No expresamos un deseo imposible, más bien pretendemos reflexionar sobre el destino de las luchas de sucesivas generaciones que en nuestra patria aún buscan su destino.
Se ha dicho que muchos de nuestros jóvenes, sobre todo los adolescentes, votaron a Milei y que no reconocen las conquistas y luchas de sus mayores. Ello ha sido verificado en otros países (por ejemplo en Chile).
Hay varios hechos contra estas afirmaciones, como la presencia de juventud en las marcha del Nunca Más o los recientes resultados en las elecciones estudiantiles universitarias donde el kirchnerismo – peronismo ha repuntado en votos.
Tal vez, lo más razonable sea asumir que se está dando cierta ruptura generacional (esta vez desde la derecha) al lado de alguna recuperación de la conciencia nacional.
Tampoco nos centraremos en buscar explicaciones o autocríticas para entender estos fenómenos. Ya sabemos de memoria como ha jugado la pobreza y también el trabajo no formal, donde está ausente el Estado y las jubilaciones. A ello hay que sumarle los errores políticos propios.
Pero resulta que los jóvenes tienen, la mayoría, uno o más abuelos. Allí encuentran un espejo de lo que viene, por no hablar de sus padres o hermanos trabajadores, que a veces ni pueden pagar el transporte para ir al trabajo.
La juventud puede apreciar el resultado del mileismo en varios frentes:
La destrucción de la escuela y la universidad pública.
La pérdida de los salarios y del trabajo, la baja del consumo y el hambre creciente.
La falta completa de perspectivas salvo el narco y el trabajo informal, casi siempre mal pago.
Plantearemos entonces, de modo abierto, un debate acerca del destino incierto de los jóvenes de la Reforma del 18, la del 30, la juventud maravillosa de los 70, el alfonsinismo y la de la década ganada. No puede decirse que hubo una juventud del 45, pues los jóvenes trabajadores se expresaron entonces integrados a sus hermanos mayores.
También debemos mencionar que hoy es el día del jubilado. El gobierno los provocó con un asado en Olivos donde festejaron la quita al aumento jubilatorio. No vamos a responder repartiendo miguitas en la plaza.
Necesitamos entonces de utopías para integrar a las viejas y a las nuevas generaciones en un gran frente nacional popular opositor.
Por Eduardo González



