Steve Jobs, Milei y la privatización del fútbol argentino

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En 1976, Steve Jobs, fundaba Apple en el “garage” de su casa. Hay que ver lo que rendían los garages en aquella época. La leyenda épica –al calorcito de la meritocracia de la iniciativa privada– pronto consolidó la idea de que el iPhone era un producto nacido de la invención de un cerebro privilegiado. El modelo necesitaba de un relato. Y lo tuvo. Tanta mística de “garage de extraradio” le resultó excesiva a la profesora de Economía de la Innovación en la Universidad College de Londres, Mariana Mazzucatto. Fue entonces cuando la investigadora decidió tirar del hilo y ovillo una madeja de aplicaciones utilizadas por el iPhone de Jobs que eran en realidad el resultado de años de investigación pública sostenida con el dinero de los contribuyentes. 

“Toda la tecnología que hace del iPhone un teléfono inteligente es deudora de la visión y el apoyo del Estado”, declaró Mazzucato. Hoy sabemos que el secreto mejor guardado de Jobs –la pantalla multitáctil– fue un proyecto de éxito de la Universidad de Delaware a través de la Fundación Pública Nacional para la Ciencia. Una peca decisiva en un cuerpo digital inundado de lunares de financiación pública. El http (el alma de internet), la batería de ion de litio, el GPS, la voz Siri, y, por supuesto, la madre del cordero: internet, son solo algunos ejemplos. Hoy el mundo regurgita como una digestión mal hecha que el mayor invento, y el mayor negocio (junto al petróleo) en la historia de la humanidad, pasó de ser un mérito público a un beneficio privado. Que talento. Lluvia fina para el desasosiego.

¿Cómo se construye entonces el bienestar social si sólo dependemos del egoísmo de los intereses propios en un libre mercado depredador? Hace tiempo que el fútbol se viene preguntando lo mismo. Los grandes clubes internacionales se han convertido en empresas globales que transmiten la idea simple y poderosa de que la única responsabilidad social de las empresas es maximizar sus beneficios.

Fundado en 1878, Manchester United FC es uno de los clubs históricos de Europa. En 1989 se privatizó de forma absoluta, sin poder de decisión y voto de los aficionados al calor de la revolución conservadora de Margaret Thatcher. En junio de 1991 empezó a cotizar en bolsa, y en 2005 fue comprado por Malcom Glazer en 800 millones de libras. Se supo tiempo después que el inversor estadounidense lo que en realidad compraba era un teatro (Old Traffort), con una sola función de noventa minutos los domingos por la tarde. Con el tiempo, el club fue reduciendo el resto de sus actividades deportivas y se alejó definitivamente del componente social que lo ligaba, desde 1878, a su entorno barrial. Hoy, Glazer vende el Manchester United por 6.000 millones de dólares, con el pulso dramático insertado en la médula ante los decepcionantes resultados futbolísticos. Placeres privados para desconsuelos públicos. En este vaciamiento ideológico descansa la sumisión colectiva que reside en el núcleo de la modernidad económica.

El juego continúa, pero ya somos el fantasma que seremos. Argentina resiste. ¿Hasta cuándo? Sabemos que el dinero no escucha. Sabemos que por lo general razona desde los genitales. Es tan sólo una cuestión de tiempo. El “mariachi” de todos los jolgorios de la Fundación FIFA, y el ex arquero de pelo huracanado ya están salivando ante un posible futuro tan prometedor. No se olvide que en nuestro país Caín encuentra siempre pareja para bailar un tango bien apretado. Desengáñese. Esa camiseta que lleva puesta en los estadios ya está a la venta, aunque usted no lo sepa. Es el modelo. Que arrecia y nos disuelve como hincha. Vivimos una época rica en conocimiento y pobre en sabiduría, sin saber que el futuro no es lo que va a pasar, es lo que decidimos que pase.

Fuente: José Luis Lanao Pagina 12

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