Ni el cordobesisimo, ni el macrismo son demandas de los cordobeses

Read Time:5 Minute, 51 Second

Es casi una verdad de Perogrullo que en elecciones aquello perseguido por las mayorías es, principalmente, mejorar sus condiciones materiales. Quienes tienen trabajo registrado anhelan estabilidad, quienes lo hacen en la informalidad quieren que los formalicen y quienes aún no lo tienen buscan conseguirlo. Por supuesto, todos desean que la inflación sea domada y un ingreso satisfactorio. En definitivas se persigue acceder a mejores condiciones de vida, básicamente. A la hora de votar presidente, se les ha asignado a diferentes hombres y mujeres la posibilidad de vehiculizar esta demanda. 

En Córdoba, desde Cristina Fernández de Kirchner hasta Mauricio Macri, pasando por Roberto Lavagna o De la Sota (en la primaria del 2015) se han impuesto en las últimas cuatro elecciones presidenciales. No obstante, hay una lectura compartida por todo analista, sea del color que fuere, que se hizo común. Córdoba es esencialmente refractaria a los gobiernos peronistas nacionales. Sociológicamente “gorila”, se alegran unos, se frustran otros. Afirman todos. Uno de los pocos consensos al interior de la grieta. 

Una idea equivocada del electorado cordobés

Esta sentencia que le asigna una afinidad ideológica pétrea al electorado cordobés se nutre de dos hechos claves. El triunfo aplastante de Macri en tierras mediterráneas en el balotaje del 2015 es indudablemente el más importante. Esa diferencia permitió darle sustento a la afirmación de que de la mano de Córdoba se acabó con 12 años de peronismo en la Nación. El otro tiene que ver con la táctica política del peronismo cordobés. Tanto Cambiemos a nivel nacional, como el peronismo cordobés son exitosos electoralmente mostrándose opositores al kirchnerismo. Pero el antikirchnerismo de uno no se corresponde con el del otro, como veremos a continuación.

El antikirchnerismo pregonado por la alianza del PRO, radicales y Coalición Cívica, también le toca la puerta al justicialismo cordobés. Recordemos que esta alianza en donde confluyen las fuerzas antitéticas al proceso político fundado en 2003 erigió su narrativa en oposición a un régimen que debía abandonarse: el peronismo. La maldición que aqueja a la Argentina y aquello que ese espacio busca combatir es, en palabras de Mauricio Macri, el “populismo que inventó Perón y Eva”. Incluso, en el plano local, Cambiemos confronta con el gobierno provincial acusándolo de eso mismo, de populista.

En efecto, de lo anterior se deprende que la caracterización populista o antipopulista no tiene pregnancia en el electorado cordobés a la hora de definir su voto. Ni para gobernador ni presidente. Más precisamente, si bien muchos interpretan que el antikirchnerismo en sangre de Córdoba determinó el resultado de la elección nacional del 2015, aún hoy no queda claro ¿por qué el aspecto ideológico de los cordobeses habría sido más determinante que el de una economía estancada, el desprecio del kirchnerismo por Scioli, la fragmentación del peronismo en el conurbano bonaerense o la también buena elección de Mauricio Macri en la capital federal?

El conflicto de la 125, un antes y un después

Además, la contundente afirmación de que Córdoba es a las opciones peronistas lo que el desierto a los cultivos desconoce el resultado de las presidenciales del 2011. En aquella oportunidad Cristina Kirchner también ganó en la provincia de Córdoba (689.271 votos a favor), sacándole cerca de 15 puntos porcentuales a su perseguidor más próximo. Se trata de un triunfo que reconcilió al electorado cordobés con el gobierno nacional luego del conflicto con el campo (2008).

Ese conflicto (el de la 125) marcaría un antes y un después en la relación entre provincia y nación. A partir de entonces, tras cinco años de marchar juntos, kirchnerismo y peronismo cordobés rompieron su alianza. La primera consecuencia de la fractura se vio en las elecciones de medio término del 2009. Las fuerzas que antes competían juntas fueron separadas saliendo en Córdoba tercera y cuarta, respectivamente. Allí el oficialismo nacional obtuvo 146 mil votos de la mano de Eduardo Accastello. Un resultado poco significativo para los planes del kirchnerismo, pero amenazante para el peronismo cordobés, quienes comenzaron a ver a la figura de Accastello como urticante.

El nacimiento del cordobesismo, la táctica para neutralizar la amenaza

El otro factor que moldeó la sentencia sobre el electorado cordobés es el discurso provincialista que adoptó el peronismo mediterráneo, blindando a Córdoba de las influencias del peronismo nacional. Este escarceo con tintes rupturistas tiene un origen y se remonta al primer discurso público del ex gobernador José Manuel de la Sota luego de ganar la elección provincial de 2011. Allí el tres veces gobernador se desligó del gobierno nacional, lo acusó de crear “problemas artificialmente” y reivindicó el modelo local: “se llama cordobesismo y nació esta noche aquí”.

Sin embargo, esta declaración de guerra con el peronismo nacional no impidió que una semana más tarde el PJ cordobés apoyara (subrepticiamente) a la fórmula Kirchner-Boudou. El acuerdo electoral ya estaba jugado. Debían prevalecer ambos oficialismos. Con ello, la sociedad política De la Sota-Schiaretti garantizaba mantener neutralizada a su principal amenaza: el intendente del tercer municipio más poblado de la provincia. Quien, de haber competido en la elección provincial, Acastello hubiera restado competitividad al peronismo y el resultado hubiera sido una incógnita.

Asimismo, la táctica significaba para el ya sepultado Frente para la Victoria proseguir en una constante: ceder la segunda provincia más poblada del país a una fuerza del mismo vástago, pero díscola. Que a partir de entonces profundizó sus diferencias. Se puede interpretar que se debió a presiones de los factores de poder económico que operan en Córdoba. Pero también que obedeció a tacticismo o, dicho de manera lacónica, supervivencia política de una sociedad (De la Sota-Schiaretti) amenazada por tres resultados electorales adversos: triunfo de Acastello en el 2005 encabezando la alianza del kirchnerismo y PJ cordobés, triunfo ajustado de Schiaretti en 2007 por la gobernación y un tercer lugar en la elección parlamentaria del 2009.

Los triunfos del cordobesismo frente el kirchnerismo

A partir de entonces, las diferencias entre Córdoba y Nación se profundizaron. Habiendo dos episodios calientes que terminaron por moldear el triunfo del cordobesismo frente a Nación. Uno fue la sedición policial y otro las inundaciones de las Sierras Chicas. En ambos, el gobierno nacional retaceó reacción esperando que el gobierno provincial pague el costo. Sin embargo, la buena sintonía del gobierno mediterráneo con los medios más importantes de la provincia generó lo contrario. Se confirmaba, nación abandonaba Córdoba. 

De este modo, el kirchnerismo transcurrió sus tres gestiones en el poder central del estado nacional sin representantes locales institucionalizados. Cosa que hizo recién en el 2015, pero la suerte ya estaba echada. El resto es historia conocida, la sociedad De la Sota-Schiaretti fue reemplazada por el tándem Schiaretti-Llaryora y ahora se abre un interrogante tanto en nación como en la provincia. 

No sólo por el resultado electoral próximo y como eso vaya a moldear la relación con la provincia; sino, y más interesante aún, por cómo se definirán las jefaturas en Córdoba. Porque, como reza el viejo axioma, en política, las sociedades son de a dos. 

Fuente: La Nueva Mañana

Share on facebook
Facebook
Share on pinterest
Pinterest
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn
Share on email
Email
Scroll al inicio