Federico Alesandri, el hijo del delasotismo

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Forjado desde niño en las mesas íntimas de José Manuel de la Sota de la mano de su padre, cacique de Embalse y titular en el primer equipo del exgobernador, Federico Alesandri logró ser el candidato en Córdoba del frente que incluye al peronismo nacional. Sin salir nunca del modo candidato, se erige como un dirigente new age para un peronismo del siglo XXI.

Arriba de la avioneta, en el viaje de Córdoba a Buenos Aires, José Manuel de la Sota va comiendo tortas. Son las sobras del cumpleaños de una de sus hijas el día anterior. En medio del frenesí de la campaña, se saca el traje de candidato por un ratito y se pone a hojear revistas. Federico Alesandri, a quien conoce desde que era un nene, está ahí porque tiene que ir a la Feria de Turismo y el gobernador se ofreció a llevarlo a la capital. El joven, que ya es intendente de Embalse, le empieza a contar ideas y enumerar obras que necesita la ciudad. De la Sota, de repente, le suelta:

—Vos sos como un hijo para mí.

Federico Alesandri llegó a la intendencia de Embalse con el poder de su padre y de José Manuel de la Sota como caldo de cultivo. Le ganó la interna a Marcos Duarte, antiguo aliado y sucesor de Alesandri mayor, que después fue su adversario y que ahora es nuevamente su aliado, y comenzó un proceso que lo tiene sentado en la silla principal de la municipalidad del valle de Calamuchita desde hace 16 años.

Un dirigente político local que trabaja para la gestión de Federico lo grafica así: “Villa General Belgrano es como la ciudad de Buenos Aires. Santa Rosa es San Isidro. Y Embalse es La Matanza”.

En esta ciudad tan particular, los vaivenes nacionales son determinantes para la situación social. La cantidad de puestos de trabajo que determinan la UTE (Unidad Turística Embalse) y la Central Nuclear inclinan cualquier balanza.

Durante el alfonsinismo los hoteles tuvieron un dinamismo importante, con Menem hubo altibajos, y con Néstor y Cristina Kirchner funcionaron a todo trapo, con 400 empleos directos -más los indirectos- pero con una deuda en el mantenimiento de la infraestructura.

Macri directamente los cerró.

El complejo quedó abandonado al vandalismo. Felix Vadillo, expresidente del Centro de Comercio de Embalse, lo graficó de forma contundente: “El hotel 1 hasta el 2015 funcionaba con 400 chicos que venían de un plan turístico de Nación. En 2016 veías el hotel y no lo podías creer. En la confitería Saturno, que era un emblema, corrieron a los concesionarios y al año y medio andaban los burros adentro del lugar”.

Esto motivó críticas de Alesandri hacia la gestión de Macri, que tuvieron su punto más álgido en junio de 2019, cuando el presidente amarillo fue a visitar la Central Nuclear y se armó un acto al que el intendente denunció no haber sido invitado. Alesandri fue igual con una carpeta para entregarle a Macri en mano. Quería remarcarle el abandono de los hoteles. Los guardias de seguridad de la planta, en su propia ciudad, le impidieron el paso.

Un dirigente de Embalse que mucho tiempo estuvo enfrentado a los Alesandri y que ahora, con la unidad del peronismo, volvió a estar cerca, valoró su condición de gestor: “Nadie, ni los opositores, pueden decir que no cambió el pueblo”.

En Embalse el peronismo se impone más allá de la voluntad. Una imposición física, visible. Un gigantesco complejo de siete hoteles, más de 50 cabañas, una formidable pileta y un playón polideportivo están ahí para que nunca te olvides de que por acá pasó un señor que se llamaba Juan Perón y una señora que la historia recuerda como Evita y que los trabajadores tienen derecho a un descanso vacacional que se parezca lo más que se pueda al de los ricos.

Y en una ciudad donde el peronismo transpira con la forma del turismo proletario, el cacique local tenía que surgir de sus entrañas: Carlos Alesandri, el hombre que pisa fuerte en la política de la zona casi desde el regreso de la democracia, es hijo de laburantes de los hoteles de la UTE (Unidad Turística Embalse). Nació, creció y vivió en los hoteles. Ahí conoció a la hija de un concesionario gastronómico que sería su pareja y madre de sus hijos.

Federico, el único de ellos que se dedicó a la política, es el heredero del poder en la ciudad desde los 28 años y ahora, en 2023, es el candidato a gobernador de un espacio que busca llenar el vacío de una alternativa al peronismo hegemónico en la provincia, del que no mucho antes formaba parte.

