Bertola, tras volver al plano internacional con los colores de Argentina

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“Nadar es mi vida. Es lo que me forjó”, dice Guillermo Bertola y el tono de su voz es pausado. No parece que hace unos días logró tres medallas para Argentina en los V Juegos Suramericanos de Playa Santa Marta 2023, en su retorno a las competencias internacionales representando al país. No se le nota la felicidad que tal logro produce. Con sus 33 años este cordobés de barrio Las Flores siente alivio más que felicidad. “Ahora estoy en paz”, exclama y parece que fuera a dejar escapar una lágrima. Es que pasó por una “pesadilla” que duró mucho tiempo. Y, en diálogo con LA NUEVA MAÑANA, se toma su tiempo para contar su historia.

Bertola es nadador de aguas abiertas. Conquistó la Copa del Mundo de Grand Prix FINA de Aguas Abiertas al ganar dos de tres carreras en las que participó (el certamen consta de cuatro competencias) en 2017. Además, consiguió los subcampeonatos de la Copa mundial FINA de 2018, el sudamericano de Perú 2018 y la medalla plateada en los Juegos Panamericanos de Lima 2019. En los Juegos Panamericanos de Guadalajara 2011 había ganado una medalla de bronce.

En el 2020 la Federación Internacional de Natación decidió suspenderlo por cuatro años, debido a un dopaje biológico que ocurrió en 2018. La sanción establecía que todos los resultados obtenidos durante las temporadas 2018 y 2019 quedarán anulados. “Guille” logró que la sanción fuera reducida a dos años y dos meses, pero tardó más en poder regresar.

Volver

Retornó con todo. “Fue muy importante esta competencia para mí, porque pasé un largo periodo sin competir. Pasé por muchos malos momentos. Estuve muy mal, tuve varios tropiezos y varios volver a empezar. Fueron épocas muy duras. Además tuve la pérdida de un ser querido, fueron muchas cosas. Y, a veces, sentía que se me esfumaba la posibilidad de que mis seres queridos me pudieran ver de vuelta peleando en el alto nivel. Por eso, esta competencia fue sacarme una mochila, un significado de resiliencia y de perseverancia que capaz no es tan importante como otros títulos que obtuve en mi vida, pero puedo asegurar que tuvo una carga emocional muy grande. Va a ser una de las mejores victorias y mejores momentos que me voy a llevar en mi vida. Además, me proclamaron abanderado en la ceremonia de clausura. Es una sensación de desahogo terrible, porque sentí que le di la posibilidad a mi familia de que me vean otra vez en lo más alto y me vieran volver a sonreír”.

– ¿Qué le dirías al Guillermo de hace cinco años atrás?

– Que sepa tomar las decisiones con inteligencia, sepa escuchar su cuerpo, sepa ser paciente y tome las decisiones correctas, porque después eso puede traer graves consecuencias. Y que abrace mucho a su tío, y que le diga que lo quiere… De todos modos, al Guille del presente, ya con todo lo que pasó, estaría orgulloso de lo que pudo superar. La vida me enseñó y me fortaleció. Orgulloso de haber aguantado y soportado tanto. Solamente yo supe las tocadas a fondo que tuve.

– ¿En qué momento de tu carrera estás?

– En el que voy paso a paso, buscando objetivos a corto plazo, tranquilo, viviendo mi realidad y tratando de saber cuáles son mis prioridades. Entrenando y metiéndole para adelante, en eso estoy.

– Al final, ¿de cuánto fue la sanción?

– Me dieron dos años y dos meses. El tema es que quería regresar en la Santa Fe-Coronda, pero dos días antes me agarró un cuadro febril, una rama del Covid. Por eso volví a los tres años.

– ¿Cómo te trató el ambiente?

– Me sentí triste porque hubo un montón de opinólogos hablando sin saber. Siempre está esa gente, hay que tomarlo con pinzas, porque nunca se levantaron a las 5 de la mañana a entrenar, ir al colegio, salir y seguir entrenando. Criticaron a Messi, por qué no me iban a criticar a mí por una situación como esta. Pero sí, lo que más me dolió es que cuando salí campeón del mundo no tuve ni la mitad de repercusión que cuando pasó esto.

– ¿Trabajaste tu salud mental?

– Mucho. Pero solo y no recomiendo que lo hagan solo. Siempre es bueno estar acompañado de un psicólogo. Yo quería pelear mi propia batalla, no sé si está bien o mal, pero así lo decidí. Quería tener la posibilidad de ganar esta batalla, peleándole a todos mis demonios. Sin embargo, si pudiera volver atrás, hubiera pasado por la ayuda de un profesional, porque la verdad que fue bastante duro, no solamente por lo deportivo, sino por lo familiar y lo económico. Y esa mezcla es poderosa y peligrosa para la integridad social de un ser humano.

 La lucha

“Siempre fui muy fuerte de cabeza, pero nadie te prepara para algo como esto. Porque una cosa es que me haya tocado atravesar lo que pasé y otra es pasar por un periodo en el que un familiar está sufriendo y tener esa lastimosa perdida. Fue muy duro. Después lo económico, porque por la sanción me sacaron absolutamente todo, cuando era mi único sostén. Tuve que arrancar de cero. Varias veces toqué fondo, varias veces arranqué de nuevo. Arrancaba con la natación y lo dejaba. Sentía que no iba a llegar. Y volvía a probar. Por ahí el mensaje que quiero dejar es que Vno somos personas perfectas y tenemos la posibilidad de repararos. Somos seres humanos, que nos podemos romper, pero podemos luchar por recuperarnos”, explica. Su voz parece quebrarse. Admite: “Fueron tres años de calvario”.

Tras cumplir con la sanción, primero arrancó a nadar en competencias regionales. Le costaba entrenar. Confiesa que sentía tristeza. Es que estuvo, en su momento, como ocho meses sin tirarse al agua. “La cabeza me jugaba malas pasadas”, dice. Se arrepentía de no haber aprovechado mejor el tiempo. Paulatinamente, dice, se fue curando. Recuperó la adrenalina, la emoción ante cada brazada. Lo sintió en Santa Marta, representar, otra vez, al país le devolvió las ganas. Por eso ahora lo valora el doble.

“Sentí que me saqué una mochila de encima”

Pero sabe que no es fácil. “Estuve muy contento con todo lo que me pasó en Colombia, pero al regresar me pegó la tristeza por todo lo que había pasado estos tres años. Sentí que me saqué una mochila de encima, miraba atrás y recordaba todos los momentos durísimos que pasé. Ya estoy mejor, enfocado en lo que viene”, relata.

La charla con Guillermo pasa por diferentes estadios y tonos de voz. Tiene ganas de hablar. La palabra “gracias” la repite resaltando a la familia que lo apoyó “en los momentos de bajón”. Habla de metas. Entrena mucho. Piensa en el clasificatorio al Mundial de Doha, y mira de reojo, con esas ilusiones que nunca pierde, hacia París 2024. Con los pies en la tierra. Y consciente que es paso a paso. “Cuando tocas fondo, pensas que ya no hay forma de levantarse, pero ya no hay más nada que perder. Entonces, hay mucho por ganar. Es aceptar tu situación y una vez que lo aceptas, empezas de nuevo. Sentía que esto no terminaba más. Pero increíblemente el día llegó, y la satisfacción y la gloria es eterna”, exclama con una sonrisa.

Fuente: La Nueva Mañana

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