San Martin

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José de San Martín es uno de los próceres más nombrados y homenajeados de América Latina y a la vez, paradójicamente, uno de los menos conocidos en toda su dimensión. Los miles de calles y plazas que llevan su nombre, los monumentos que lo muestran subido a su caballo y señalando hacia los Andes con su índice, poco nos dicen de este hombre que lo dio todo por su patria y se comprometió hasta sus últimos momentos con la suerte de su pueblo.


Fue un extraordinario estratega militar, que se inició en la carrera de las armas a los once años y a los quince ya era un oficial con mando de tropa; fue un gran lector y fundador de bibliotecas, pintor y concertista de guitarra. En vida fue calumniado, perseguido, ninguneado y exiliado. Luego de su muerte, las diferencias antagónicas con sus grandes enemigos, Rivadavia y Alvear (no casualmente ídolos sagrados de la “Historia Oficial” oligárquica) fueron disimuladas, al igual que su correspondencia con los caudillos federales como José Artigas, Martín Güemes, Estanislao López y Manuel Dorrego.

“Orden general. Mendoza, 27 de julio de 1819
Compañeros del Ejército de los Andes:

Ya no queda duda de que una fuerte expedición española viene a atacarnos; sin duda alguna los gallegos creen que estamos cansados de pelear, y que nuestros sables y bayonetas ya no cortan ni ensartan: vamos a desengañarlos.
La guerra se la tenemos de hacer del modo que podamos; si no tenemos dinero, carne y un pedazo de tabaco no nos ha de faltar; cuando se acaben los vestuarios nos vestiremos con la bayetilla que nos trabajen nuestras mujeres y si no, andaremos en pelota como nuestros paisanos los indios: seamos libres y lo demás no importa nada. Yo y vuestros oficiales daremos el ejemplo en las privaciones y trabajos. La muerte es mejor que ser esclavos de los maturrangos.
Compañeros, juremos no dejar las armas de la mano, hasta ver el país enteramente libre, o morir con ellas como hombres de coraje.
José de San Martín”.

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