La historia del heredero es indisoluble de -y solo se puede entender por- la historia de una identidad política: el delasotismo. El mismo que, después de curtirse en derrotas, dominó la escena política de Córdoba durante más de dos décadas tras ganarle las elecciones a Mestre y arrebatarle el control de la provincia a fines de 1998.

“Mi relación con De la Sota empieza en 1985. En 1983 con (Domingo) Carbonetti jugamos con la lista blanca de Bercovich Rodríguez (NdR: que le ganó la interna a De la Sota). En 1985 quedó constituido el equipo de De la Sota, donde el Zurdo Montoya, Herman Olivero, Carbonetti, Olguita -se refiere a Olga Riutort, pero le dice así: Olguita, por la cercanía que tienen-, y más tarde se sumó Caserio”, cuenta Carlos Alesandri.

En esos años, el moisés con Federico adentro pasaba horas en la unidad básica. “Hizo política antes de hablar”, se solaza el padre.

José Manuel De la Sota empoderó a los integrantes de su mesa chica y constituyeron un núcleo duro que atravesaría tempestades de la economía nacional y escándalos propios con traje de amianto: desde el 2001 hasta la valija con los Lecor, desde el acuartelamiento policial de diciembre de 2013 a las denuncias contra funcionarios colgados de los ganchos de la luz o los inolvidables cheques voladores de Marcelo Falo.

Al mismo tiempo, timoneó la segunda provincia del país durante doce años, se asoció con Schiaretti y constituyó un polo de poder propio que fue inexpugnable bajo la consigna de reafirmar una identidad local en oposición al peronismo nacional en auge. A eso lo bautizó cordobesismo.

De todo aquel delasotismo puro del inicio, son pocos los que quedan en el primer plano de Hacemos por Córdoba –ahora Hacemos Unidos por Córdoba- tras la muerte del viejo líder. Salvo Montoya, los demás están en otros espacios o en un muy oculto segundo plano. Schiaretti, que enfrentó a De la Sota en los 90 como delegado de Cavallo en la provincia, los fue relegando.

Por eso Alesandri, que ahora se propone como alternativa al schiarettismo, tiene por detrás a los dirigentes a los que vio actuar desde que nació: su propio padre, Caserio, Olguita. Alesandri no es un hijo de De la Sota, es un hijo del delasotismo.

Un día, el Belgranito –el equipo juvenil del club de Alberdi- fue de pretemporada a Embalse. Se jugaron algunos partidos y a Federico le ofrecieron sumarse al equipo. En pleno menemismo de mediados de los 90, el hijo mayor de los Alesandri viajó a Córdoba para ponerse la camiseta celeste durante un corto tiempo. Después estudió arquitectura, pasó a abogacía y en el 2001 entró, ya con apellido pesado, al gobierno provincial de José Manuel de la Sota.

Lleva cuatro períodos como intendente de Embalse y ahora como candidato a gobernador lanzó una campaña con fuertes reminiscencias al De la Sota del 98: reducción de cargos públicos y eficiencia en el gasto de la política. Dentro de su propio frente algunos fruncen el ceño, pero ahí van, siguiendo un camino de acercamiento que el peronismo nacional y De la Sota intentaron algunas veces siempre bajo la superficie.

Cuentan que, en octubre de 2010, estaba pendiente una reunión entre Néstor Kirchner y José Manuel de la Sota para tratar de firmar la tregua de una guerra Córdoba-Nación que ya llevaba dos años y medio. “Vuelvo del sur y nos juntamos”, le habría dicho el expresidente al exgobernador. La muerte de Kirchner lo impidió.

Cuentan que, en septiembre de 2018, se habían aceitado los diálogos entre Máximo Kirchner y José Manuel de la Sota para tratar de firmar la tregua de una guerra Córdoba-Nación que ya llevaba diez años y medio. Los más aventurados se animan a exagerar la fantasía de que el video del 18 de mayo de 2019 debería haber dicho: “Le he pedido a José Manuel que encabece la fórmula que integraremos juntos”. La muerte de De la Sota lo impidió.

Finalmente, este año, el chico canchero, con facha y traje impecable de dirigente new age, que quienes lo frecuentan dicen que no sale del modo candidato ni aun en reuniones privadas, activó su sonrisa de afiche de campaña cuando recibió la bendición de Cristina en una foto. El hijo del delasotismo se prueba a nivel provincial.

Fuente: Cba24n

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