Propuestas electorales: “La Salud Publica está en riesgo en la Argentina”

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En los últimos días, varios medios del país repitieron opiniones de colegas, y hasta la misma
plataforma electoral del candidato a la Presidencia de la Nación, Javier Milei, y la posición de su
referente de salud en los equipos técnicos, el doctor Eduardo Filgueira Lima.

Allí podemos ver planteada una vieja idea de Salud Pública, que pretende poner al sistema en un estado de
competencia salvaje entre hospitales públicos, un plan similar al que Margaret Thatcher implementó en Inglaterra, en la década de 1990, También en la regíon: Álvaro Uribe Vélez ,con la Ley 100 en
Colombia en 1993, y Vicente Fox en México, en el 2000.

En una nota realizada al doctor Arnaldo Medina, presidente de la Asociación Argentina de Salud
Pública (AASaP), explicó el sistema conocido mundialmente como de “financiamiento de la demanda” y que estuvo en boga luego de la publicación del Banco Mundial titulada “Invertir en salud”, de 1993, que promovía, entre otras cuestiones, éstas ideas para los sistemas de salud.

El pseudomercado de pacientes implementado por el gobierno de Tatcher en Reino Unido fracasó
rotundamente, y algunos de los hospitales obligados a competir entre ellos quebraron. El sistema debió ser modificado por su sucesor, Tony Blair, a principios del nuevo milenio.

Casos similares ocurrieron en Colombia con las Empresas Prestadoras de Salud (EPS) y en México con el Seguro Popular de Salud (SPS). Ambos casos terminaron en desastres sanitarios, llegando al límite en Colombia, donde la salud de los colombianos fue convertida en mercancía, y bajo el pretexto de la cobertura universal, se hallaba en manos de la especulación del capital financiero, siendo norma que el Estado hubiera abandonado la
Salud Pública y sus propias instituciones.

Así nació la “Carnetización de la Salud”, que no es más que una fantasía donde se le hace creer a los beneficiarios que poseen una EPS (Colombia) o un SPS (México).

Sin embargo, esto no equivale a “cobertura de salud”; sólo da el derecho a engrosar una larga fila de
espera regulada por intereses ajenos al bien común.

Quienes formamos parte del Sistema de Salud, somos conscientes de los problemas y las debilidades que posee, pero eso no nos puede llevar a las mismas conclusiones. El desafío sobre accesibilidad, calidad y rapidez de respuesta debe ser resuelto por las autoridades.

Hoy existen muchas herramientas eficaces con las cuales trabajar, como son los programas nacionales de calidad, las ventajas de la salud digital, ubicar la opinión de los usuarios por encima de todo. En definitiva, trabajar en la cultura de las instituciones de salud.

Dinamitar todo lo logrado, y quitarnos el “derecho a la salud”, nunca debe ser nuestro norte. Es nuestra responsabilidad, como actores del Sistema de Salud, aclarar las confusiones que pueden generarse por discursos verborrágicos y altisonantes, sumados al malestar generalizado con nuestros dirigentes, a quienes debemos exigirles profundizar la garantía de derechos y priorizar la salud de la población y no la mera gestión de la enfermedad.

La salud de un pueblo es mucho más que la atención médica o la sanidad: constituye un sinnúmero de eventos y acciones que impactan directamente en la calidad de vida de los habitantes del país, en sus posibilidades de desarrollo, en su incorporación al proceso productivo y económico, y en su vida social y afectiva.

La salud del pueblo, constituye un elemento clave en el desarrollo económico, en la armonía social y en la estabilidad y sustentabilidad política, atada indefectiblemente a un modelo de justicia social basado en la redistribución del ingreso, la ampliación de los derechos sociales y la activa participación del Estado y la
ciudadanía en la garantía de esos derechos. Todos aspectos que el modelo libertario desprecia.

La salud se promueve también estableciendo como pilares estratégicos la generación de empleo, el desarrollo productivo y la inversión social.

Fuente: Pablo Lutterini La Nueva Mañana

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