Dólar, fisuras, hartazgos y la tendencia que se proyecta para el próximo voto

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La nueva fuerza política que irrumpió en el escenario electoral argentino con el triunfo en las PASO –LLA, con su líder Javier Milei- y los posteriores sucesos económicos -promovidos desde el estado y el mercado- están fuertemente vinculados a la influencia determinante que la divisa estadounidense ejerce sobre nuestra sociedad. De hecho se espera que ahora, tras la llegada de un fuerte desembolso de la divisa norteamericana a las arcas del país, el gobierno pueda finalmente tomar medidas que aplaquen la tensión imperante en el clima social argentino.

Con M de Miami

El deseo ávido e irracional por el billete del dólar -sobre el ciudadano medio argentino – comenzó durante la última dictadura cívico/militar, cuando algunas personas que nunca habían proyectado viajes al exterior tuvieron la posibilidad de viajar hacia un destino exótico que se volvió un oscuro objeto del deseo: Miami. Allí –además de las playas- se sintió “enviagrado” económicamente al descubrir que podía adquirir un montón de productos costosos en Argentina –ropa, calzado y sobre todo tecnología- a precios de saldos. Comprando de todo a troche y moche –acá, allá y en todas partes- nació la famosa expresión argentina: Deme dos. Pero cuando pasó la borrachera del dólar barato -impuesto a sangre y fuego por Martínez de Hoz (que fundió por completo a la industria nacional)-, en la resaca, descubrieron que habían perdido todo, cuando ya era tarde para lágrimas.

Con M de Money

La vinculación –de la M- es casual, pero no por ello falsa. Martínez de Hoz fue el pionero, pero aproximadamente 10 años más tarde -del fin de ese proyecto económico delirante-  Menem, prestando oídos a su ministro (Cavallo), inició una pseudo-dolarización, la “convertibilidad”. Ese cambio sabroso al paladar del argentino medio-1 peso/1 dólar- le permitió al riojano ser reelecto en 1995 aun en medio de una economía haciendo agua y entre escándalos de corrupción de inconmensurable magnitud. De la Rúa para poder llegar a la presidencia tuvo que prometer una y otra vez que no modificaría esa paridad cambiaria ilusoria que hacía sentir al argentino del video de Pinti -hoy rescatado y viralizado en teléfonos y redes- que el dólar era su moneda. Nunca pudo –ni sus ministros- salir de ella, aunque le costó el cargo, la humillación y hasta casi su libertad, debido a la fascinación imperante del dólar billete sobre una ciudadanía totalmente “dolarizada” injertada con el sorete verde del que habla Pinti. Otro sueño-dólar llegó a su fin y el país detonó en 2001. Pasaron cosas, y en 2003 se celebraron nuevas elecciones. ¿Quién las ganó? Menem. ¿Cuál fue su promesa de campaña? Dolarizar. Después, el riojano no asumió el balotaje, y pasó lo que pasó. Hoy, pasados 22 años, Milei vuelve a traer la promesa húmeda de la abundancia de billetes verdes al alcance de todos -a costa de todo, pero esto qué le importa al “dolárivoro” argentino medio-. Darse el gustazo de un buen empacho de billetes verdes parece que vale la pena a cualquier costo, aunque sea la última cena.

¡Fuego! Esta vez es en serio

En este mundo atravesado por el calentamiento global todo puede prenderse fuego. Atravesando el primer cuarto del siglo la ciudadanía occidental parece también estar en llamas (metafóricamente, claro). Esas llamas –más allá de Ucrania- ya se han visto en los últimos tiempos en el Capitolio de EEUU y por las calles de París; y más acá, por Santiago de Chile, por Lima y por el palacio del Planalto en Brasil. El estado de enojo producto de profundas insatisfacciones individuales y colectivas -contra no se tiene muy en claro qué- parece atravesar la geografía de occidente todo y tener el espíritu pirómano (siguiendo con la metáfora) a flor de piel. Es difícil evitar que, pensando en Milei, no nos llegue a la mente la imagen del Guasón –el de Batman, El Caballero de la Noche- iniciando un fuego con una montaña de dólares. 

Eróstrato y sus emuladores

Eróstrato –se supone que en julio del 356 a.C. – incendió el templo de Artemisa en Éfeso. Cuando le preguntaron el motivo que lo llevó a destruir el templo respondió que quería que alguien reparara en él, porque nunca había sido tomado en cuenta por nadie. El síndrome de Eróstrato –en psicología- define a quienes por poseer un deseo extremo de llamar la atención están dispuestos a realizar cualquier cosa. Siguiendo esta caracterización psicológica, y habida cuenta del comportamiento público del candidato ganador en las PASO (a través de los varios años de exposición mediática ininterrumpida) dos puntos han puesto en alerta al conjunto de la sociedad -que observa azorada su irrupción y posible llegada al poder-: Primeramente, la condición individual del candidato respecto a su equilibrio psíquico y emocional. Cuando recientemente le preguntaron si él era un loco respondió: “la diferencia entre un loco y un genio es el éxito”. Entonces, de no llegar a presidente, ¿cómo se autopercibirá luego?. En segundo lugar habría que atender si acaso esta personalidad del líder no es –quizás- reflejo de varios “Eróstratos” -y “Erostratitos” (¿serán nomás esos chicos como bombas pequeñitas?)-. Al imaginar un posible arribo al poder en Argentina de un potencial “Érostrato” el refrán que alarma es aquel que expresa: Nada pierde quien no tiene nada que perder.

Fisura y podredumbre (¿el origen de un tipo de voto?)

En la jerga, la figura de la “fisura” –a diferencia de la “grieta”- describe una situación individual relacionada al estado psíquico y/o emocional de la persona-. Un “fisurado” es alguien con quien es imposible debatir debido a lo dañado de su psiquis y/o su estado emocional. Un “fisura” ante cualquier oposición a sus deseos inmediatos agrede, hace bulla –gritando cualquier cosa, sin argumentación-, o se retrae yéndose en silencio hacia donde pueda evitar el daño emocional que le provoca la exigencia de explicaciones de alguno de sus comportamientos. Ahora, la “fisura” que en otros tiempos provenía –generalmente- de una instancia emocional traumática insuperable, o por alguna enfermedad mental, actualmente es alcanzada mediante situaciones y elementos que operan como “fisuradores” seriales: principalmente el consumo de drogas y alcohol y la marginación social extrema. Todos combinados constituyen un cóctel que potencia la “fisura” hasta niveles extremos. Es posible que muchos consideren (como Carlos Pagni) que Milei cumple con los requisitos de “fisurado”. Pero también hay “podridos” -y pueden ayudar a acercar los fósforos al líder de LLA -. Son quienes están hartos de la pésima situación que atraviesan cotidianamente y culpan de ella a los políticos y al sistema. Es muy común escuchar en la calle: Estoy “podrido”; estamos “podridos”, o la sociedad está “podrida”. Estos “podridos” son los que perciben en el billete estadounidense la compostura de todos sus males. Los “fisuras” pueden que voten a un par –a uno de ellos- pero los “podridos” son los potenciales votantes del dólar prometido. Es posible especular que muchos votos de Milei provengan de “fisuras” y “podridos”; pero ¿cómo hacer para que un posible gobierno elegido por “fisuras” –empujado también por los “podridos”- no pase de ser una fuerte preocupación que en dos meses habremos olvidado? Esa es la gran incógnita del momento.

Fuente: La Nueva Mañana

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