El regocijo con el dolor del otro

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En anteriores columnas nos hemos referido al sufrimiento de los sectores populares a causa del feroz ajuste económico que se está llevando adelante. También a la humillación que conduce la entrega de soberanía.


Junto al plan de saqueo y sujeción, con la complicidad de las corporaciones y de una renovada oligarquía, aparece otro aspecto digno de un análisis psicológico: la justificación e incluso el disfrutar con el sufrimiento del otro, el “goce” en el sentido lacaniano, asociado en algún punto con el dolor.


En su participación en la 80° exposición rural de Salta el periodista Pablo Rossi se preguntaba, sin ocultar su satisfacción, por la ausencia de los actores sociales y la desaparición de la protesta consecuente. No mencionó que no se han resuelto los problemas de la pobreza y que la protesta continúa a pesar del aparato represivo y propagandístico del régimen.


El vocero presidencial, Manuel Adorni, expresó su satisfacción por el cumplimiento del protocolo anti piquete aplicado a los “jubilados violentos”, quienes protestaron por el veto presidencial al magro incremento de sus haberes. La misma satisfacción con que anuncia los despidos en el Estado sin considerar la condena a la desocupación y la consiguiente marginación que estos despidos significan.
Esta actitud se encuentra también en el periodismo cómplice. El médico Claudio Zin, columnista de LN+, defiende la reducción en la cobertura de medicamentos por parte del PAMI argumentando que los mismos serían utilizados por familiares de los beneficiarios. Moralismo infame, que oculta la reducción de la cobertura en casos de graves enfermedades.


El Ministro de Justicia de la Nación ha pretendido desconocer leyes vigentes al cuestionar el reconocimiento de la diversidad sexual e intentado proponer políticas discriminatorias.
Los escándalos, que incluyen todo tipo de delitos, que estallan todos los días en toda la escala del oficialismo, muestran la completa hipocresía que los anima.


Ello se facilita por el secretismo respecto de las decisiones oficiales, que incluye el envío del oro a Inglaterra.
Los insultos del Presidente de esta semana, alevosos y de gran bajeza, las nuevas amenazas a jubilados, trabajadores, estudiantes y a cualquier sector que se le oponga, certifican la crueldad y odio del actual gobierno a los que sufren y su intención de establecer formas dictatoriales destinadas al sometimiento.


El desafío es vencer esta lógica de brutal inequidad para recuperar la solidaridad que ha caracterizado a las tradiciones políticas nacionales.
Es necesario dialogar con el otro, empatizar con sus dificultades, contribuir al bienestar y a la salud psíquica de los compatriotas.
Debemos resistir la agresión y recuperar el ideal de una Patria grande y un pueblo feliz. Para ello es necesario una Nación socialmente justa, económicamente libre y políticamente soberana.

Por Eduardo González, Docente Universitario

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