La ministra de seguridad culpa a la madre de la niña por el suceso.
Debemos agregar el abandono de las regiones en situación de catástrofe como ocurrió con el temporal que azotó Bahía Blanca o los incendios que están azolando a nuestra provincia, donde, debemos recordar el desfinanciamiento del Servicio Nacional de Manejo del Fuego (SNMF). La provincia está en deuda y la Nación llega tarde y mal.


Pero las cosas están cambiando. La popularidad o el apoyo ciudadano al gobierno cae en picada. El poder ejecutivo se festeja a sí mismo y pretende comprar diputados para sus vetos y para impedir la posibilidad de un eventual juicio político.
Mientras crece la deuda externa y no aparecen las famosas inversiones, el humor social está virando, de la espera a la incredulidad y de ésta a la bronca. El presupuesto universitario se ha transformado en una cuestión social y de Estado. Estos aprendices de brujo están desatando fuerzas que no podrán controlar.


El movimiento nacional debe tomar la iniciativa y proponer una agenda propia en las luchas que vienen. Es necesario fijar rumbos claros, componer nuevas canciones, con unidad y generosidad para que encuentren su lugar todos los compatriotas que defiendan el interés nacional.
Se podrá reconstruir así la fuerza política para llevar adelante un nuevo proyecto con la inclusión de todos los argentinos y con orientaciones estratégicas a la altura de los hechos. Es hora de un nuevo comienzo.

Por Alejandro Quintana

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